Punto criollo | Así es el furruco

Con la llegada de diciembre y su ambiente festivo, revive en los venezolanos la sonoridad del furruco, ese noble instrumento que mantiene intacta su esencia indígena a pesar de la evolución impuesta por el paso del tiempo y que resurge en protagonismo con su vibrar sonoro dándole vida e identidad musical a la gaita. 

En su definición más elemental, el furruco es un instrumento musical compuesto por un tambor de madera cerrado en uno de sus extremos por un cuero de procedencia animal. Adicionalmente tiene una varilla de madera con punta encerada que, al ser frotada de arriba hacia abajo, produce el sonido que le caracteriza e identifica. 

Su origen se remonta al siglo XVII en los tambores de fricción del África negra, denominados ingungú de la tribu de los Bantú. 
También tiene referencia en tierras españolas, en un instrumento conocido como zambomba, que alegraba los días festivos previos a la Nochebuena, y adornaba los cantos de villancicos, aguinaldos y demás cánticos populares en las fiestas y patios de vecinos de los barrios flamencos. 

La zambomba llegó a estas tierras con la conquista española, evolucionando y adoptando diversos nombres: En Colombia es runcho o marrana y en Venezuela se le conoce como furruco.

Previo a su encuentro con la gaita, el furruco formó parte de la instrumentación de la canta llanera, aportando los tonos del bajo en las tonadas. 

Por iniciativa del maestro Juan Vicente Torrealba fue sustituido en el conjunto llanero por el bajo eléctrico. 

En la actualidad, en Venezuela, el furruco es utilizado en la interpretación de la gaita zuliana, la parranda central (aguinaldos populares) que se interpretan en los estados Carabobo, Aragua y zonas de Cojedes, así como en las regiones donde se realizan los Velorios de La Cruz, generalmente en las costas venezolanas.

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