Los motores productivos (I) | Pasqualina Curcio

Desde el año 2013 y hasta el 2018, la producción en Venezuela cayó 49%, o sea la torta se redujo a la mitad. El Banco Central de Venezuela no ha publicado la información de producción desde ese año, sin embargo, la Comisión Económica para América Latina (Cepal) estimó una caída de 25,5% solo para el año 2019 y pronostica que caerá 26% en 2020, lo que significa que al finalizar este año y con respecto al 2013, la economía venezolana se habrá reducido 72%. En términos sencillos, si en 2013 se producían 100 en diciembre de este año se producirán tan solo 28. 

A esta situación le debemos sumar el hecho de que no solo la torta es más pequeña, sino que se ha estado repartiendo de manera más desigual. En 2014, según el BCV, la burguesía se quedaba con el 31% de la torta y los trabajadores con el 36%, no olvidemos, que trabajadores somos muchísimos más que los burgueses. Para el 2017, siendo la torta más pequeña, los burgueses se comieron la mitad (el 49%) y nos dejaron tan solo el 18% al bojote de trabajadores. Estamos esperando que el BCV publique la información para los años 2018 y 2019 para conocer quiénes han comido más o menos torta estos dos últimos años. 

No nos centraremos en el asunto de la repartición, ya lo hemos hecho en anteriores artículos, pero si en el tema de la producción, el tamaño de la torta y sobre todo, sus causas. 

¿Desde cuándo estamos escuchando acerca de la necesidad de reactivar la economía? Planteamiento que, dicho sea de paso, obviamente compartimos. ¿Desde cuándo estamos escuchando acerca de la necesidad de “incentivar” la producción privada? Para entusiasmarlos a invertir en Venezuela se les ha otorgado un catálogo de concesiones: una ley de promoción y protección de inversiones extranjeras; exoneración de impuestos; subsidios para pagar sus nóminas de trabajadores; liberación del mercado cambiario; subasta de divisas por parte del BCV; eliminación del control de precios; créditos financieros en óptimas condiciones y hasta rezago de los salarios. A pesar de todos estos incentivos, la inversión cayó 88% entre 2013 y 2018 (datos del BCV). 

Pareciera que no es un asunto de falta de incentivos. ¿Qué más se le podría ofrecer a ese sector privado para que invierta y produzca en el país? No solo no han invertido, no solo han disminuido 88% sus inversiones, es que además no han dejado de ganar. Cuando pasan de comerse el 31% de la torta al 49% lo que están haciendo es tratar de preservar sus niveles de ganancia a pesar de la no inversión y de una torta más pequeña, por supuesto a costas de los asalariados, o sea de una mayor explotación. 

Podemos hacer todos los esfuerzos, podemos empujar con todas nuestras fuerzas productivas y buenas intenciones para que los 15 motores terminen de encender, pero éstos no arrancarán hasta que no se resuelvan dos aspectos centrales y estratégicos que son los que están impidiendo la reactivación económica: 1) el ataque permanente y criminal contra nuestra moneda y 2) la caída de las exportaciones petroleras. A lo que ahora debemos sumar un tercer aspecto, el confinamiento por la pandemia del coronavirus. 

Ataque al bolívar. Cuando el imperialismo, en el marco de la guerra económica, ataca al bolívar e induce su depreciación, no solo incide sobre los precios de todos los bienes y servicios generando una hiperinflación y por consiguiente la pérdida del poder adquisitivo, sino que, simultáneamente tiene otro efecto: la contracción de la producción nacional. 

En términos coloquiales la secuencia es la siguiente: cuando manipulan el tipo de cambio y éste pasa de 10 Bs/ US$ a 20 Bs/US$, el que, por ejemplo, produce zapatos deberá pagar un precio mayor por la materia prima e insumos, y por lo tanto, aumentará el precio del par de 100 Bs a 200 Bs porque el zapatero no asumirá el costo, buscará trasladarlo al precio. Lo propio hará el que produce camisas, pantalones, vestidos, pollo, carne, huevos, leche, pan, harina, aceite, antihipertensivos, insulina, calmantes, también se comportará igual el mecánico, la peluquera, el plomero, etc.

Como el salario nominal es el único precio que no se ajusta cada vez que aumenta el tipo de cambio, el poder adquisitivo de los asalariados disminuye, así que, si usted es un trabajador de los que compraba un par de zapatos semestral, dos pantalones, tres camisas y además adquiría 1 cajita de antihipertensivos mensual, 5 kilos de carne y dos cartones de huevos, ya no podrá hacerlo en la misma cantidad, porque su salario no le alcanza. Establecerá prioridades, disminuirá la cantidad de carne y remendará el pantalón, la camisa y los zapatos. Ni siquiera se asomará a la zapatería a ver los precios porque no tiene cómo comprarlos. Por su parte, el zapatero no va a disminuir el precio de los zapatos, simplemente no los producirá si no hay quien se los compre, o producirá menor cantidad. En la lógica del capitalismo, él nunca producirá pérdidas.

La cantidad de dinero en la economía. Si antes de la manipulación del tipo de cambio, se producían y vendían 10 pares de zapatos, se requerían 1.000 Bs en dicha economía para producirlos y comprarlos. Cuando se duplica el precio como consecuencia de un factor externo, en este caso el ataque al bolívar, la única manera de producir y consumir la misma cantidad de zapatos es que se duplique la cantidad de dinero que circula en esa economía de 1.000 a 2.000 Bs, de lo contrario, y de mantenerse los mismos 1.000 Bs, sólo podrán producirse y consumirse 5 pares, o sea la mitad. 

Lo que ha estado ocurriendo en Venezuela los últimos años es que mientras se empuja para reactivar la producción, otra fuerza habla en sentido contrario anulando cualquier esfuerzo, nos referimos al ataque al bolívar. 

Detener el ataque al bolívar es estratégico en esta guerra económica contra el pueblo venezolano. 

Mientras tanto. En hiperinflación, bajo ataque diario de la moneda y una depreciación inducida del bolívar que alcanza los 350 mil millones por ciento desde enero 2013, los niveles de producción y de consumo, tanto de los hogares como los del gobierno, solo pueden restituirse aumentando la cantidad de dinero en la economía, la cual no solo, no ha aumentado, sino que por el contrario ha caído en términos reales 88% desde el 2013 según el BCV. 

Preguntémonos ¿cómo podrían arrancar los 15 motores si, ante tamaña hiperinflación, inducida por el ataque al bolívar, no hay suficiente dinero para producir y consumir? El consumo de los hogares ha caído 52% entre 2013 y 2018, mientras que el del gobierno ha disminuido 30% durante el mismo período. 

Quienes diseñan la política monetaria han argumentado que aumentar la cantidad de dinero generaría inflación, teoría que se ha desmoronado con el exorbitante incremento de dinero en EEUU y Europa para rescatar las empresas a consecuencia de la pandemia.

Los motores productivos en Venezuela arrancarán cuando estratégicamente derrotemos el ataque al bolívar y recuperemos las exportaciones petroleras, sobre este último aspecto nos centraremos en el próximo artículo. Mientras eso ocurre es urgente aumentar la cantidad de dinero y desprenderse de paradigmas teóricos monetaristas. Esta mayor cantidad de dinero aunada a una mayor presión tributaria a la burguesía es la fuente para el tan urgente aumento de los salarios.  

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