InicioEl mago de OSY el queso que había en la mesa…

Y el queso que había en la mesa…

Lea aquí la columna "El mago de OS" de Orlando Suárez

Algo más de un mes había transcurrido desde que Bárbara Palacios obtuvo la corona de Miss Venezuela, cuando le tocó enfrentar un nuevo reto: defender los colores patrios en el Miss Sudamérica.

Por primera vez, el concurso regional abandonaba su natal Lima, para probar una sede foránea. El salón Venezuela del Círculo Militar de Caracas resultó el lugar seleccionado, para abrigar el evento a realizarse el 23 de junio de 1986.

Además de ser anfitriona, la reina criolla tenía otro hándicap: sus tres predecesoras habían sido coronadas, por lo cual resultaba cuesta arriba obtener el cuarto título consecutivo. Parecía imposible, pero la hija de los actores Bárbara Teyde y Jorge Palacios lo logró. Al término de la gala, su nombre fue mencionado como la gran triunfadora.

Voces de otros países cuestionaron la hegemonía de las nacionales. No obstante, los hechos posteriores demostraron que los resultados rozaban la objetividad. Y esto merece una explicación.

El Miss Sudamérica surgió en Perú, luego de algunas experiencias aisladas: Señorita Confraternidad 1971, Miss Confraternidad Latinoamericana 1972 y Miss Confraternidad Sudamericana 1981 que ganó, por cierto, Irene Sáez.

En 1983 fue retomada la idea de convocar a las reinas titulares del subcontinente como paso previo a su compromiso en el certamen estadounidense. Ese año se impuso Paola Ruggieri. Ella traspasó el título a Carmen María Montiel. Silvia Martínez mantuvo la seguidilla y cedió el cetro a su compatriota Bárbara Palacios.

Todas ellas refrendaron los resultados en Miss Universo. Ruggieri fue la única latinoamericana en el grupo de 12 semifinalistas, el año del famoso Viernes Negro. Montiel obtuvo la banda de segunda finalista y Martínez la de tercera, superando, nuevamente, a sus antiguas rivales. Qué decir de Palacios…

En 1987, la historia cambió. Inés María Calero fue nombrada segunda finalista y la chilena Cecilia Bolocco ni siquiera entró al cuadro, aunque después se impuso en el concurso gringo. Un año después, Osmel Sousa delegó la responsabilidad en una chica que había dado buenos resultados en el exterior, sin ser la titular. Bonny Rey se ubicó en la tercera posición.

Ya el Miss Sudamérica estaba en declive. Y los organizadores bajaron la santamaría. Hicieron un intento por rescatarlo en 1996, pero el resultado fue fallido. Subestimaron a la venezolana Marena Bencomo, quien luego los cacheteó al lograr la banda de primera finalista en el Miss Universo que eligió a la sucesora de Alicia Machado.

Así terminó la historia del certamen peruano, después de incluir cuatro títulos consecutivos para las nacionales. La “barbaraza” Palacios fue la última criolla coronada en él.

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