Perla Suez narra la otra verdad

El país del Diablo, de la escritora, narradora, ensayista y novelista argentina Perla Suez, fue la obra seleccionada, de un universo de 214 novelas, como ganadora de la XX edición del Premio Internacional de Novela Rómulo Gallegos. El veredicto destacó la intensidad narrativa con la que la autora relata, a través de la ficción, la destrucción de la cultura mapuche, vista desde los ojos de una niña y teniendo como contexto la campaña del desierto, en la que se invadió a la Patagonia, Argentina, entre 1878 y 1885.
El galardón que entrega el Celarg, desde 1964, es considerado el premio literario más importante de Hispanoamérica y en sus dos últimas ediciones ha hecho reconocimiento a obras que desvelan verdades no contadas de los procesos históricos. Así lo fue con Tríptico de la infamia del colombiano y hoy miembro del jurado, Pablo Montoya, ganador en 2015, con la obra en la que aborda las expediciones de conquista y colonización de América.

En El País del diablo, Suez tiene la intención de despertar inquietudes en los lectores acerca de la veracidad de los hechos históricos que nos han contado, así como los acontecimientos mundiales actuales, la oscuridad que los rodea, y brindar una luz a ojos ciegos sobre la posibilidad de cambiarlo, cambiando nuestra forma de ver y vivir el mundo.

“Durante la segunda mitad del siglo XIX, Lum, una niña, hija de padre blanco y de madre mapuche, se baña en el río. Juegan, ríen, no lo sabe, pero ya no volverá a repetir esa rutina. En ese paisaje desolado, el horror tiene una cita puntual, un grupo perdido de cinco soldados merodea por la zona y asalta una toldería, una de las últimas que resta aún en pie. Matan, incendian, arrasan, parece el fin de una historia y, sin embargo, es el principio. No hay mal que no propicie su propia venganza”, se narra en la sinopsis de la novela.

Suez, cofundadora del Centro de Difusión e Investigación de Literatura Infantil y Juvenil, en Córdoba, Argentina, es autora de más de dos decenas de publicaciones infantiles y otra decena de novelas.

—¿Por qué hablar de la campaña del desierto?
—Toda guerra ha dejado sobrevivientes que son los que tienen la memoria para contar qué pasó. Siempre hubo personas que sobrevivieron y pudimos enterarnos de otra historia, otra verdad, que no es la mentira que nos enseñaron. La memoria no es pasado para mí sino futuro y acá se demuestra que, a partir de lo que yo recordaba de la escuela y del olvido al que me sometieron, pude, a través de la ficción, arrancar una memoria que está en mí para contar la historia que no me contaron. ¿Qué tengo yo en común con el pueblo mapuche si soy blanca, hija de un inmigrante europeo de origen judío? Me di cuenta de que tenía en común el exilio, la persecución, el desierto. Ahí está la cosa identitaria que busqué.

—¿Qué encontrarán los lectores que ya conozcan lo ocurrido en la Patagonia?
—La novela está para ser leída. Espero que se puedan preguntar muchas cosas. La fuerza del desierto en la novela es demasiado terrible y maravillosa como para soportar cualquier sombra. Me interesa la contradicción, la paradoja para que el lector se pueda hacer preguntas. La ficción permite meterse en zonas desconocidas para explorarlas. Cuando uno trabaja a los personajes siempre hay contradicciones: no somos todos malos ni todos buenos como nos presentan a veces la historia. Entonces dije: tengo que contarlo con una fuerza contradictoria.

—¿Cree que estas situaciones siguen aún vigentes?
—Las escritoras nos anticipamos con la ficción. La literatura toma la memoria, la lleva al futuro y no al pasado. En la novela agarro ese pasado, esa época y a esos soldados, pero los miro desde una perspectiva del siglo XXI, desde lo que nos está pasando en un mundo tan oscuro, entre la pandemia y los poderes corruptos, a nivel internacional. Mires donde mires, en Europa, en La India, en la China, en América Latina, en todos lados, el ser humano no ha encontrado todavía la fuerza suficiente para creer que hay otras cosas además del dinero. Las mujeres seguimos en la lucha lentamente. Llevará siglos, no lo sé, y aunque yo no lo voy a ver, no me importa; lucho para las nuevas generaciones. Este sistema ha reventado por todos lados. Nunca hubo tanta hambre y tanta miseria en el mundo. Creo en esta lucha que estamos llevando a cabo las mujeres por la legalización del aborto. No soy apocalíptica.

—¿Cómo se siente con este reconocimiento?
—La novela fue enviada al Premio Rómulo Gallegos por la Editorial Edasa de Buenos Aires. Me consultaron y estuve de acuerdo en que la enviaran. Nunca pensé que la ganaría. Estoy muy contenta y orgullosa de haber ganado este premio, que escritores argentinos lo ganaran como Ricardo Piglia y mujeres como la mexicana Elena Poniatowska, entre otros, me llena de orgullo.

—¿Cómo fue su encuentro con la literatura?
—Yo creo que la literatura me encontró a mí leyendo. Antes de haber aprendido a leer escuchaba los relatos que me contaban mi padre y mi madre.

—¿Trabaja en alguna otra obra actualmente?
—Acabo de publicar el libro-álbum para niños, Aconcagua, con la editorial Ojoreja de Buenos Aires y ahora trabajo en lo que pienso será una novela. Lo único que puedo anticipar es que el fondo es el tema de la trata de personas y lo que cuento es el vínculo de una madre con su hija adolescente. l

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