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Pato viejo…

Lea aquí la columna "El mago de OS" de Orlando Suárez

Su característico mal humor y su incapacidad para comunicarse son parte del encanto con que el Pato Donald ha seducido a unas cuantas generaciones, desde que apareció por primera vez, el 9 de junio de 1934, en “The Wise Little Hen” de la serie “Silly Simphonies”.

Aunque fue el último en incorporarse al clan del famoso Mickey Mouse, quien ya compartía aventuras con su entrañable Minnie (1928), su mascota Pluto (1930) y su carnal Goofy (1932), la popularidad obtenida por el palmípedo, en poco tiempo, llevó a los ejecutivos de la Factoría Disney a la decisión de montarle tienda aparte.

Por ese motivo surgieron su avaricioso tío Rico McPato, sus traviesos sobrinos Hugo, Paco y Luis y su infaltable enamorada Daisy. Cruelmente, con el paso de las décadas, el protagonista de estas líneas ha quedado destinado, prácticamente, a los desfiles de los parques y a los productos mercadeables del consorcio. Mientras tanto, sus parientes han logrado sobrevivir con series propias y con tiras cómicas que se siguen editando en algunos países.

Un hecho similar vive el icónico ratón. Sin embargo, nadie puede quitarles lo bailado ni a Mickey ni a Donald, siendo el ratón y el pato más conocidos en el mundo. Ambos lucen sus respectivas estrellas en el Paseo de la Fama de Hollywood, aunque el primero desde 1978 y el segundo desde 2004.

En el caso que compete, tuvo que pelear duro con el Pato Lucas, lanzado por Warner Brothers en 1937, para hacerle competencia. La estrategia dio resultado en el sentido de que los dos monopolizaron la simpatía del público por los animales de esta especie hasta que un par de nuevos personajes se sumaron al clan.

A partir de 1999, la expansión del animé Pokémon, más tarde convertido en manga, videojuego y aplicación, convirtió en ídolo a Golduck, evolución de Psyduck que es uno de los más fuertes de la historia. El fenómeno cultural generado por esta creación japonesa lo llevó al podio.

A cierta distancia del medallero se encuentra Pato, quien acompaña a Pocoyó en los capítulos de la serie homónima de dibujos animados que entretiene a los niños en edad preescolar. Este producto de facturación española ha recibido importantes premios por su función pedagógica.

La brecha generacional, sin embargo, no impide que Donald pueda entonar el clásico del mexicano José Alfredo Jiménez que dice: “Pero sigo siendo el reyyy…”, con el sonido ininteligible que le aportó Clarence Nash, cuando fue escogido por el propio Walt Disney, para que enriqueciera los atributos del personaje.

A los 90 años, ahora en la voz de Tony Anselmo, aplica aquello de que “loro viejo no aprende a hablar”, aunque, en este caso, se trata de un pato.

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