Susana C., la sombra del fisco detrás de Shakira

Ciega sordomuda. Así como se titula la famosa canción de Shakira es como la cantante se presentó ante las autoridades de España al ser imputada por fraude tributario. La historia de cómo llegó al banquillo de los acusados por cuatro años de impuestos no pagados, a razón de más de 14 millones de Euros, es en sí misma digna de una telenovela, con todos los elementos que el género exige: amor, despechos, fama, fortuna, embarazos, paraísos fiscales, persecución detectivesca, soplones y mucho melodrama.

Un amplio reportaje publicado el 29 de agosto en el diario El País de España, que tuvo acceso a los documentos de la causa, expone con detalle lo sucedido en el caso que ha obligado a Shakira a rendir cuentas ante la ley y que recuerda los paisajes más oscuros del Libro Vigilar y castigar, de Michael Foucaulq.

Todo comenzó con la sospechas del gobierno español sobre el verdadero hogar de la artista, quien a pesar de tener residencial legal y tributaria en Bahamas, parecía pasar la mayor parte del año en Barcelona, donde vive su pareja, donde nacieron y estudian sus dos hijos, donde compró una mansión y donde está instalado su equipo de trabajo.

Ella alega que en efecto allí reside desde 2015, dos años después de la llegada de su primogénito y año en el cual nació su segundo hijo, pero que antes solo era la visitante esporádica de un novio local. En sus propias palabras proferidas en junio frente a la jueza Luz Barreiro, no solo no vivía en España, sino que era “una nómada sin raíces”. Asegura que no tiene obligaciones tributarias pendientes con España, que es extranjera y que el 96% de las ganancias que le están pechando son correspondientes a actividades fuera de España.

Alega que efectivamente vive en España desde 2015, cuando se instaló junto a su familia en Barcelona.

La duda de las autoridades es razonable porque según la ley del país, quien vive en España paga impuestos en España; más en concreto, quien permanece en el país un mínimo de 183 días al año es oficialmente “residente fiscal”. Para confirmarlo, las autoridades tributarias del país, que no infundadamente tienen fama de implacables, se dieron a la tarea de reconstruir el itinerario y sumar los días de la colombiana en territorio español para confirmar su estatus real. Porque en efecto no se trata de cualquier asalariada sino una Reina Midas de show bussiness, así que la presunta evasión es un asunto que los ibéricos se tomaron a título personal.

Amor libre de impuestos

En 2010 Shakira dio por terminada su relación de una década con el argentino Antonio de la Rúa, quien además de ser su novio estaba a cargo de su marca y negocios. Sobrevinieron demandas, contrademandas, y todo el usual torbellino de situaciones desafortunadas que le siguen a cualquier ruptura cuando no es amistosa y cuando además hay dinero de por medio.

Por esos días Shakira había conocido al futbolista español Gerard Piqué en las diligencias relativas a la grabación de su videoclip Waka Waka, que acompañó musicalmente al Mundial de Fútbol de Sudáfrica 2011. La colombiana y el deportista no tardaron en formalizar su noviazgo y desde entonces, de forma tajante según las autoridades y de forma paulatina según Shakira, la cantante asumió a la ciudad de Barcelona como su centro de operaciones personal y profesional. La prensa del corazón le puso el ojo a la pareja en su nueva vida juntos, y también lo hizo – con mucha más agudeza- el departamento de hacienda de España.

En este punto de la historia aparece un nuevo personaje: “Susana C. “, que es como se le denomina en los documentos oficiales a la inspectora designada para seguirle los pasos a Shakira. La funcionaria se dio a la tarea de  reconstruir la ruta de la cantante en España desde 2011, año que además de un cambio de vida para la cantante también fue un período de ganancias excepcionales al ser la  imagen del Mundial de Futbol y emprender su gira mundial Sale el sol.

Para ir tras su pista, Susana C. reconstruyó todos y cada uno de los días en que Shakira permaneció en España, entrevistado al peluquero que la atendía dos veces por semana, a su profesora de Zumba, sumando las veces que usó un estudio de grabación a las afueras de Barcelona, visitando la clínica donde nacieron sus hijos y en la que se atiende regularmente con el pseudónimo de Sila Prieto, visitando el colegio de élite en el cual están matriculados Sascha y Milán, a quienes Shakira personalmente lleva en las mañanas y a donde asiste a las reuniones de madres, padres y representantes, e incluso revisando sus compras frecuentes en la emblemática tienda por departamento de España El Corte Inglés, donde pagan sus asistentes con sus tarjetas de crédito American Express. Recolectó facturas, fotos de Instagram, reseñas de prensa, imágenes de los paparazzi y todo aquello que se le cruzó en el camino que podía dar cuenta de la estancia de Shakira. La cacería también hizo seguimiento a las visitas de sus amistades y familia provenientes de Colombia y Miami y los alquileres que pagó para hospedar a su equipo de trabajo.

Susana C. determinó que Shakira se mudó a España primero viviendo en dos residencias alquiladas para finalmente comprar una casa con características de mansión en la zona de Esplugues, cerca de la ciudad deportiva del Barça, equipo donde juega su marido.

El ex novio de Shakira, Antonio de la Rúa, y los clubes de fans de la cantante, sin proponérselo ayudaron con la investigación, el primero debido a declaraciones previas que dio a propósito de una demanda anterior sobre la mansión que compraron en Bahamas, y los segundos debido al afán permanente de seguirle la pista a su musa. Especialmente el club barcelonés Te quiero a morir, que se dedica a etiquetarla en redes sociales mostrando sus lugares de paso habituales en la ciudad catalana, sirvió sin querer como investigador delegado.

La casa de Shakira en Barcelona

En total, Susana C. logró determinar que en 2011 Shakira pasó 163 días en España y de acuerdo con sus ganancias ese año debía al fisco la suma de 24 millones de Euros. Este año, por haber ya prescrito se cerró con un acuerdo extrajudicial en el cual Shakira igual pagó lo adeudado a pesar de no estar obligada. Establecido esto, las autoridades se fueron con todo poniendo sobre la mesa que en 2012 la intérprete pasó 243 días en España dejando de pagar 6,1 millones de euros, que en 2013 pasó 210 días y debe 3,6 millones de euros y que en 2014 pasó 243 días y la suma de su deuda asciende a 4,1 millones. Los números eran elocuentes y suficientes para que sobre la intérprete cayera todo el peso de la ley. A la luz de esas pruebas, la fiscalía española inició la querella en diciembre pasado imputándole seis cargos.

Mi reino por 1 Euro

La investigación se Susana C. no solo se dedicó a sumar días del año, también sacó a la luz un entramado de 14 empresas de maletín y de inversiones en paraísos fiscales que según la querella forman parte de un plan urdido por Shakira y sus asesores para evadir impuestos. Ella insiste en que sus negocios están basados en la buena fe, pero que en todo caso fueron ideados y efectuados por su ex Antonio de la Rúa cuando él hacía el trabajo ejecutivo de manejar sus ganancias.

El primer ardid es la historia de la residencia en Bahamas, donde al menos en 2011 Shakira no pasó ni un solo día pero sí tiene una mansión comprada en 2007 por 1,1 millones de dólares y de la cual consignó como pruebas facturas de servicios públicos. Gracias a ese inmueble, ciertamente la colombiana ostenta un certificado de residencia expedido en Nassau, no obstante, Susana C. determinó que el gobierno de Bahamas expide ese estatus a cualquier persona que adquiera una vivienda de las características y precio que Shakira adquirió la suya.

Shakira en junio pasado, cuando asistió a declarar por la causa de evasión fiscal.

“El año clave es 2008, cuando Shakira cede sus derechos de imagen a una empresa en las Islas Vírgenes Británicas, que los cede (¡por un euro!) a otra en Luxemburgo. Es esta empresa, Ace Entertainment, la que firma un contrato con Live Nation, que garantiza a Shakira 300 millones en 10 años. La primera gira con esas condiciones es Sale el Sol. La cantante llega a un acuerdo con las autoridades de Luxemburgo para pagar un 2% de impuestos. Después, los ingresos casi netos “fluyen” de nuevo a las Islas Vírgenes Británicas y, de ahí, a una sociedad en las islas Caimán, Carpe Diem, y al bolsillo de la cantante”, profiere en reportaje de El País, que también menciona a Panamá y a Malta como otros paraísos fiscales donde Shakira salvaguarda su dinero de las garras de los buitres tributarios.

En total, la justicia de España le reclama a Shakira por su presunta residencia 14,5 millones de euros como pago de impuestos por un total de 34,9 millones percibidos, es decir, el 41,18% de sus ganancias, un monto cercano a la mitad de lo sumado a su patrimonio por el trabajo realizado en tres años. El asidero jurídico que esgrime el departamento de Hacienda español es lo que llaman “renta mundial”, una normativa tributaria según la cual quienes residen en el país deben pagar impuestos por lo que ganan en cualquier parte del planeta.

La inflexibilidad de la autoridades tributarias españolas así como los altos porcentajes que pechan a las ganancias, son objeto de quejas de larga data de famosos y no tan famosos. Entre la comunidad de youtubers españoles, por ejemplo, se ha extendido la costumbre de instalarse en el pequeño país de Andorra, en frontera con España, como forma de evasión fiscal. Allí, en vez de pagar el 45% que les correspondería en España, solo consignan al fisco el 10% de lo que perciben. Igual pasa con el terreno deportivo, donde la liga de fútbol profesional ha reiterado su clamor por un nuevo sistema tributario que lo equipare con el resto de los países europeos ya que se consideran en desventaja y que consignan al fisco casi el cien por ciento de lo que ganan.

Mientras tanto para Shakira, que ya se ha enfrentando a la ley por reclamos de autoría, la telenovela tributaria apenas comienza, y tal como dice su canción prehistórica Estoy aquí, la situación la puso “entre fotos y cuadernos, entre cosas y recuerdos que no puedo comprender”, ¿o sí?.

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