Julio César León, el primer olimpista venezolano vive lleno de gloria

A lo largo de su carrera deportiva en dos ruedas, Julio César León obtuvo decenas de triunfos

Sin las ganas y obstinación del ciclista Julio César León, Venezuela no hubiera tenido representación alguna en los Juegos Olímpicos de 1948, realizados en Londres, Inglaterra, donde se ondea por primera vez el tricolor nacional en medio de una multitud de nacionalidades deportivas de todo el mundo.

A sus 23 años de edad, este ciclista profesional, fue el primer criollo en participar en este campeonato mundial al hacer caso omiso a las recomendaciones de los miembros de la Federación de Ciclismo de Venezuela de no ir a esta competición, asegurando que haría “el ridículo” frente a tantos rivales experimentados, según palabras del propio Julio César, que aún vive a sus 96 años de edad.

Y aunque no obtuvo la medalla deseada en las olimpiadas de ese año, Julio César, oriundo del estado Trujillo y ganador de carreras nacionales e internacionales, destacó entre los mejores del mundo.

Julio César León, en su casa en Caracas, ayer en la mañana. (Fotos J. Méndez)
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En la mira: Las Olimpiadas de Londres de 1948

Luego de varios triunfos nacionales e internacionales a comienzos y mediados de la década del cuarenta, Julio César León, quien desde jovencito supo que lo suyo era el ciclismo profesional, decidió que era el momento de competir con campeones mundiales, por lo que puso la mira en los Juegos Olímpicos que se desarrollarían en agosto de 1948 en Londres. Se estuvo preparando por dos años para ese importante evento deportivo.

“Desde los 4 años ya montaba bicicleta, pero fue a los 15 años cuando comencé a competir en torneos nacionales, donde me convertí en campeón nacional durante 25 años consecutivos, no tenía rivales”, dijo el ciclista olímpico venezolano en una de sus tantas entrevistas a los medios.

Obtuvo el triunfo en los campeonatos nacionales de los años 1940, 1941 y 1942. También ganó una importante carrera en Trinidad y Tobago en 1941. En 1947 logra la medalla de oro en ciclismo de velocidad en los II Juegos Bolivarianos realizados en Lima, Perú. Y en el Campeonato del Mundo de Ciclismo en Francia en 1947 clasifica entre los ocho primeros en el sprint con un tiempo de 10,9 segundos.

Pese a todas estas victorias, y otras más, Julio César no consigue el apoyo de la Federación de Ciclismo de Venezuela para participar en las olimpiadas de 1948, a las cuales había decidido asistir como competidor.

“Yo no tenía dinero, no tenía posibilidades de ir a los Juegos Olímpicos. No encontraba la fórmula para ir. La Federación de Ciclismo de Venezuela no quería que fuera a ninguna parte porque íbamos a hacer el ridículo”, dijo Julio César en una de las tantas entrevistas dadas a la prensa.

Gran Bretaña ayuda a Julio César a viajar a Londres

A Julio César León se le ocurrió que su hermano podía ayudarlo a gestionar su viaje a Londres a través de la embajada de Gran Bretaña en Caracas, al fin y al cabo, eran los representantes del país donde se desarrollarían las olimpiadas en las que tanto anhelaba participar. Y sin saberlo, su familiar, quien era aviador, tenía un amigo en la sede diplomática británica que se llamaba Raymond Smith, quien le ayudó a conseguir una cita con el embajador británico.

“Yo no lo sabía cuando le pedí que hablara con alguien en la embajada para ver cómo podía tener alguna ayuda para ir a Londres”, confesó Julio César en una de sus tantas entrevistas.

Ya en la embajada, el ciclista olímpico le planteó al embajador británico, a quien describió como un hombre muy flemático pero simpático, que tenía la ilusión de ir a su país a presentarse en las Olimpiadas, que era un sueño para él, y que quería ver si podía ayudarlo con los gastos del pasaje, comida, manutención.

“Con mucho gusto. Si usted quiere ir a mi país, le voy a facilitar la manera para que vaya”, fueron las palabras del diplomático británico que Julio César repite en cada relato de su odisea para participar en Londres 1948; no sin antes comentar haberse sorprendido de “la facilidad para concretar el viaje”.

A su viaje, que se realizaría dos días después de la entrevista que sostuvo con el embajador inglés, le acompañarían su esposa Carmen Elisa y su entrenador Grande Allegri. Por su puesto lo acompañaba su bicicleta Red Hawk.

Más de 30 horas en un bombardero de la II Guerra Mundial

La Embajada de Gran Bretaña en Caracas usaba un bombardero de la II Guerra Mundial como transporte para su correspondencia oficial. Allí viajaría el ciclista olímpico hasta Londres, no sin antes hacer una serie de paradas en algunas islas británicas hasta su destino final.

Llegaron a las 6:00 am al aeropuerto de Maiquetía, donde eran esperados tanto por la tripulación del avión de la embajada británica como por los periodistas deportivos Juan Antillano Valarino, Andrés Miranda y Franklin White, quienes no dudaron en reseñar la salida del ciclista criollo a uno de los eventos deportivos más importantes del mundo.

Ya en el bombardero, los tres invitados son colocados de la siguiente manera: A la esposa del ciclista la pusieron junto a los pilotos, en una poltrona que había para telegrafistas; mientras que a Julio César y a su entrenador los sitúan en los compartimentos de las ametralladoras, uno al frente y el otro atrás.

El vuelo eran 16 horas más las paradas. En total, más de 30 horas de viaje. “Paramos en Trinidad, San Vicente, en todo lo que tenían los británicos por el Caribe”, dijo el ciclista. “La última parada fue en Bermudas. Ese vuelo duró cuatro horas, era lo que estaba más lejos. Llegamos rojos como un camarón. La cabina de las ametralladoras era una cúpula para ver alrededor y nos daba el sol, estaba muy fuerte”, comentó en una de sus entrevistas a lo medios para recordar su momento olímpico.

En Bermudas deben hacer una parada para hacerle una revisión al avión; y aunque no estaba programado permanecer mucho tiempo, el mal tiempo los obligó a esperar en la isla unas cinco horas antes de partir. Se venía el tramo más largo del viaje, que incluyó una escala en Lisboa antes de llegar a Londres.

Ya en cielo inglés, el bombardero efectúa cuatro vueltas y aterriza en una base aérea militar, donde pasan la noche. El ciclista y su entrenador duermen en una litera con los infantes de marina y Carmen Elisa en el dormitorio de damas. Al día siguiente se trasladan a un asentamiento dispuesto para los competidores.

Por fin en Londres

Julio César cuenta que la organización de los Juegos Olímpicos se estaba portando muy bien con él hasta que recibe una llamada en la que les informan que deben inscribirse para participar en el evento. “Cuando fui al departamento que estaba organizando las carreras me dijeron: “usted no puede correr aquí porque las autoridades de su país no le dan permiso”. La Federación Venezolana de Ciclismo le había impuesto un veto.

“Eso fue un golpe muy duro, me dieron ganas de llorar, tanto esfuerzo”, cuenta Julio César en una de sus tantas entrevistas a los medios. “Me dijeron: “llame a su país a ver si puede arreglar eso”. Me prestaron el teléfono y llamé al doctor Julio Bustamante que era el presidente del Comité Olímpico Venezolano y al secretario José Beracasa”.

Los directivos del Comité le prometen a Julio César que al conseguir pasaje para Londres lo ayudarían a resolver su situación. Por suerte, lograron volar a los tres días de esa llamada y lograron revertir la prohibición de participar en estas olimpiadas. También le dieron 2.500 dólares para sus gastos.

Pero al resolverse ese problema, se presentaba otro más. Para el desfile inaugural de los Juegos Olímpicos en el estadio de Wembley, debía ondear el pabellón nacional, y no tenía. Se comunicó de inmediato con el embajador de Venezuela en Londres, pero la respuesta que recibió fue que buscara uno en el consulado el lunes. Era jueves y necesitaba el tricolor para el sábado.

“Ahí compungidos salimos a ver qué hacíamos. Salimos en el metro y empezamos a pasar las estaciones: Marble Arch, Lancaster Gate, Oxford Circus, etc. Hasta que por fin, en una vimos una tienda de telas. Compramos un metro de azul, un metro de amarillo y un metro de rojo, y mi mujer cosió la bandera. Usamos un palo de escoba y con un gancho arriba. Y esa fue la bandera con la que fui al desfile, solo”.

Después de los Juegos olímpicos de Londres, Julio César se posicionó entre los mejores ocho pedalistas del mundo

Julio César, de los mejores ciclistas del mundo

En los Juegos Olímpicos de Londres, Julio César León compitió en dos carreras, la del kilómetro contra reloj y la de velocidad en pista.

Y aunque no obtuvo en ninguna de las dos competencias las primeras tres medallas, destacó por su rendimiento y profesionalismo. En la prueba del kilómetro contra reloj obtuvo el décimo cuarto lugar, posición que logró en un tiempo de 1:18,1. El ganador de esta disciplina en estos juegos olímpicos, el francés Jaques Dupont, de 20 años, llegó a la meta en 1:13,5.

Asimismo, en esta competición, donde participaron 21 pedalistas, el criollo se posicionó como el tercer mejor suramericano.

Hasta el día de hoy, Julio César achaca su “bajo rendimiento” en esta carrera el haber salido a la pista con las piernas frías. Y es que justo antes de iniciar la competencia había comenzado a llover y los ciclistas debieron esperar unas tres horas para tomar sus posiciones. Ese tiempo afectó al venezolano porque de un momento a otro los llamaron a competir y no tuvo tiempo de calentarse.

Y aunque en la siguiente prueba que disputó, la de velocidad en pista, tampoco pudo convertirse en el primer venezolano en ganar una medalla olímpica, estuvo muy cerca, se posicionó entre los ocho mejores pedalistas del mundo.

En los octavos de final le tocó de rival el campeón de Italia y del mundo Mario Ghella, quien termina ganando la medalla de oro en esta competición. “Me ganó por poca distancia, pero me ganó. Y eliminado”, dijo el ciclista en una de sus tantas entrevistas a los medios para rememorar este momento olímpico.

La edición del diario El Nacional del jueves 19 de agosto de 1948, reseña que el venezolano destacó entre los ocho mejores pedalistas del mundo.

“¡Buenas noticias de Londres! Lo que no nos dijo el cable, tan escueto, viene a aclararlo correspondencia recién llegada de la capital británica, que pone las cosas en su punto. Julio César León, nuestro humilde muchacho pedalista, cumplió una verdadera hazaña en su actuación en las Olimpíadas Londinenses”, refiere la nota del rotativo venezolano.

Carrera ciclística y política

Después de los Juegos Olímpicos, Julio César León continuó con su carrera deportiva en dos ruedas. Se incorporó al equipo italiano Bianchi y una vez viajó en bicicleta de Caracas a Maracay en dos horas y cuarenta minutos.

Rompió el récord de Persecución por Equipos con su compañero Domingo Rivas y Montilla en el Velódromo Teo Capriles del Instituto Nacional del Deporte con un tiempo de 4 minutos, 40 segundos en la prueba de 4.000 m a un ritmo de 1 minuto y 10 segundos por kilómetro.

En 1959 son celebrados en Venezuela los Juegos Centroamericanos y del Caribe por primera vez, y Julio César gana la medalla de oro en la prueba de 1 Km en pista y la medalla de plata en el sprint en pista.

Muchos años después, Julio César también se interesa por la política, militando en el Frente Nacional Democrático, de Arturo Uslar Pietri. Fue diputado al Congreso entre 1964 y 1969 y candidato a senador en 1973.

Ciclista honrado

El Gimnasio de Pesas del Ministerio de Deportes, en Montalbán, Caracas, lleva su nombre. Asimismo, todos los años es entregado por el Comité Olímpico Venezolano “la Orden Julio César León” para enaltecer la labor deportiva de atletas, entrenadores, dirigentes y jueces venezolanos.

En 2008, a sesenta años de haber cometido la osadía de participar en los juegos de Londres, asiste a las Olimpíadas de Beijing como el abanderado simbólico de la delegación venezolana. Y a sus 91 años, Julio César recibe un doctorado honoris causa por sus aportes como deportista, dirigente y por haber puesto al país en el mapa del olimpismo mundial.

Hoy, a sus 96 años, vive feliz en Caracas, todavía lleno de gloria.

 

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