Covid-19 en Venezuela: la “bomba” que nunca estalló

Un año se ha cumplido desde la confirmación del primer caso en el país

Se cumple un año de la llegada de los primeros casos de covid-19 a Venezuela, historia que comenzó con todos los pronósticos en contra dada la agresividad del virus y la situación país como consecuencia de tres años convulsos que tuvieron su génesis con la llegada de Donald Trump a la presidencia de los Estados Unidos.

12 de marzo 2020. La tarde de ese jueves en medio de los rumores sobre la llegada de los primeros casos de covid-19 que inundaban las redes sociales, se da la aparición del presidente de la República, Nicolás Maduro, en las escaleras del Palacio de Miraflores. Ahí ataviado de traje y corbata, en compañía de la vicepresidenta Ejecutiva, Delcy Rodríguez y parte del gabinete ministerial, anuncia la suspensión de los vuelos provenientes de Europa y Colombia, medida que sería el preámbulo para la escalada de medidas dirigidas a contener la expansión de la pandemia que ya tocaba suelo venezolano.

“He creido necesiario con el análisis que me ha entregado el equipo presidencial para atención del coronavirus dirigido por la vicepresidenta Delcy Rodríguez (…) suspender hasta por un mes todos los vuelos provenientes de Europa y de Colombia para sumar a los procesos preventivos a nivel internacional”.

Imagen del momento en que el presidente hace el anuncio sobre la suspensión de los vuelos

Estas palabras del Primer Mandatario nacional avizoraban el carácter de elevada rigurosidad preventiva que regiría la política estatal venezolana en el abordaje de la pandemia del covid-19, estrategia que al día de hoy le permite mostrar cifras – que dentro de esta tragedia que mantiene en miles de millones de seres humanos en vilo-, pueden ser calificadas de muy positivas.

13 de marzo de 2020. Sin aviones comerciales aterrizando sobre el territorio venezolano, en las calles ya se sentía esa tensa calma de quien sabe que la mala noticia es inevitable y solo espera escucharla para tomar las medidas que ya venía pensando.

“En la madrugada de hoy se confirmó, a través de las pruebas que existen al respecto, dos casos de coronavirus en Venezuela. Dos ciudadanos venezolanos: una de 41 años recientemente de viaje en Estados Unidos, Italia y España y otro caso de un venezolano de 52 años proveniente de España”, fue el anuncio realizado por la vicepresidenta Rodríguez.

Había sido el vuelo de Iberia 6673, el medio por el cual habían ingresado los portadores de este virus los días 5 y 7 de marzo, a quienes se les aisló y se les interrogó sobre su cadenas de contactos directos.

Mascarilla obligatoria

Con apenas días de haber sido declarada como pandemia por parte de la Organización Mundial de la Salud, este virus desconocido seguía haciendo estragos en el mundo que se debatía en la efectividad o no del uso de las mascarillas. “No tiene efectos”, “sí sirve”, “es una medida que podría ayudar”, “no contribuye en nada”, eran parte de la discusiones que se observaban en medios del mundo donde médicos, científicos, políticos y hasta opinadores de oficio sin ningún conocimiento sobre la materia, se pronunciaban en torno a su eficacia o no.

A pesar de esta diatriba, dentro de la comisión presidencial para la atención de la pandemia no existían dudas sobre la necesidad de establecer la obligatoriedad de su uso tal y como lo anunció este mismo día la vicepresidenta venezolana, convirtiendo a Venezuela en uno de los primeros países de occidente en adoptar este mecanismo de protección.

“Cada ciudadano que va a hacer uso de los transportes, tanto del metro como de los trenes, tiene la obligación de proveerse de una mascarilla”, anunció, decisión a la que sumaba la suspensión de las clases en todos los niveles de la educación.

Como el encendido del suiche o el disparo que da partida a los nerviosos y concentrados corredores en una pista de triatlón, estas palabras se tradujeron en la salida masiva de personas que minaron las farmacias, abastos, bodegones y boticas en busca de mascarillas, guantes, gel antibacterial y alcohol.

“No hay”, “está agotado”, “se acaban de llevar el último”, eran las palabras con las que ya en horas de la tarde eran recibidos los ansiosos compradores que invadidos por los nervios y el miedo buscaban hacerse de mecanismo para su protección ante la llegada de la pandemia que ya hacía estragos en Europa con macabras imágenes del desborde de morgues y filas de féretros.

Fabricación de tapabocas por parte de integrantes de una comunidad en Guárico

Ante esta carencia provocada en principalmente por la profunda crisis económica y social derivada de las crueles medidas coercitivas e ilegales que Estados Unidos impone al país bloqueando toda posibilidad de adquisición de medicamentos e insumos, surge la inventiva del venezolano que decidió hacerse su mascarilla y fabricar su propio gel, acción que fue reseñada en el mundo entre burlas y desprecio, asegurando la ineficacia de estas mascarillas de fabricación casera, aunque meses después, esos mismos medios y personas que se mofaron de esta idea, lanzaban tutoriales de “como fabricar tu mascarilla” ante la escases que se generó en el mundo de este producto.

14 de marzo 2020. En medio de las compras nerviosas, acciones como el evitar el transporte público porque “zape” y el autoconfinamiento que desde ya habían asumido algunos, aparece el entonces vicepresidente sectorial para la Comunicación, Turismo y Cultura, Jorge Rodríguez y anuncia la detección de 8 nuevos casos en cuatro entidades del país por lo que el país reforzaba su cerco epidemiológico sumando a la prohibición de vuelos los provenientes de Panamá y Républica Dominicana.

Mientras todo esto sucedía en Venezuela con tan solo 10 casos detectados, en gran parte de Suramérica las medidas de los Gobiernos se circunscribrían a señalar la importancia del lavado de manos y el distanciamiento físico (1.5 metros), pero bares, cines, discotecas, playas, clubes, centros comerciales, etc., permanecían funcionando con total normalidad e incluso, mandatarios como el colombiano, crearon un “Día sin IVA”, que fue bautizado como el coronaday dada la cantidad de personas que se lanzaron a los comercios y centros comerciales ignorando todas las medidas de bioseguridad. Para otros como Trump la solución era ingerir legía, mientras que para Bolsonaro, todo se resumía en encerrar a las personas de la tercera edad y “seguir con nuestras vidas”.

Cuarentena madrugadora

15 de marzo 2020. Tomando el ejemplo de China que comenzaba a mostrar resultados positivos, en las regiones más afectadas se optó por la medida de confinamiento obligatorio para evitar la rápida multiplicación de este nuevo coronavirus que había colapsado los sistemas sanitarios de Europa. En Venezuela el presidente Maduro se dirigió al país para anunciar que a partir del lunes 16 de marzo las cuatro entidades del país donde se habían registrado casos entrarían en lo que denominó la “cuarentena social consciente y voluntaria”, la cual sorprendió a propios y extraños al considerarla como una medida “apresurada” dado el bajo número de contagios registrados en comparación con otros países como Perú, Ecuador, Argentina y Colombia donde había un número mayor de casos y no se había aplicado el confinamiento.

17 de marzo 2020. Pese a que los casos se habían registrado solo en cuatro entidades, todo el país decidió quedarse en casa y es por esto que ese martes, el presidente decide anunciar que la cuarentena sería aplicada en todo el país, noticia que solo hizo confirmar una decisión que habían adoptados los venezolanos a motu propio, ya fuera por el temor al observar las consecuencias de no adoptar las medidas de confinamiento y distanciamiento físico o por simple prevención.

El bullicio que siempre ha invadido a la capital desapareció por completo

“Quédate en casa” era el lema que se leía detrás de cada aparición de la vicepresidenta o el ministro Jorge Rodríguez, quienes eran los encargados de aparecer cada noche para informar el balance de casos confirmados de las últimas 24 horas. Como parte del meta lenguaje para promover el uso de la mascarilla ambos aparecían frente a las cámaras portando el tapabocas y con las palabras “con el permiso de ustedes voy a proceder a retirarme el tapaboca, elemento de suma importancia para evitar el contagio del covid-19”, comenzaban a señalar las cifras.

En los medios estatales y privados se reseñaba el despliegue de brigadas médicas que iban “casa por casa” realizando pesquisa de posibles contagios, método que había resultado exitoso en China y Corea del Sur donde lograron controlar los brotes con barridos de pruebas en las comunidades donde se presentaba uno o varios casos, pero a la que Venezuela agregó una innovación para la detección de posibles casos; la encuesta a través del Sistema Patria en el que están registrados más de 21 millones de venezolanos. A estos se sumaban las megajornadas de desinfección de espacios públicos y vialidad con hipoclorito

En los siguientes tres meses, hubo focos de importancia como consecuencia de violaciones a la cuarentena que se mantenía en el país como fueron la escuela de besibol de Nueva Esparta (abril) y el Mercado Las Pulgas (mayo-junio). En medio de esto pese al registro de aumentos diarios de los casos, los voceros de la Comisión Presidencial mostraban como la curva de contagios crecía sin que eso representara el temido “crecimiento exponencial”, que se observaba cuando mostraban las gráficas de Colombia, Brasil y EEUU.

Se coló por las trochas

Lamentables eran las noticias que llegaban del maltrato que estaban sufriendo venezolanos que -como parte de un plan para crear la imagen de una crisis humanitaria que justificara una invasión militar en Venezuela- habían sido aupados a migrar a naciones suramericanas.

Persecución, desalojos de viviendas y hasta expulsiones del territorio, minaban las redes sociales donde se veía a venezolanos que a pie comenzaron el largo camino del retorno desde tierras tan lejanas como Chile, hecho que a diferencia de su publicitada salida de Venezuela, no fue objeto de cobertura mediática porque para ellos, eso no era noticia.

Los que acudieron a los Pasi se les brindó atención alimentaria y sanitaria

Este retorno hizo que el Gobierno aplicara un plan de contención sanitaria dirigida a garantizar que los repatriados no significaran un peligro entendiendo que en su mayoría provenían de países donde se registraba una alta viralidad del covid. Pese a esto las cifras comenzaron a crecer de manera vertiginoza producto de la entrada de varios connacionales que asustados por las campañas que adevertían sobre un “trato inhumano” en los Puestos de Asistencia Social Integral (Pasi) que el Gobierno instaló en todos los pasos fronterizos y en ciudades donde llegaban los vuelos del Plan Vuelta a la Patria, decidieron entrar por las llamadas trochas.

16 de agosto 2020. Mientras en países como Colombia, Perú y Brasil los casos pasaban las decenas de miles de casos diarios, para los venezolanos fue un llamado de atención la confirmación de 1.148 contagios en un día, cifra que quedó como su pico histórico hasta la fecha, pero que fue el detonante para que la cuarentena, que se había aflojado un poco, volviera con rigurosidad apoyada principalmente en la consciencia de la gente, que a sabiendas de la apuesta que muchos tienen para ver a Venezuela desbordada por la pandemia, decidieron quedarse en casa y esperar que se lograra el control de este brote.

Vamos al 7+7 perfecto

6 de septiembre 2020. Este día se logró el escenario perfecto para la aplicación del plan 7+7, que aunque ya había sido anunciado el 5 de junio, no había podido ser aplicado en todo el país de manera uniforme debido a las medidas restrictivas que se mantuvieron en Bolívar, Caracas, la Guaira, Mérida, Táchira y Zulia por controlar el brote derivado de la llegada sin control de algunos venezolanos contagiados por los pasos fronterizos; los llamado casos importados.

Este mecanismo que consiste en 7 días de cuarentena y 7 días de flexibilización laboral fue mofado por medios de comunicación y sesudos analistas que señalaban lo “irracional” de la medida, que para su pesar fue surtiendo los efectos deseados, alcanzando una disminución paulatina de los casos y a la par un incremento de la actividad económica del país bajo el eslogan “entre cuarentena y producción, no hay contradicción”.

“La próxima meta es ir disminuyendo los contagios, y vamos a llegar; disminuir a cero los fallecimientos, y vamos a llegar; con los cuidados, con las brigadas médicas, los tratamientos, las PCR y todas las pruebas, vamos a llegar”, dijo el Presidente al momento de este anuncio, palabras que se convirtieron en una profecía que sería cumplida cuando con cifras muy bajas, se anunció que diciembre sería un mes de flexibilización para los venezolanos quienes pudieron disfrutar de unas navidades felices que muy pocos en el mundo pudieron celebrar en familia y comunidad.

Imagen del encendido del árbol en la ciudad de Maturín que contó con música en vivo y fuegos artificiales

Calles desbordadas de gente -todas con mascarillas- que realizaban sus compras decembrinas, reuniones familiares y brindis fueron las imágenes que quedaron de las fiestas navideñas venezolanas, donde la alegría y fanfarria contrastaba con las imágenes de solitarias calles en Europa que entraba en confinamiento como consecuencia de la segunda ola provocada por una liberación total de las medidas restrictivas en mayo de ese 2020, cuando creyeron haber dominado al mortal virus.

“Si la agencia Reuters, AFP, EFE trasmitieran a sus países lo que se hace en Venezuela quizá pudieran tomar algún aporte de nosotros los venezolanos, de cómo se combina la cuarentena y el cuidado con la flexibilización”, señaló Maduro.

Los números no mienten

La suma de aplicar la cuarentena con solo 10 casos, ordenar el uso obligatorio de mascarillas, la realización de despistajes masivos, y alternar flexibilización y cuarentena bajo el esquema 7+7, han dado como resultado que Venezuela se ubique en el lugar 133 de fallecidos por millón de habitantes, mientras sus vecinos Brasil y Colombia se ubican en los puestos 25 y 28.

Igual pasa con los contagios confirmados que ubican a Venezuela en el puesto número 75, muy lejano de Brasil que con más de 11 millones de casos ocupa el tercer lugar y Colombia que con cerca de 2.3 millones ostenta el decimo primer puesto.

Este inmenso logro se gestó en medio de un recrudecimeinto de las sanciones por parte de EEUU, que vio en la pandemia el escenario perfecto para aumentar sus acciones contra el país llegando incluso a un intento de incursión mercenaria (operación Gedeón) y el bloqueo de las importaciones para evitar la entrada de insumos médicos, para detectar, protegerse y tratar al covid, todo esto en su afán por provocar una crisis sanitaria en el país que justificara una “intervención humanitaria”.

Venezuela es una bomba de tiempo” (BBC – mayo 2020), “Lo peor está por venir” (DW – mayo 2020), “El coronavirus desata una tormenta perfecta en Venezuela” (El País – mayo 2020) y el más reciente “Covid en Venezuela: el terremoto que está por llegar” (El País – febrero 2021), son solo un mínimo de las apuestas mediáticas y políticas que han quedado desechas por la realidad inobjetable que reflejan los números a un año de la confirmación de los primeros casos en la Venezuela que supo desactivar la bomba de tiempo y sortear la tormenta perfecta con liderazgo, inteligencia, inventiva y mucha disciplina.

 

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