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Referencias| ¿Cualquiera?

Si el propósito de la educación en “el Hombre de las dificultades” es la independencia física y espiritual de los ciudadanos, el educador asume en el verbo bolivariano una impostergable responsabilidad: sirve como factor acelerador de esas transformaciones, como fino artesano que rompe las caducas cadenas colonialistas, a la vez que teje con su lucha sincera, la construcción de una sociedad más justa y próspera.

Desde su mirador el educador debe contribuir con la formación del nuevo hombre americano, integral, sensible, productivo, inteligente, amante de su país. De aquí que afirmara que la acción más noble que puede a ocupar a un ser humano es ilustrar a sus semejantes.

Tiene el docente la compleja misión de cerrarle al joven hambriento de saber el libro de la copia servil y abrirle el sentido crítico y creativo de un espíritu autónomo. Si la riqueza humana está consustanciada con el provecho de ser útiles para nosotros y los demás, los educadores con sus ejemplares palabras y conductas son libertadores de toda ignorancia.

En su artículo de 1825 titulado Instrucción Pública, El Libertador expone parte de su visión sobre el estratégico papel del educador hacia el tránsito de una sociedad verdaderamente republicana: “…Las naciones marchan hacia el término de su grandeza, con el mismo paso con que camina la educación (…) El director de una escuela, es decir, el hombre generoso y amante de la patria, que sacrificando su reposo y su libertad se consagra al penoso ejercicio de crearle ciudadanos al Estado que le defiendan, le ilustren, le santifiquen, le embellezcan, y le engendren otros tan dignos como él, es sin duda benemérito de la patria: merece la veneración del pueblo y el aprecio del gobierno. Él debe alentarle, y concederle distinciones honrosas.

El Gobierno debe proceder como hasta aquí: elegir entre la multitud, no a un sabio, pero si un hombre distinguido por su educación, por la pureza de sus costumbres, por la naturalidad de sus modales, jovial, accesible, dócil, franco, en fin, en quien se encuentre mucho que imitar y poco que corregir…”.

Simón Bolívar vio en el educador un agente para el rescate moral y material de las mayorías. Como estadista no obvió el rol estelar jugado por quienes cumplen diariamente las duras tareas desde las aulas.

Si bien, como asentó en su momento que el gobierno forma moral de los pueblos, entonces, en altísima proporción, en los hombros de los educadores y educadoras descansa la soberana misión de encaminar la sociedad “a la grandeza, a la prosperidad y al poder”. Hoy más que nunca necesitamos docentes investigadores, pero dignificados socioproductivamente, valorados por todos como en quien descansa lo mejor del futuro. Educador no es cualquiera.

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