Tripleplay | 60 años de conocer a Koufax y Clemente

En 1961 también supe de Sandy Koufax y de Roberto Clemente. No los conocí con los mismos detalles de la existencia de Mickey Mantle y los Yanquis de Nueva York relatados en la columna anterior, pero algo tiene que haberse instalado en mi memoria al escuchar sus nombres, como para que seis décadas después sean mis peloteros favoritos.

En retrospectiva, si para mí 1961 tuvo trascendencia en mi formación como aficionado a las grandes ligas, para ellos la tuvo en sus respectivas carreras en el mismo escenario.

Koufax ya tenía seis años en las ligas mayores con los Dodgers. Solo que su talento manifiesto no conseguía explotar. El motivo principal se hallaba en su casi absoluta falta de control. Tenía un registro de 36 ganados y 40 perdidos. En 692 innings mostraba 405 boletos, que restaban brillo a sus 683 abanicados. Hasta que en marzo de ese año antes de un juego con los Mellizos de Minnesota en los entrenamientos primaverales, una sugerencia del cátcher Norm Sherry cambió su vida y el lugar que ocupaba en las grandes ligas.

“Este juego no significa nada”, le dijo Sherry antes de comenzar. “Me gustaría que intentaras algo. “Tú problema consiste en que tratas de lanzar la bola con demasiada fuerza. Por eso no logras ponerla sobre el plato. Nada más por hoy, trata de no lanzar con tanta potencia. Tienes lo suficiente en la bola para sacar a los bateadores sin tener que excederlos en fuerza. Si aflojas un poco, ten la seguridad de conseguir más control”.

En siete innings no le dieron imparables y ponchó a ocho. Como suele contar, “El Sandy Koufax que regresó esa tarde al campamento de los Dodgers, no era el mismo Sandy Koufax que había salido por la mañana”.

La temporada fue un reflejo fiel de lo ocurrido. Ganó 18 juegos y estableció una marca de abanicados para la Liga Nacional con 269, superando el viejo registro de Christy Mathewson que se remontaba a 259 ponches desde 1908. También fue el inicio del período de seis campañas que lo catapultaría hasta el Salón de la Fama una vez retirado en 1966. Un lapso del que hemos escrito en infinidad de oportunidades donde resaltan tres juegos sin hits y un juego completo, cinco lideratos de efectividad al hilo, una marca de 382 ponches aún vigente para el circuito, 33 blanqueos y una racha de 14, 25, 19, 26 y 27 triunfos.

El entonces joven de 25 años tuvo otro logro significativo ese 1961, que casualmente compartió con Clemente. Por primera vez en sus trayectos por la gran carpa, ambos fueron convocados al Juego de Estrellas. Debe ser una mera coincidencia, pero cómo no detenerme a pensar, que este encuentro con ellos tuviese tales consecuencias afectivas.

 

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