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Tripleplay | Aunque usted no lo crea

Por cómo está organizado desde tiempos inmemoriales, las historias del beisbol suelen ser muy similares. Bastaría cambiar los nombres de los protagonistas. Sin embargo, aún así, no dejan de cautivar a quienes siguen las incidencias del juego con rasgos de evangelio. Una de las favoritas, son las relacionadas con peloteros rechazados por un equipo en particular, para luego convertirse en notables, y arrepentir eternamente a quienes lo dejaron marchar hacia otros destinos.

¿Sabían que el Caracas pudo firmar a Edgardo Alfonzo cuando era un adolescente de 17 años de edad? La historia la contó Germán Medina, el médico traumatólogo que laboró con los Leones entre 1981 y 2009.

“Fue a finales de los 80 o principio de los 90. No tengo buena memorias para esas cosas”, relata Medina.

“Estábamos en el campo Sierra Maestra, en la parte posterior del Hospital Clínico de la Universidad Central, donde el Caracas solía practicar antes de comenzar la temporada oficial. Edgar Alfonzo se presentó un día con su hermano Edgardo para que lo observaran. Para que al menos le dieran la oportunidad de enseñar sus habilidades.

Entonces en el equipo estaba Pompeyo Davalillo, analizando y viendo a los prospectos del equipo, como también a los regulares que calentaban motores para el campeonato. Sin embargo, Edgardo tenía un obstáculo por delante. Entre los prospectos se encontraba David Davalillo, el hijo de Pompeyo. David era una nuez muy dura y además tenía buenas manos”.

En medio del agite de toda práctica, Edgar se le acercó a Medina. Quería que viera el estado en cómo se hallaba la rodilla de Edgardo, quien se había dado un golpe mientras jugaba en Soapire, lo que podía impedir que jugara como podía hacerlo. Con discreción, para que Pompeyo no se diera cuenta, habló con Medina.

“Acudía a las prácticas para evaluar las condiciones físicas de los peloteros y tratar cualquier incomodidad”, relata Germán.

“Me pidió que lo ayudara porque tenía un problemita en la rodilla y Pompeyo comenzaría a darle rollings. Luego vendría la carrera de home a primera para evaluar su velocidad, y esa rodilla le restaría opción. Más aún con el ojo de halcón de Pompeyo. La rodilla estaba en el peor estado. Lo llevé a la parte de atrás del campo y lo drené.

Extraje un 80 por ciento de sangre y lo vendé. No sé cómo podía caminar, mucho menos correr. Era puro corazón. Pero Pompeyo me pilló. Que dónde habíamos botado la sangre extraída. Le dije lo que pasaba. No fue firmado, pero el destino le tenía reservada otra exitosa ruta con Magallanes.

Moraleja: No menosprecies criterios de quien sabe lo que hace, por preferir lo que crees conocer”.