Tokio 2021: Al rescate del Olimpismo

Cada cuatro años desde 1896; lo que conocemos como la era moderna, el mundo se paraliza para disfrutar de una fiesta deportiva sin precedente, que involucra a más de doscientos países en los Juegos Olímpicos de verano.

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Desde la antigua Olimpia hasta la Grecia moderna, se han manejado distintas teorías sobre el nacimiento de estos juegos. A pesar que muchas varían en su génesis, todas coinciden en afirmar que su esencia se refiere a una tregua olímpica, período en el cual en la antigua Grecia los pueblos en aplazaban sus diferencias, hasta la finalización de las competiciones deportivas.

El deporte, como instrumento para la paz, afianzó desde su creación los verdaderos valores del ser humano referente a la solidaridad, hermandad, compañerismo, disciplina entre otras. Su esencia más pura permitió la unión a través de las competiciones deportivas, expresado hoy por hoy en el símbolo más poderoso para la paz que se refleja en los cinco anillos olímpicos entrelazados y que representan la unión de los cinco continentes: África, América, Asia, Europa y Oceanía.

Este poderoso instrumento que nació bajo esta premisa, hoy se ve afectado por la tragedia global que azota al mundo, la pandemia del coronavirus o mejor conocido como COVID-19. De manera oficial el Comité Olímpico Internacional anunció el martes postergar los Juegos de Tokio para el verano del 2021, al igual que lo sucedido en las ediciones de 1916, 1940 y 1944 , debido al estallido de la Primera y Segunda Guerra Mundial respectivamente.

Esta vez la guerra ha mutado producto del menosprecio del ser humano, del menoscabo de los valores, de sepultar los principios, y de la imposición de un modelo que aparta al ser humano en nombre del capital y el lucro. En esta lucha porque se imponga la sindéresis debemos velar por el rescate de los valores del ideal Olímpico; recuperar las principios luminosos del barón Pierre De Coubertin, según los cuales la unión y la paz son el epicentro de una verdadera fiesta deportiva, en favor de la confraternidad de los atletas y las naciones.

Elevemos la voz de nuestros pueblos, de nuestros atletas, de nuestras naciones, para wue juego limpio no sólo sea en la arena deportiva, sino también para que se cumpla fuera de ella. Repensar los valores del barón De Coubertin y del Olimpismo es rescatar su esencia. La hegemonía del deporte no puede estar supeditada a las grandes potencias imperiales, que en el mundo cada vez más globalizado, solo privilegian los intereses económicos de una élite corporativa y oprimen a los más desfavorecidos.

Luchemos de igual a igual, pero rescatemos la verdadera esencia en los Juegos Olímpicos en Tokio 2021; es el momento de volver al ideal Olímpico sin mezquindades.

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