Flora y fauna están a salvo en Montecano

Lisbeth Barboza.- La reserva biológica Montecano, ubicada en la Península de Paraguaná (Fal), es quizás el último reducto junto al cerro Santa Ana, el paraíso vegetal de la región, que el pasado lunes 22 de abril (Día de la Tierra), fue declarado por el presidente Nicolás Maduro, Monumento Natural, con el fin de preservar la invaluable riqueza ecológica del espacio.

El monumento natural Montecano tiene una extensión de 2.559 hectáreas y fue declarado Patrimonio Natural del municipio Falcón en 1995 y Patrimonio Natural y Ecoturismo del estado en 2003. Es el espacio donde se ha fomentado el turismo ecológico en los últimos años y cobrado con mayor fuerza el impacto de la reserva biológica sobre la localidad donde se ubica.

Ubicado en las poblaciones de San José de Cocodite y El Pizarral, es un terreno que posee una diversidad de flora y fauna, además de ser cuna de importantes estudios del Centro de Investigaciones de Zonas Áridas (Cieza) de la Universidad Nacional Experimenta Francisco de Miranda.

Cuenta con siete microcuencas, todas estas imprescindibles para la supervivencia del ecosistema allí establecido. La declaratoria de la zona como monumento natural brindará a Montecano cerco administrativo, legal e institucional para su protección, donde ya más de 11 consejos comunales de la localidad están abocados al cuido y protección de todas las especies que cohabitan en el lugar, que ha recibido más de 27.000 visitantes desde su creación.

Asimismo, en la zona funciona la escuela ambiental Esteban Cuauro, un aula abierta para la educación ambiental, que alberga a unas 70 personas y que ha sido cuna de la promoción de información e investigación ecoambiental.

La reserva, cuyo nombre se asocia a una planta llamada barba de palo, abundante en el lugar, es el hogar de más de 250 especies de flora, más de 100 especies de fauna, sin mencionar las 60 aves residentes y 60 migratorias que encuentran hábitat en esta zona.

La profesora Miriam Díaz, coordinadora del Cieza, declaró que el parque alberga “desde la lagartija más pequeña del mundo (de 6 centímetros), la tarántula azul, el lagartijo azul, el lucio (lagartijo plateado), la pitahaya (fruta de color fucsia), la cayena enana, así como árboles frutales y alimentos para murciélagos y especies como barba de palo, que es típica de sitios más húmedos pero la tenemos acá”, añadió Díaz.

Se suman zorros, cunaguaros, ratones, e imponentes aves como los gavilanes, chiriguares, cardenales, pájaros carpinteros, paraulatas y colibríes. Montecano, explicó la bióloga, “ha sido pilar en el área de la biología de la especies nativas, como el guamacho, el supí y de la pitahaya”, fruta ampliamente usada en países como México y Colombia. Dadas estas características, en el lugar se trabaja en la creación de un vivero con plantas nativas.

La docente destacó que el trabajo ha estado acentuado en promover el uso, reproducción y conservación de las especies naturales.

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