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Yulimar pulverizó todos los registros del triple

Durante toda la temporada, Yulimar Rojas había estado en una búsqueda incesante del récord mundial de la ucraniana Inessa Kravets (15,50 m). Hasta las rivales que enfrentó en el estadio olímpico sabían que el oro olímpico era suyo, luego de un año sin precedentes en el que tuvo un promedio de 15,22 m en las competencias, y estableció la segunda mejor marca del triple con 15,43 m en Andújar, España.

La única duda del día era saber con qué marca ganaría la caraqueña la presea dorada y si podría terminar con la ansiedad de pulverizar para siempre la imbatible marca de la ucraniana.

Apenas en su primer salto, Yulimar aseguró la medalla de oro con un vuelo inalcanzable para el resto de las rivales de 15,41, con el que estableció récord olímpico para la prueba al superar la anterior marca de 15,39 m de la camerunesa Francoise Mbango en Beijing 2008.

La única que intentaba hacerle sombra era la eterna triplista portuguesa Patricia Mamona que se acercó a la frontera de los quince metros con un respetable 14,91, mientras que la compañera de entrenamientos de Yulimar, la gallega Ana Peleteiro, también pulida en la factoría del cubano Iván Pedroso, mejoraba sus registros hasta dejar huella de 14,87 en su quinto salto, que le valió el récord nacional de España, la de bronce y la primera presea de cualquier metal para el triple femenino de su país.

Mamona también impuso récord nacional al saltar 15,01 en su cuarto intento para amarrar la de plata, mientras Yulimar parecía dialogar con el fantasma de Kravets, repitiendo un monólogo ininteligible antes de cada carrera de aproximación, como un Hamlet del salto triple.

Tuvo un paso muy flojo en su segundo salto que la rebajó a un modesto 14,53; pisó 13 centímetros después de la tabla de batida para cometer falta en el tercer vuelo; volvió a su hábitat natural al conseguir 15,25 m en el cuarto intento y volvió a cometer foul por 7,5 cm, cuando parecía que llegaba a 16 m.

La consagración definitiva la esperaba en el sexto y último vuelo. Tuvo la carrera perfecta con una velocidad de 40,2 km/h, recorrió 5,86 m con el rebote, 3,82 con el paso y un descomunal 5,99 en su salto a la arena para recorrer 15,67 m, con el que rompió su propio récord olímpico y espantó para siempre la sombra de Kravets, al convertirse en la nueva dueña de la marca mundial que la inmortaliza para siempre.