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Ojo Que Mira: Cine y enfoque

No recuerdo cual fue la primera película que vi en el cine. Lo que sí recuerdo es ir desde la casa, en La Candelaria, por la avenida Urdaneta rumbo a la Cinemateca a ver Robin Hood (1973); aquel dibujo animado dirigido por Wolfgang Reitherman, producido por Disney. Desde ese día amé el cine.

Fue un domingo en la mañana. La experiencia incluía un recorrido por el Museo de Bellas Artes, donde la Cinemateca Nacional tiene su sala histórica. Debo haber repetido esa experiencia miles de veces con disciplina religiosa. Es el cine la única religión que profeso y la Cinemateca el templo más visitado.

En la Cinemateca aprendí a ver cine, y también gracias a ella aprendí a hacerlo. Faltar a clases en la universidad para ir a ver los clásicos fue una constante. Como estudiar dos carreras en simultáneo.

Margot Benacerraf, Román Chalbaud, Clemente de la Cerda, Thaelman Urguelles, Jesús Enrique Guédez, Luis Armando Roche, Jacobo Penzo. A ellos y otros tantos los conocí en esos años a través de sus cintas. También a Kurosawa, Bergman, Fellini, Pasolini, Godard, Truffaut, Vardá, Buñuel, Gavras, Berlanga, Álvarez, Littín, Sanjinés, Birri, Guzmán, Kubrick…

El enamoramiento fue de mucha ilusión. Con los años, ya inmerso en una relación amorosa solida, formal, respetuosa y con su toque de locura, fui aprendiendo que el cine no se trata solo de películas. Que la obra es el producto de un entramado de encuentros y relaciones entre creadores, empresarios, tecnología y mucho dinero. Que no se trata solo de escribir, filmar y editar. Que se debe ir a ruedas de negocio, festivales, mercados, reuniones con distribuidores, exhibidores y agentes de venta.

Para involucrarnos con todo lo relacionado con el cine, más allá de las películas, le invitamos a este Ojo que mira. Porque después de todo, el cine, como la vida misma, siempre dependerá del ojo con que se mire.

@sosasarabia