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Los hermanos Rodríguez, pura pasión por el cine

Cuando los hermanos Andrés y Luis (Caracas 1974), tenían 7 u 8 años, encontraron en su casa una cinta de VHS con una etiqueta que en enormes letras negras decía: El resplandor, un film de Stanley Kubrick.

Ese día, seducidos por un “algo” que aún no sabían explicar, metieron en lo más oscuro de una gaveta las películas que, como El mago de Oz, estaban dirigidas al público infantil. Al terminar con El resplandor, insertaron en la videocasetera otra cinta, esta vez El último tango en París de Bernardo Bertolucci, y ya no hubo vuelta atrás. Se apasionaron con películas de mayor densidad psicológica. Fue una fascinación temprana que se marcó aún más al iniciarse la adolescencia.

Mientras que, en la escuela, a los morochos Rodríguez (en Venezuela nadie llama gemelos a los gemelos) les iba regular, en materia de cine eran sobresalientes. Así que el desgano académico y las constantes mudanzas de su familia, les valió para ganarse la fama de outsiders, mientras se empeñaban por ver cada una de las películas que llegaban a la cartelera. Como buenos cazadores de imágenes, también querían sus trofeos; recortaron de la cartelera cinematográfica de los periódicos, el mini poster de cada película que veían, luego los pegaban a una hoja tamaño carta para ser archivados en una carpeta con ganchos.

Un poco más grandes, se hicieron habitué en la Cinemateca Nacional y allí ocurrió para los Rodríguez un nuevo descubrimiento: Andrei Tarkovski. Ese día, cuando salieron de la función, y mientras se tomaban un café, entendieron que ya no querían ser sólo unos cazadores de buen cine, también querían hacerlo. Entonces, con la misma ferocidad con que se toman las decisiones cuando uno no ha llegado a los veinte años, se convencieron de convertirse en realizadores cinematográficos.

En poco más de dos décadas, después del encuentro con Tarkovski, Luis y Andrés han realizado más de 50 producciones entre películas, cortometrajes y documentales. Pero esos datos sobre sus filmes y los festivales a los que han asistido y los premios que han recibido, abundan en internet.

Lo que no dicen esas notas son los pequeños matices que surgen de la relación de los hermanos mientras co-dirigen cada una de sus películas. Como todos los gemelos, poseen una conexión difícil de explicar, pero en la que basta una mirada para que logren saber qué piensa el otro. Aunque no todo en el set de los Rodríguez es una mañanita de pascua, al decir de la actriz Jericó Montilla, protagonista de unos de sus filmes.

De eso va este encuentro. Es una charla con dos tipos que conciben al cine como un arte, y de esa forma lo recrean. Lo hacen en conjunto y como toda obra creativa, suelen encontrar belleza en el caos.

Helos aquí…

—Luis, Andrés, ¿qué tal?

—¡Bien! —se miran.

—Sí, bien…

—¿Estamos listos?

—Tú dinos…

¿Cuándo se dieron cuenta que podían crear juntos?

Luis: En la etapa de la infancia.

Andrés: Pero comenzamos a hacer cine hace unos 25, 26, 27 años, no estoy seguro.

Luis: Yo diría que comenzamos a crear de niños, durante los juegos, porque nuestros juegos giraban en torno a una puesta en escena, a inventar personajes, a interpretarlos. Bueno, eso es algo muy típico de los juegos de niños. Pero para nosotros los espacios eran importantes, y desde chamitos se nos ocurrían historias a partir del espacio. Está claro que el juego es una labor creativa, y la creación artística del cine tiene que ver mucho con un juego, en el que cada uno interpreta un papel, una situación absolutamente artificiosa, pero, y esto es importante, por medio de esa puesta en escena se llega a tocar algo que es verdadero. El cine es un arte absolutamente lúdico. Nos dimos cuenta muy temprano que podíamos crear juntos.

“Hacer cine siempre fue muy difícil, una cosa elitesca. Eran pocos los que hacían cine ¡Aún hoy sigue siendo difícil!”.

Andrés: Te digo más. Hacer cine siempre fue muy difícil, una cosa elitesca. Eran pocos los que hacían cine ¡Aún hoy sigue siendo difícil! Nosotros pudimos juntar esfuerzos para realizar un trabajo artístico, estético. Ya teníamos una predilección por el cine, como espectadores. Luego surgió una especie de hambre por hacer una película, de expresarnos por medio del celuloide. Hacerlo juntos volvía más viable la posibilidad de sacar adelante un proyecto cinematográfico. Yo podría decir también, que la necesidad de expresarnos, nos juntó.

A ver, esta pregunta pudiera ser una obviedad, pero igual se las hago… El cine registra en su historia duplas de hermanos cineastas. Me vienen a la mente los Lumière (obvio), los Cohen, Lana y Lilly Wachowski, los Taviani, Matt y Ross Duffer… ¿alguna dupla (aunque no esté nombrada acá) les ha inspirado?

Luis: Mira no, verdaderamente no tenemos una preferencia en cuanto a eso…

Andrés: A ver, a mí si se me ocurre mencionar a los hermanos Dardenne… Ellos hacen películas de una contundente realidad, con personajes que no tienen voz, que no tienen la posibilidad de expresarse. Es un cine maravilloso, donde destaca una cámara sumamente libre. El trabajo de los Dardenne nos llamó mucho la atención y creo, con la distancia inconmensurable que nos separa, ¡porque son unos grandes! que nosotros compartimos con ellos la búsqueda estética, la posibilidad de hablar de realidades duras, de contextos difíciles, el rescate de personas que necesariamente no tienen la posibilidad de expresarse. Captar eso que no se rige por las reglas totales de la ficción, son aristas que, podría decir, nos unen y atraen del cine de los hermanos Dardenne, por mencionar una dupla.

Luis: Lo que sí es cierto, es que Andrés y yo tenemos gustos estéticos similares. Nos gusta Andréi Tarkovski, Robert Bresson, Elen Kimov, John Casavettes, Leonardo Favio, Bernardo Bertolucci, Liliana Cavani, Lina Wertmüller, Sidney Pollack, Robert Mulligan, Arthur Penn, Clint Eastwood, Andrzej Żuławski, Federico Fellini, Clemente de la Cerda, Burt Reynolds, Ingmar Bergman… mencionaría también el cine japonés, el norteamericano los años 70, en fin, son películas similares las que nos apasionan. Podría seguir hablando de realizadores y realizadoras sin parar. Verdaderamente tenemos los mismos referentes estéticos.

Los periodistas, tenemos la costumbre de calificar todo lo que vemos o tocamos, y en muchos artículos periodísticos, se dice de ustedes que son cineastas de “lo social”. ¿Qué piensan de esa definición?

Luis: Yo te diría que sí, puedo sentirme identificado con que se nos vincule al ámbito de la preocupación por el otro. Es un hecho muy concreto que nosotros, antes de dedicarnos a hacer documentales y películas de ficción, realizamos un trabajo social de cinco o seis años, con niños en situación de calle, o con situaciones familiares diversas. También con adultos sin hogar o con problemas de adicción. Pero no sólo trabajamos con ellos, hicimos muchas amistades entre ellos. Esas realidades siempre han existido. Personas que están en una situación límite, en el borde de un abismo. ¡Esos son los protagonistas de nuestras películas!, tanto en documental como en ficción. Las historias te pasan por un lado de la vida, y nuestro cine tiene que ver con eso. Nuestro cine no está elaborado en un laboratorio, ni en un escritorio.

Andrés: Cuando abordamos un personaje, es sumamente importante para nosotros, que ese personaje quede realzado. Sobre todo, si forma parte de un contexto popular. Pero, los personajes que no tienen la posibilidad de expresarse, que están fuera de la estructura social, son los que realmente nos atraen, y por eso lo buscamos.

“No vamos por ahí, vampirizando a los demás para extraer una historia. Tratamos de alejarnos de la porno-miseria”.

(Luis): ¡Pero ojo! No vamos por ahí, vampirizando a los demás para extraer una historia.

(Andrés): Tratamos de alejarnos de la porno-miseria.

Y cuando ustedes abordan estos temas “sensibles” social y políticamente hablando, ¿cómo logran mantener un equilibrio entre la denuncia social y la sensibilidad artística?

Andrés: ¿Voy yo? ¡Ok! A ver, ese equilibrio entre retratar una realidad y la sensibilidad artística, es un movimiento que va al unísono. Y se origina porque nosotros tenemos una proyección muy concreta: rescatar temas sociales. Por esa razón, nuestro acercamiento a esas realidades es poético. Y cuando se trabaja de esa manera, te empiezas a alejar de clichés, de los panfletos. Tenemos mucho cuidado de no cometer esos errores… Nuestra posición ideológica siempre tiene que ver con la posición ideológica del personaje. No tenemos la necesidad de soltar un discurso, no. Queremos sumergirnos en su contexto, seguir al personaje, ver qué es lo que piensa, qué sueña, cuál es su mundo interno. Una vez allí, lo que queda es la realidad del personaje, con una subjetividad determinada… es lo que buscamos llevar al espectador.

Luis: Nos interesa ser fieles a los personajes. Focalizar a través de la mirada del personaje que es quien te acerca a la historia. Hay que colocar al espectador en los zapatos del personaje. Para nosotros no hay mayor elucubración intelectual acerca de ese tema. Se trata de una búsqueda intuitiva. De algo que sea verdadero ¡Evidentemente hay un trabajo con la actriz, con el actor, con el espacio! Pero nos esforzamos por ser fieles a nuestro compromiso ético. Existe una cosa mágica que se activa al conocer la dimensión interna del personaje. A mí, me interesa mucho el mundo de los sueños, el inconsciente, es fundamental que sea reducido a nivel de puesta en escena. En ocasiones la energía interna es más importante que el contexto.

—Pero, para trabajar juntos haciendo películas ¿han tenido que desarrollar alguna “técnica” para repartirse las responsabilidades en la co-dirección?

Luis: El rodaje para nosotros es una etapa fundamental de la creación cinematográfica. Es el momento que más disfrutamos de todo el proceso. Es el instante, eso creemos, que uno está relacionándose directamente con la vida. Somos dos realizadores trabajando juntos, y cada uno quiere vivir ese momento intensamente.

…y ese querer vivir el momento ¿no les genera conflicto?

Andrés, se ríe: Sí. Mi hermano y yo podemos no estar de acuerdo en todo. Quienes nos conocen, quienes han trabajado con nosotros saben que podemos llegar a tener una discusión intensa, delante de cualquier persona. No lo estamos escondiendo. No tenemos una pose. No buscamos mostrar un total equilibrio falso, una felicidad falsa, porque el trabajo que hacemos es muy pasional, y cuando tú realizas un trabajo así, no estás pendiente a interpretar un papel.

Luis: A veces es difícil ponernos de acuerdo sobre quién hará la cámara. Y podrá sonar algo infantil, pero no lo es, porque el que hace la cámara tiene la oportunidad de vivir dentro del cuadro cinematográfico. Es así. Quizá algunos solo verán una discusión acalorada, pero es solo algo del momento, de la pasión. Para la mayoría de las cosas, tenemos un entendimiento que yo diría inconsciente. Con miradas, con gestos, nos entendemos. No hace falta hablar mucho, ni entrar en conversaciones bizantinas.

Ya que entramos en asuntos del rodaje, el actor Aníbal Grunn me contó que ustedes suelen grabar una escena muchas veces “16, 17 veces”, me dijo. ¿Qué obtienen de ese proceso?

Luis: En un rodaje se persigue un momento único, que a veces es fugaz. Nos gusta hacer varias tomas para explorar en la capacidad del intérprete, la forma de conseguir variaciones de una misma situación: gestos imprevistos que surgen de forma natural.

Pienso que la reiteración procura hallazgos que no están congelados o preservados desde el ensayo, sino que en el rodaje empiezan a cobrar una vida orgánica. Y es lo que te va dictando hacia dónde va el camino de la escena, del trabajo actoral.

Ustedes tienen fama de no tener máscaras ante la gente, muchos menos ante las actrices y los actores. Esa “frontalidad” (perdón por el término) ¿les genera problemas al momento del rodaje?

Andrés: Cuando se tiene una búsqueda muy específica, y se tiene claro lo que quieres hallar en un actor, no puedes menos que ser una persona auténtica. No sirve llegar con manipulaciones, con disfraces, con una pose. Procuramos la autenticidad. En el medio, la gente nos conoce, por eso nos acercamos de la manera más directa y más profunda posible a una actriz, a un actor. En mi opinión, hay que alejarse de esa pose de artista, de cineasta. Lo nuestro, es un trabajo artesanal. Lo vemos como un oficio. Un oficio que pudiera tener un obrero que acude a montar bloques porque está construyendo una vivienda. El valor es el mismo que tiene cualquier otro trabajador.

Digamos que el cine venezolano no es hoy una industria que permita a un director volverse famoso y adinerado ¿Qué los motiva a hacer películas en Venezuela?

Andrés: Sin duda alguna. El tipo de películas que nosotros realizamos, está muy alejado de lo que se considera comercial. Nosotros pudiéramos hacer una película de terror, sin duda, y creo que sería una película interesante, por el hecho de que nuestro cine tiene un hambre importante de expresarse. Y no porque pensemos que tengamos que decir cosas, sino que es una necesidad, como la que puede ser la de tomar agua, de buscarle sentido a la vida, a este plano terrenal en el que nos encontramos. Hacer cine nos ha dado un asidero en este mundo. Nunca nos preguntamos cómo será recibido por el público nuestro material. Nunca existió en nosotros ese dilema de si la película funciona a nivel de taquilla. Hacemos las películas que nos interesan, optamos por los personajes difíciles, disfuncionales. Perseguimos sí, remover las fibras sensibles del espectador. Obviamente el cine es también entretenimiento. Pero el hecho cinematográfico está allí, y existe para expresar una visión del mundo. La nuestra es mucho más íntima, es visceral.

y… ¿De qué vive un cineasta en Venezuela?

Luis: Te respondo con una anécdota. Andrés y yo hicimos un documental que se llama “Los sueños José Castillo”, por el que no cobramos absolutamente nada. Pero es un documental en el que tuvimos la posibilidad de conocer, íntimamente, a uno de los precursores de los dibujos animados, a una especie de Armando Reverón del cine. Sin dudas, un personaje maravilloso, un hombre muy humilde del 23 de enero. Él trabajaba directamente sobre la película, rayándola, dibujándola de una forma absolutamente artesanal, sin gran apoyo de nadie.  Pero su obra llegó a ser conocida internacionalmente: en Canadá, en Japón. Nuestro beneficio no fue económico, simplemente la oportunidad de trabajar con este personaje, dueño de una profundidad espiritual y creativa. Nuestra prioridad ha sido, elaborar un trabajo estético riguroso y con nivel.

Para hacer cine, eso es un hecho, se necesitan recursos económicos y técnicos, quiero saber si cuando han realizado una película con recursos o el auspicio de una institución del Estado ¿han debido censurarse?

Andrés: Sigo yo… —dice mirando a Luis— Nosotros hemos trabajado con la Fundación Villa del Cine, haciendo varios documentales y películas, En nuestra experiencia, la gente de la Villa ha estado abierta a nuestras temáticas. Han entendido que nosotros tocamos temas difíciles y que nuestro acercamiento a esos temas es crítico. Saben que tenemos una mirada particular sobre los temas que abordamos y, realmente, bajo ninguna circunstancia han tendido a censurarnos… y obviamente nosotros, bajo ninguna circunstancia, vamos a censurarnos…

Luis: Y es que cuando elegimos hablar de un tema, lo hacemos a profundidad. Y no puede haber concesiones. Nuestra forma de trabajar se orienta a un cine exploratorio, de descubrimiento, es el que hacemos. Quien tiene la cámara en la mano, tiene el poder, pero no el poder de avasallar, sino el poder de expresarse… y esa es nuestra forma de trabajar.

Ustedes han hecho un racimo de películas. ¿Existe alguna que han soñado y aún no han podido hacer?

Luis: A veces por cuestiones del destino nos encontramos con personajes, con situaciones que merecen estar enmarcadas en una pantalla de cine. Algunas de esas situaciones te generan una urgencia radical, y cuando nace esa urgencia, sabes que te topaste con la película, y la película hay que realizarla de alguna forma, aunque nunca sabes cómo eso se hará.Está claro que nada está escrito, y que no hay nada planificado cuando decides hacer una película. Son caminos insondables, aunque la frase suene estereotipada. Hay que fortalecer la idea de que la creación cinematográfica es acerca de la vida que el cine es vivir, esencialmente lo que queremos.

Andrés: Sin duda alguna nosotros sentimos que no hemos hecho la película que deseamos hacer… Pero también creo que, si tú le haces esa pregunta a cualquier cineasta, también sentirá que no ha hecho la película que quiere hacer.  Nosotros, guardamos la esperanza de poder realizarla. Siempre hemos trabajado con situaciones de producción bastante difíciles. No hemos tenido la situación ideal como para trabajar con bastante filigrana, y hacer un trabajo mucho más acabado. Creemos en ser críticos de todo lo que hemos hecho. Eso nos mantiene en movimiento. Ahora mismo recuerdo unas palabras del director italiano Michelangelo Antonioni: hacer una película es vivir. Lo que nosotros estamos intentando es vivir por medio del cine, pero no vivir en el sentido de lo material. Me refiero a existir, dentro de este gran caos y de poder sobrellevar este gran sin sentido, haciendo cine.

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Ernesto J. Navarro es periodista y escritor, autor de tres poemarios y la novela Puerto Nuevo. Ganador del Premio Nacional de Periodismo 2015. RRSS: @ernestojnavarro

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