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Gloria Rojas, maestra del siglo XXI

Los carritos vacíos de mercado se someten a la mirada escrutadora de esta artista valenciana

Cuando en noviembre del año pasado en la Galería de Arte Nacional se inauguró la exposición ,  “La reinversión del espacio”, de Gloria Rojas, el co-curador de la muestra, Zacarías García, abundó en elogios en torno al trabajo de la artista. Dijo sin reservas que “la manera de cómo ella trabaja el color es distinta a la de los pintores. Su manera de trabajar el color va plano a plano, en lugar de trabajarlo en paletas (…) Esto es una obra de gran importancia y hay que seguirle la pista, pues se mantiene en pleno proceso. Gloria es una maestra del siglo XXI”. Zacarías García es el director del Museo de Bellas Artes de Caracas.

A Juan Calzadilla, el curador, le encantó la obra ; no solo hizo la curaduría, sino que completó con una entrevista y un libro acerca del quehacer de esta valenciana, cuyos padres se vinieron para Caracas cuando ella tenía diez años.

En un conversatorio con la artista, a propósito de la exposición, Juan Calzadilla sostuvo que “en el fondo tu pintura es estructural,  como lo es una ciudad, con sus edificios, plazas, parques, mercados , carros, cristalerías, andamios y mercados, que a la par de la ciudad son los temas de tu obra. Se trata de un realismo objetivo e integral en materia de temas específicos, cuya continuidad de cuadro en cuadro sirve de relato para contarnos la historia de una ciudad como la que imaginas”.

Rojas señaló a su vez: “Considero la importancia de experimentar la cotidianidad a plenitud y a conciencia de mis sentidos: Observar nuestro tránsito, sus formas, colores, texturas, son espacios que van más allá de lo que podemos percibir y que abarcan no solo el conocimiento de las formas en función de transformarse en espacios que se confunden y conviven en nuestra conciencia”.

Por su parte Clemente Martínez, presidente de la Fundación Museos Nacionales (FMN),  expuso su satisfacción al ver cómo las mujeres cada vez se suman con más fuerza al ámbito cultural. “Las mujeres se encuentran empoderadas en la GAN. De las muestras individuales, la mayoría pertenecen a mujeres y eso denota el trabajo arduo que están realizando … Desde el museo nos sentimos muy emocionados al ver la obra de Gloria Rojas exhibida en los espacios de la GAN”, dijo.

Pintar sin tregua

A Gloria Rojas se le ubica en la GAN en los días de apertura al público de la exposición , de jueves a domingo, en donde comparte y está atenta al “feedback”, de quienes escudriñan y aprecian sus cuadros de gran formato. Los que la contactan conocen a una mujer llena de energía y apasionada por el arte .

“Pinto a cualquier hora. Cuando comienzo a pintar puedo pasar siete u ocho horas seguidas sin darme cuenta. Intento hacerlo todos los días; es una disciplina. Simultáneamente tengo cosas montadas, unas empezando, en proceso, otras terminando, otras en la mente”, afirma desde el cafetín de la GAN, al sabor de un cafecito.

Por el edificio donde vive, Gloria observa las sombras que se reflejan en la puerta de su apartamento y comenta que le están dando ganas de copiarlas y transformarlas en un objeto artístico. En su hogar tiene una escultura suya en el recibo sobre una cántara de leche; hay piezas en el balcón entre las matas; en el baño. En las paredes cuelgan sus cuadros, entre ellos la pintura de una hermosa joven desnuda. La mesa de comedor es un tablón doble propósito o espacio de trabajo.

En el cuarto taller del estacionamiento subterráneo del edificio, prepara las telas y los materiales. De una especie de maletín, o portafolio, y de gaveteros, saca lienzos y fardos almacenados, los extiende sobre una mesa y muestra algunas de sus obras hechas en estos años, o en estos tiempos de pandemia, cuyo recogimiento obligado le ha permitido trabajar afanosamente.

En los galpones de la Universidad Nacional Experimental Simón Rodríguez, ubicados en Caricuao, Gloria presenta al taller de grabado a su cargo, en el que ha desarrollado gran parte de su carrera artística y creativa. Los galpones se encuentran en una ladera aplanada en terrazas, al costado de una calle empinada. Hay vehículos inservibles aparcados de lado y lado de la calle, y varios talleres mecánicos distribuidos a lo largo de la subida. “Aquí se trabaja con toda la paz y tranquilidad del mundo; tenemos las herramientas y materiales; hasta preparamos la comida”, dice.

En la mesita del cafetín de la GAN, desgrana algunos detalles de su niñez y del entorno familiar. Su padre era ebanista; la madre, del hogar. La familia viajaba mucho, de allí que sus hermanos nacieron en ciudades distintas.

 “Mis padres tuvieron un hijo en Tucupita, uno en Valencia,  otro en Caracas, otro en Anzoátegui. En cuanto al arte, desde pequeña me gustó dibujar más que estudiar, me sorprendía cómo me quedaba el dibujo. Las maestras me pedían que les reglara el cuaderno, porque era lo único que quedaba bonito. Siempre quise estudiar arte, pero mi mamá me dijo que en la escuela de arte no tendría muchas oportunidades . Ella decía que terminara el bachillerato, aunque yo quería estudiar arte antes del bachillerato. Yo realmente siento que me hice fue en Caracas.

—A usted le gustaba el arte, sin embargo estudio Geografía ¿No?.

—A  me gusta estar al aire libre. Me dije que estudiaría algo que me permita estar fuera de una oficina. Una señora dijo que eso era buenísimo porque uno se la pasaba en el campo. Entonces estudié en la Escuela de Geografía de la UCV. Ejercí durante diez años. Hacia labores de campo, íbamos a la playa. Tuve un trabajo en los parques nacionales en los lugares más bellos de Venezuela . Había que hacer los programas sobre la utilización y la programación del espacio. Solamente probando y viendo cómo se protegían los ecosistemas era que uno  podía establecer una planificación para cada espacio, pero siempre andaba por los lugares más bellos, para procurar conservarlos.

—¿Cuáles de esos lugares le quedaron en la retina?.

—El Avila (Warairarepano), Mochima. También hice el alinderamiento del Parque Nacional Península de Paria. Lo caminé todito.

—¿Y cómo fue su formación artística ?.

—Siempre me gustó dibujar, hacer tarjetas. Se burlaban de mi porque hacía cursos de tarjetería, pero después que me divorcio en mi primer matrimonio y me divorcio de la carrera, me dije que no iba a trabajar más en esto ( la geografía). Entonces, comienzo a acudir a la escuela de arte, eso me fascinó. Yo dibujaba todos los días. Me dije, me quedo aquí. Le digo adiós a la carrera, a toda mi vida anterior. Hice un cambio, una revisión completa de valores, de lo qué deseaba en la vida, una evaluación sobre qué quería ser. Definitivamente no deseaba ser toda la vida una empleada, preferí ser un artista y me sentí con la libertad de hacerlo.

—¿En cuál escuela de arte se inscribió?.—-En los talleres libres de la Cristóbal Rojas. Allí estuve alrededor de cuatro o cinco años. Recibí clases del Indio Guerra, Edgar Sánchez, Gilberto Ramírez. Luego por la presión de conocer más, estudie en el Cegra cursos de litografía, dibujo, grabados, serigrafías. Cada día me fui involucrando más con el arte, con lo que me gustaba. Luego hice una exposición en Santo Domingo, me enamoré de un puertorriqueño y me casé. Me fui a Puerto Rico, estudié en la escuela de allá, dos años. Después me vine. Me dije, mi espacio es en Venezuela. Siempre pensé que este era el sitio donde tenía que estar.

El carrito de mercado

En el currículo que recoge su formación académica, se menciona que posee una maestría en Artes, mención artes plásticas, de la Universidad Pedagógica Libertador (UPEL) y séptimo semestre de la escuela de Artes en la UCV. Estudió dibujo, grabado e historia del arte en la Escuela de Artes Plásticas de San Juan de Puerto Rico, y cursó dibujo analítico, serigrafía, grabado y litografía en los Talleres de Artes Gráficas del antiguo Centro de Enseñanza Gráfica (Cegra), que dependía del desaparecido Consejo Nacional de la Cultura (Conac).

Al referirse a su recorrido en el mundo del arte, detalla que cuando comenzó en la Cristóbal Rojas, su primer contacto serio con el arte fue con el dibujo. Le encantó. Le pareció maravilloso.

“Siento que esencialmente soy dibujante”, agrega, “después soy grabadora. Después soy pintora. Primero soy dibujante y eso me llevó a investigar sobre el grabado, del grabado quise pasar a pintar. Entonces mi primera exposición de pintura es esta: La reinvención del espacio (…) Yo ya tengo 40 años en el arte, pintando, dibujando, hice esculturas. Me fui apropiando de una serie de conocimientos  para poder desarrollar una obra propia. He estado mucho tiempo trabajando, metiendo proyectos, esperando. Lo que nunca me ocupé fue de estar en el mercado del arte, sino más bien de investigar, de desarrollar la obra, como no dependía de la venta para mantenerme, ya que me hice profesora en la USR en el taller de grabado; vender no fue la prioridad de mi vida como artista.

Gloria Rojas había introducido una propuesta de exposición en el Museo de la Estampa  y el Diseño Carlos Cruz Diez cuando estallaron las guarimbas, protestas opositoras de la derecha política que en la zona de El Paraíso, donde reside, eran particularmente violentas. Recuerda que no podía salir de su casa. Entonces, comenzó a investigar y trabajar el tema de la violencia, aspecto que continúa desarrollando y es parte de lo que la ocupa actualmente.

“Me partí por tres gráficas monumentales en las que trabajé el corazón”, dice, “ el estómago y el cerebro. Y cómo nos manipulan desde el corazón, desde el estómago con la comida y desde el cerebro con el papel de los medios de comunicación. Cado uno tiene sus especificaciones. Se presentó la exposición (en el Museo de la Estampa y el Diseño) de la cual salieron tres grandes vertientes: lo que se llama eterno fugaz , relativo a los carritos de mercado que estaban vacíos; estaban las marchas y las contramarchas, y las concertinas, con todo eso que te ponen para no pasar, que impiden el traslado de un sitio para otro. De esa exposición, por el feedback de quienes la visitaban , lo que les parecía interesante y les sorprendía era el carrito de mercado. Me dije que si tengo tres vertientes, voy a atacar esta primero, y después seguiré atacando las otras, sin embargo sigo abordando la violencia a través de las concertinas, de las serpentinas, pero me propuse ocuparme del carrito de mercado, que para este proyecto en principio se toma como un elemento socioeconómico, sociológico, que representa toda esa violencia que nos invade cuando no tenemos la comida. Además, pensar que el carrito de mercado nace en el proceso de industrialización. Es un elemento muy urbano, y por lo que yo quiero, y siempre he dicho, que mi pintura, mi trabajo, diga de mí, de mi tiempo que vivo, cómo yo siento la vida, entonces el carrito de mercado es perfecto porque habla de la mass media, de los medios de comunicación, es eminentemente urbano, porque en los pueblos no hay carritos de mercado”.

 Señala Gloria que la exposición actual de la GAN, que se extiende hasta abril, la estuvo concibiendo desde hace tres o cuatro años. En ella se vale de la fotografía, usa la computadora para adecuar la imagen, acude a su formación de geógrafa mirando desde lo alto, y usa el color en su máxima expresión y como reflejo de sus sentimientos.

-¿Sientes que estás en plena madurez creativa?.

-Si, porque he venido trabajando, estudiando, investigando y ahorita estoy realmente adecuada, siento que lo que uno sabe se va engranando y lo va plasmando.  Además, es como un continuo. Hay necesidades que se dan, antes de hacer esto, hacía dibujo erótico, desnudos, entonces me dije, hay necesidad de un cambio ya que nos están pasando cosas importantes que tienen que aparecer. No se trata de una intencionalidad política ni de denuncia, sino necesidad como ser humano, o como artista, de decir lo que me está pasando.