La Bienal de Venecia: Tierra, país, casa, cuerpo, muestra lo que somos

La exposición criolla está conformada por fotografías, pinturas y una videoinstalación que, desde la perspectiva de cuatro artistas, busca detonar reflexiones sobre los tránsitos del cuerpo en todas sus facetas

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Edición 59 de la International Art Exhibition- La Biennale di Venezia

La genialidad y diversidad de la plástica nacional se exhibe con rotundo éxito, desde el pasado 23 de abril, en la edición 59 de la International Art Exhibition- La Biennale di Venezia, donde cuatro artistas unen sus diversas visiones y formas expresivas para presentar la propuesta artística denominada Tierra, País, Casa, Cuerpo.

Transversalizada por estos cuatro conceptos, se trata de una exposición conformada por tres muestras: La casa de Palmira, de la pintora Palmira Correa; Sucesos de Abril del fotógrafo Jorge Recio; y Dislexia de Mila Quast y César Vázquez.


Es así que desde la pintura, la fotografía y el videoarte buscan ser detonantes de reflexiones y emociones.

En el espacio Tierra, lo hacen desde la visión ecológica del planeta. En el nivel País, desde una perspectiva sociopolítica de comunidad, conciencia histórica, valores de independencia y autodeterminación en el debate de las ideas.

El nivel Casa, que se hace uno con el Cuerpo, se enfocan en la individualidad, lo biológico y los comportamientos de la psiquis.


Todo ello va enmarcado en el tema de esta edición de la Bienal, La leche de los sueños, título homónimo del libro de la artista surrealista inglesa-mexicana, Leonora Carrington (1917-2011), homenajeada en el encuentro de arte, a partir del cual se establecieron tres áreas temáticas: la representación de los cuerpos y sus metamorfosis, la relación entre individuos y tecnologías y los lazos que se entrelazan entre los cuerpos y la Tierra.

Es desde el tránsito del cuerpo que se teje Tierra, País, Casa, Cuerpo, instalada en el pabellón venezolano, —el primero construido por un país suramericano—, ubicado en el Giardini di Venezia y diseñado por Carlos Scarpa.


Sucesos de Abril

La muestra del fotógrafo Jorge Recio está conformada por una serie de imágenes que hacen un relato que se inicia en días previos al 11 de abril de 2002 y que continúan con la marca que aquella fecha dejó en su vida y en su obra hasta la actualidad.

Los acontecimientos ocurridos aquel día hacen eco en la propuesta Tierra, País, Casa, Cuerpo, territorios, todos, que en la vida de Recio fueron marcados por una herida de bala que desde entonces lo ató a una silla de ruedas.

“Diría que estoy aquí por mi trabajo del 11 de abril y quizás porque tuve que dejar mi casa y volver a aprender a vivir y a tomar fotografías con el cuerpo”, dijo el fotógrafo.


Esas imágenes que hoy ve el mundo en Venecia, circularon en diversas publicaciones en Venezuela: “se las entregué a un pana en quien confiaba, Felipe Saldivia, para que las revelara. Luego las entregué a la periodista Sandra La Fuente, que hizo un trabajo digno con ellas y pocos años después las usó Ángel Palacios en la reconstrucción audiovisual que hizo con Puente Llaguno: Claves de una masacre. Siempre han sido públicas”, relató.

Fotografía de calle, paisajes, obras plásticas y fotografía documental que “intentan mostrar la Venezuela anterior a 1999, en algunos espacios vendida como un paraíso democrático”, complementan su exhibición.

“Trato de establecer una continuidad con esas dos etapas a partir del trabajo fotográfico realizado desde unas nuevas condiciones y dificultades de discapacidad física. Un video que hace referencia a estas tres etapas de mi vida como fotógrafo y del país cierra mi muestra”, contó el artista autodidacta.

Dislexia

No podía faltar un espacio dedicado a los efectos de la reciente cuarentena. La artista plástica, socióloga y activista feminista marabina Mila Quast, y el artista audiovisual, dramaturgo y poeta tachirense César Vázquez, lo hacen a través de Dislexia.


La instalación surgió a partir de un registro audiovisual que relata, de manera no lineal, la convivencia de una pareja en un apartamento durante los primeros cinco meses de confinamiento.


Vázquez relató que desde ese punto decidieron “empezar a escribir lo que terminaría por ser el documental subjetivo de una pareja de artistas en cuarentena”.

Ese proyecto se convirtió luego en “una crónica transnarrativa a cuatro manos con imágenes, video y animación gráfica por separado para un documental web”, que ganó el premio Alejandro Otero de la IV Bienal del Sur. Pueblos en Resistencia.

Finalmente, en Venecia presentan “una videoinstalación que los lleva a sentir la ansiedad de estar en un triple confinamiento, donde las relaciones emocionales, que son también relaciones materiales, se desfiguran a la velocidad de la sociedad de la información en una pandemia global”.


Sobre el proceso creativo y los argumentos de su obra, el artista explicó que “el contexto político, social y económico propician situaciones contradictorias o paradójicas que utilizamos como argumentos”.

Es así que su obra se centra en “una forma de Dislexia cognitiva sobre los eventos que determinan nuestra realidad. El vértigo que genera la velocidad con que se transmiten los mensajes a través de las redes es sustituido por el pánico de no poder escapar del encierro, del control de los cuerpos por el modelo biopolítico y de no encontrar una salida”.

La casita de Palmira

La artista cumanesa Palmira Correa lleva 40 años pintando la cotidianidad y belleza de Venezuela. En ella lo que algunos llaman discapacidad se convierte en posibilidades. Y es que su arte, con el que ha representado al país en varios encuentros internacionales y por el cual ha obtenido grandes reconocimientos, demuestra que si de capacidades se trata, Palmira las tiene todas con ella.


Lo anterior lo respalda la inusual y larga fila de visitantes que se apostó en el pabellón tricolor para pedirle autógrafos y fotos. La única, por cierto, que obtuvo este eufórico recibimiento del público en Venecia.


“La recepción fue espectacular. Yo misma estoy impresionada de la calidez con la que me recibió la gente. Lloraban y me hacían llorar a mí”, dijo la artista de quien se exhiben 47 obras instaladas en una réplica de su casa taller.


Sus obras, la mayoría de ellas cuadros y tacos de madera, muestran su mundo interior, uno lleno de recuerdos de su oriente natal, sus costumbres, tradiciones y paisajes.

La historia de Venezuela y sus personajes conviven entre lo religioso y el entorno que rodea a la vida en el barrio y su cotidianidad, todo representado bajo un gran dominio del color y figuras humanas voluptuosas, desproporcionadas y cándidas a la vez.

“Yo me comunico mucho con mi obra, hablo con ellas y las obras hablan por sí solas. Hablan de mi inspiración, mis sentimientos, mi vida, todas las cosas que me hacen vibrar. Es un honor para mí estar en esta bienal”, dijo.

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