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Referencias| Sepulturero

Ese es el sepulturero, quien en nombre de la revolución, con su conducta diaria, entierra la revolución; ese, quien con exagerado ropaje rojo y cuatro groserías nos quiere hacer creer que es un camarada sincero.

Ese, quien con una frase prefabricada monta un aguaje de Che Guevara en la Bolivia del 67, o de un Allende en el Chile del 73, o de un Comandante Eterno en la Venezuela del 92. Ese es el sepulturero, quien se rodea de escuálidos, resentidos y acomodados; ese, que invocando al pueblo odia al pueblo; que demandando la participación protagónica mayoritaria actúa autocráticamente.

Ese es el sepulturero, quien ayer no más firmó contra Hugo Chávez Frías o contra Nicolás Maduro Moros y hoy, por buena suerte o arribismo —un influyente le hace la vuelta—, inmediatamente se conecta con un cargo gubernamental que le da relativa importancia para detentar su poder despótico.

Ese es el sepulturero, que como un can callejero le gusta echar tierra a su pasado elistesco y corporativista. Ese es el sepulturero, que cuando ve el diamante izquierdista lo trasmuta en carbón conservador. Ese, quien dice ser descolonizado pero que piensa que no hay nada superior que estudiar en Europa y escuchar a Bach.

Ese es el sepulturero, de gustos nada humildes que entorpece la existencia de una hermosa mayoría que en tiempo de guerra multidimensional gana, con optimismo y honestidad, el pan de su propia frente. Ese es el sepulturero, que cuando logra enchufarse en el poder sus reuniones de trabajo terminan siendo atajaperros familiares, es rabiosamente nepótico.

Ese es el sepulturero, que oye al Arañero de Sabaneta pero no lo siente, no lo entiende y que hace todo lo posible de convencernos que es el ser más insurgente del orbe. Qué grita ¡Aquí no se habla mal de Chávez!, pero que no deja dialogar a un ser humilde y solidario. Ese es el sepulturero, quien con su comportamiento anula la esencia utópica y amorosa de la aurora bolivariana. Ese es el sepulturero, que tiene el don de mimetizarse según el color de las circunstancias y así acabar con las instituciones revolucionarias. Es todo un antiMidas.

Ese es el sepulturero, que cual Caballo de Troya es visceralmente histérico, reaccionario y obstruccionista. Ese, quien la historia es él y los hitos universales son sus bajas pasiones. No obstante, como reza el evangelio: por sus obras lo conocerás, ni porque use atuendos progresistas el paisano nos va a engatusar. Ante el sepulturero siempre está erguido el sembrador de la esperanza, ese quien como el Libertador comprende, que si bien luchar por otro mundo posible es arar en el mar, sabe también que la gloria está en ser grande y ser útil. Reconoce al sepulturero.

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