InicioEntrevistaEndy Chávez, el dueño de una atrapada inolvidable

Endy Chávez, el dueño de una atrapada inolvidable

19 de octubre de 2006. En el Shea Stadium de New York se juega el partido número siete, de la serie de postemporada entre los Mets y los Cardenales de San Luis. El partido se ha mantenido sin sobresaltos desde el inicio, y al llegar el sexto inning, las acciones están empatadas a una carrera por lado.

Por los Mets continúa lanzando el pitcher mexicano Oliver Pérez. A Juan Encarnación, primer bateador de los Cardenales en este sexto episodio, lo ha dominado con roletazo a la primera base. Y luego de un turno difícil, le concedió una base por bolas a Jim Edmonds. Entonces, con un corredor en primera base, le corresponde el turno de batear a Scott Rolen, jugador de la 3ra base de la novena de San Luis.

Luego de haber embasado a Edmonds, el zurdo Pérez busca reconcentrarse. Da una vuelta al montículo y respira profundo para alistarse, antes de enfrentar a Rolen. Decide, como primer lanzamiento, enviarle una recta pegada al cuerpo que Rolen conecta de manera sólida, ¡PUM! Y tras el estallido contra la madera del bate, la pelota vuela sobre el engramado con ánimos de salir del estadio, sobre el terreno del left field.

Endy Chávez, que custodia ese territorio, ha visto el lanzamiento de Pérez y al escuchar el sonido seco del bate sabe, por todos sus años de experiencia, que la pelota tiene aspecto de home run. Comienza a correr hacia atrás sin quitar, ni un instante, los ojos de la pelota que se eleva sobre las gradas. Ha realizado 17 zancadas en una carrera veloz e intencionada. En ese paso número 17, siente bajo su zapato derecho el fin de la grama y el comienzo de la arena que marca la zona de seguridad. Allí tensa los músculos. Entonces, en un movimiento que realiza en apenas un segundo, quita la vista del cielo, mira a la pared del fondo, calcula la distancia, da los últimos pasos, un doble paso como lo hacen los basquetbolistas, y da un salto enorme, estirando el brazo derecho todo lo que puede.

El corredor Edmonds, también al sonido del batazo, ha salido a correr las bases. Abandonó la primera y cruzó la segunda sin percatarse que el guante negro de Endy Chávez ha superado los ocho pies de la pared (casi dos metros y medio) y ha capturado una pelota que ya estaba camino de aterrizar fuera del terreno de juego.

Endy Chávez, por su parte, duda de haber atrapado la pelota. Aterriza del salto con ambas piernas y lo primero que hace es mirar instintivamente el guante. Descubre que tiene la pelota y antes de celebrar la hazaña, apura sus reflejos. Se percata de que Edmonds va camino de la tercera base. Entonces da dos cortos pasos hacia adelante, un breve saltito para conseguir el apoyo de su pierna izquierda, y lanza la bola como un misil a Tony Valentin, que hace el corte y la pasa a Carlos Delgado, el primera base de los Mets, quien sabe de inmediato que la jugada es histórica. Delgado recibe la bola, tocando siempre la primera base… y se concreta el doble play. Luego levanta el puño en señal de victoria. Las cámaras de televisión enfocan al lanzador mexicano que ha seguido la jugada con una cara de absoluta perplejidad.

La jugada, se conocerá desde ese instante y para siempre como “The Catch”, y la foto que congela el momento para la historia es un Endy Chávez con su cuerpo volando hacia la pared donde se ha pintado un cartel que dice: The strength to be there (La fuerza para estar ahí).

Reviva la jugada

Cuando los Mets inauguren su nuevo estadio, el City Field de New York, dejarán la jugada del venezolano inmortalizada con una placa conmemorativa.

“Tuve que correr a toda velocidad hasta la pared”, dice Endy cuando me relata esa jugada, “marcar un doble paso y saltar para agarrar la pelota. Al mismo tiempo chocar contra la pared. Yo creo que es la jugada más difícil y satisfactoria que hice en toda mi carrera”.

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Endy Chávez es un nombre familiar para casi todos los venezolanos. Su vida deportiva figura en miles y miles de notas que circulan por la red, y que dan cuenta de sus 13 años de experiencia en las Grandes Ligas y 19 en la pelota venezolana.

A sus 46 años, Endy Chávez se desempeña como coach en el equipo Tecolotes de los Dos Laredos, de la liga mexicana de béisbol.

Llegamos a Endy, gracias a la intermediación de un amigo común y valiéndonos de la tecnología, para hablar con él sobre béisbol, que es lo mismo que hablar de su vida.

Así que, con todos ustedes, Endy Chávez…

Muchas gracias por atenderme —le digo.

—Gracias a ti por la entrevista.

Bueno, comienzo…

Como en otros deportes, para alcanzar el máximo nivel se comienza desde muy pequeño, en el béisbol desde la categoría “compota” ¿Qué cosas debiste sacrificar para poder llegar a las Grandes Ligas?

En mi caso debí abandonar mi hogar. Tuve que dejar a mi familia para irme solo a otro país ¡Por primera vez en mi vida! Siempre he pensado que eso, dejar la casa familiar, ha sido el sacrificio más grande que yo tuve que hacer, cuando daba los primeros pasos en mi carrera como profesional.

Endy, fíjate en esto: El béisbol en Venezuela, lo mismo que el fútbol para otros países de la región, significa una posibilidad de ascender socialmente. La pregunta es, ¿en qué ayudó a tu familia, que fueras exitoso en el béisbol?

—A ver, te puedo decir que, principalmente, pude ayudar a mi familia en el aspecto económico. Nosotros tuvimos una muy buena base en cuanto a los valores, la educación, la moral. Entonces creo que lo único que nos hacía falta era un poco de estabilidad económica, y este deporte fue lo que me ayudó a lograrlo.

“Disfruto mucho del acercamiento de la gente”.

Tu ascenso a las a las Grandes Ligas te otorgó además una gran exposición pública ¿Disfrutas siendo una celebridad o te esfuerzas por resguardar la intimidad de tu familia?

—Yo la verdad disfruto mucho del acercamiento de la gente. Disfruto cuando vienen y me piden una foto o un autógrafo, porque siento que esa petición de un fanático, es como una respuesta o un agradecimiento o porque les gusta la forma en la que he hecho mi trabajo. Nunca he sentido que eso represente un problema y que deba estar pendiente de mi familia o pendiente especialmente de su intimidad. Las personas me buscan en los estadios, o en algún sitio público, no están persiguiéndome en mi casa ni en algún espacio privado a los que voy. Pero quiero repetir que yo sí disfruto la simpatía de la gente que me apoyó como jugador y ahora en mi etapa como técnico.

Ya instalado en las Grandes Ligas, vestiste la camiseta de seis equipos, además de tu paso por las ligas menores, ¿qué aprendiste del recorrido por diferentes equipos de Estados Unidos?

—Se aprenden muchas cosas, gané experiencia a nivel deportivo, independientemente del equipo en el que estuviese jugando. Puedo decirte que cada año que jugué me aportó detalles acerca del funcionamiento de la liga, eso me permitió madurar mi desempeño como pelotero, todos esos años.

“Comencé a pensar en mi retiro dos años antes de hacerlo”.

Entiendo… pero como cantó Héctor Lavoe “todo tiene su final…” ¿Cuánto tiempo te llevó decidir que era momento de retirarte del béisbol como jugador activo?

—Yo creo que la idea empezó dos años antes. Pensé que iría año a año, para poder mirar cómo se comportaba mi cuerpo. Cuando ya llegó la temporada 2018-2019, me dije “esta será mi última temporada”. Y es que la verdad ya estaba esforzándome mucho en cada partido. Sentía más los dolores físicos, también me cansé mentalmente, porque tenía que trabajar extra… Ese fue el momento en el que decidí, junto con mi familia, que sería mi último año como jugador activo.

¿Cómo ha sido la transición de tu vida después del béisbol?

—La única diferencia de que ya no estoy como pelotero, sino como entrenador. Porque al retirarme del béisbol en Venezuela, inmediatamente comencé a trabajar en los spring training en Estados Unidos, con los Mets de Nueva York, así que sin pausa me inicié como entrenador.

…y ¿sabías desde antes de retirarte que seguirías ligado al béisbol?

—¡Sí!, eso sí lo sabía. Y, fíjate, después de retirarme como jugador activo, inicié mi  faceta de entrenador con los Mets de Nueva York.

Endy, y ¿qué cosas te apasionan fuera del campo del juego?

—Varias. Puedo mencionar que me apasiona mucho, por ejemplo, el tiempo que puedo pasar con mi familia. También me apasiona la música, ya que suelo tocar los timbales, hay otras, pero esas son las dos cosas que más disfruto en mi vida personal.

“Todos mis proyectos personales que me han pasado por la mente, están ligados al béisbol”.

¿Nunca se te cruzó por la mente hacer algo diferente al béisbol?

—Siempre he pensado cosas, me he propuesto proyectos personales, pero en líneas generales todos esos proyectos que me han pasado por la mente, de alguna u otra manera, están ligados al béisbol.

Con toda tu experiencia acumulada y viendo desde la distancia, se me ocurre preguntarte, ¿si pudieras cambiar algo de tu carrera como jugador profesional, ¿qué sería?

—Sinceramente, yo creo que no cambiaría nada. Aunque si lo pienso un poco me atrevería a decir que el físico. Creo que si hubiese tenido un mejor físico durante mi carrera, hubiese llegado mucho más lejos.

Voy con algo más reciente, qué representó para un pelotero, que jugó el grueso de su carrera con el equipo Navegantes del Magallanes, haber salido campeón del Caribe con Los Tiburones de la Guaira?

—Me parece que no tiene nada que ver el tiempo que jugué con Navegantes del Magallanes. En ese momento yo no estaba trabajando en Venezuela y los Tiburones de La Guaira me llamaron para contratarme. Acepté de inmediato, y gracias a Dios pudimos hacer un buen trabajo en conjunto, y salir campeones de la liga y también de la Serie del Caribe. Ambas cosas tienen un gran significado para mí, porque me estaba estrenando como técnico en Venezuela, y empezar de esa manera en la Liga Nacional es muy satisfactorio.

Aunque uno no sea fanático de Los Tiburones, sería mezquino dejar de reconocer que ese equipo hizo algo emocionante. Sobre todo por la sequía de 38 años sin lograr un título de campeonato ¿Cuál momento, de esta última temporada recuerdas con mayor intensidad?

—Hubo muchos juegos emocionantes, pero para nombrarte uno, diría que fue el último juego de la temporada regular contra Los Leones del Caracas. Para mí ese fue nuestro momento crucial, porque nos jugábamos la clasificación, y ganar ese juego de verdad que nos alivió… Además fue un partido muy, muy bueno.

Creo que fueron partidos de mucha tensión, ahora Endy, ¿cómo se viven la presión y las emociones del juego desde la posición de técnico?

—La presión se vive de manera diferente, porque como jugador te concentras en lo que estás haciendo en el terreno, tratas de mantenerte enfocado en el juego. Ahora, es muy diferente cuando asumes tu rol de técnico, ya que no estás dentro de las dos líneas. La presión consiste entonces en esperar que los jugadores hagan un buen trabajo, y que puedan ejecutar las cosas planificadas en los instantes de mayor presión. Porque todo el trabajo que se hace como técnico es previo al partido, durante las prácticas. En el juego solamente te toca esperar, ver el fruto de ese trabajo. Esa es la presión, esperar que los jugadores hagan el trabajo, que les vaya bien.

La del estribo… con tus conocimientos de este deporte, ¿qué opinión te merecen los cambios que han introducido al béisbol actual?

—Respecto a esos cambios te digo que he estado de acuerdo con algunos y en desacuerdo con otros, eso a título personal, pero considero que si esos cambios se hacen para la evolución del deporte, y para que no nos quedemos estancados, bienvenidos. El béisbol debe seguir avanzando, debe seguir experimentando nuevas reglas, y creo que nuestro trabajo consiste en adaptarnos y seguir innovando junto con los cambios que se proponen.

Bueno. ¡Agradecido, maestro!

—¡A ustedes!

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Ernesto J. Navarro es periodista y escritor, autor de tres poemarios y la novela Puerto Nuevo. Ganador del Premio Nacional de Periodismo 2015. RRSS: @ernestojnavarro

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