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Madelein García, corresponsal 24/7

Durante una larga conversación con Madelein García, en la que hablamos sobre periodismo, recordamos el caso del sudafricano Kevin Carter, fotógrafo que en marzo de 1993 capturó en Sudán la imagen de un niño desfallecido de hambre estaba siendo acechado por un buitre.

La fotografía, alegoría de la hambruna que padecía África en ese momento, y que abofeteó al mundo entero, no sólo le valió a Carter un premio Pulitzer en 1994, sino también el apodo de “el segundo buitre”. Lo que ocurrió después de que Carter capturó la fotografía, quedó relegado en el debate. Es cierto que el fotógrafo hizo la foto y espantó al pajarraco, pero la idea de qué era lo correcto, si debía hacer la foto o socorrer al niño, jamás desapareció de su vida… hasta llevarlo al suicidio.

Esto viene a cuento porque en 25 años de ejercicio periodístico, Madelein ha sido corresponsal en diferentes escenarios de conflictos armados, pero también en zonas de desastres, y siempre surge la pregunta sobre los conflictos éticos que un periodista debe resolver en cuestión de segundos. Por ejemplo, si estás grabando un conflicto y observas a una persona que avanza con un arma de fuego, hacia otra persona que está de espaldas y no sabe que van a dispararle, ¿el periodista debe alertar al incauto o esperar a que esté tendido en el suelo sobre un charco de sangre para tener “la foto” del momento? Es una lección que debió aprender a la mala, durante una cobertura en Haití, cuando un grupo de personas capturó a un antiguo represor y, en plena calle, lo linchó. Terminada la golpiza y mientras el hombre exhalaba sus últimas bocanadas de aire, uno de los manifestantes levantó sobre su cabeza una roca de tamaño considerable, con la que le asestaría el golpe de gracia. Ella, sin saber nada de creole, comenzó a gritar que no lo hiciera, que ya estaba muerto. El manifestante la miró un segundo y dejó caer la roca a un lado, acto seguido, quitó los zapatos al cadáver y los mostró al grupo como trofeo de guerra. Aún la excitación de ese momento no había terminado, cuando Madeleín volteó y debió entonces enfrentar el reclamo de los otros corresponsales, quienes la increparon por haberles quitado, quizá, la foto del momento. No obstante, ese episodio, la experiencia no da por resuelto el debate, al menos no para ella.

Nacida en Maracaibo, Madelein se graduó de Comunicadora Social en la Universidad Católica Cecilio Acosta (UNICA), y antes de ingresar al canal TeleSur, donde ha transcurrido el grueso de su carrera profesional, pasó por varias emisoras de radio y por los canales Venevision y Televen.

Como suele suceder en esta profesión, debió aprender a la mala el oficio de corresponsal en zonas de conflicto. Fue enviada a cubrir el golpe de Estado contra el presidente José Manuel Zelaya en Honduras, ocurrido en 2009. Era una novata en esas lides y más de una vez, me cuenta, se vio superada por las lágrimas y la incertidumbre. Pero al año siguiente, cuando debió cubrir el terremoto de Haití, descubrió que la costra que se le formó en Honduras, aún requería de otras capas. Y es que ¿quién está preparado para caminar sobre una alfombra de cadáveres?

Por su trabajo audiovisual, Madelein ha ganado dos veces el Premio Nacional de Periodismo y sus documentales han sido mostrados en festivales de Buenos Aires y La Habana.

Pudiera decir, que a estas alturas y con su experiencia, es una mujer aguerrida, con un desarrollado instinto para la noticia y que, a la vieja usanza, cultiva sus fuentes de información con celosa rigurosidad, y no por eso deja escapar detalles que son su ABC cuando enfrenta un trabajo complicado. Esto se refiere a identificar en cada lugar: puestos de seguridad, socorro, alimentación, conectividad y, como no, una peluquería…

La primera vez que me crucé con Madelein, fue en los pasillos de la UNICA, desde entonces hemos sido colegas de un oficio cada vez más retador. Y justamente por eso, porque la conozco, esta entrevista se hace mucho más difícil.

—¿Empezamos? —le pregunto.

—Cuando vos queráis…

“Nadie nos prepara para ver la muerte”.

—Bien. Madelein, durante buena parte de tu carrera profesional te ha tocado ejercer como corresponsal en zonas de conflicto o desastre, lo primero que quiero preguntar es ¿qué cosas pueden preparar a un periodista para mirar de frente a la muerte?

—Nadie nos prepara para ver la muerte en las zonas de conflicto. Lo primero que se me viene a la mente es esa conseja popular de que “al inocente lo salva Dios”, es decir, puedo recordar muchas ocasiones en las que estuve frente a eventos que fueron mucho más graves de lo que yo creí.

He aprendido a pensar con anticipación qué debo a hacer, por dónde debo tratar de salir, qué cosas son una amenaza. Nunca te fijas si te vas a morir o no. De hecho, Ernesto, creo solo una vez lo pensé: si yo voy a una guerra, bueno, me tocaría lo mismo que a un soldado. Quiero decir, estoy aquí, esto es lo que me apasiona, esto es mi vida, y me tocó, y ya. Pero ciertamente nunca se está preparado para eso, porque además la muerte te puede sorprender, incluso sin estar en una zona de conflicto.

Obviamente, en una zona de conflicto corres más riesgos, pero al final, eso creo, tenemos un destino escrito y es Dios el que te lleva por tu camino. Me ha tocado cubrir zonas en las que ocurrieron terremotos, golpes de Estado, fuegos cruzados, pero tengo una fuerte convicción: esto es lo que quise hacer. Si volviera a nacer, sería nuevamente periodista. No lo dudo. Es lo que me apasiona y creo que la pasión, y la defensa por contar la verdad es vital para mí.Los periodistas tenemos una enorme responsabilidad. De acuerdo con lo que tú puedas contar, y cómo lo puedas contar, contribuyes al amor o la guerra. Hasta ese punto llega nuestra responsabilidad.

—Mira esto. En nuestro medio se dice que los periodistas de sucesos, por ejemplo, están tan expuestos a hechos violentos que miran un cadáver y ya no sienten nada. ¿Te pasó eso a ti? ¿Puede un periodista insensibilizarse ante un escenario de imágenes terribles?

—Te cuento esto. Cuando hubo el terremoto en Haití caminábamos, literalmente por encima de un montón de cadáveres. En otra circunstancia, si yo no hubiese estado trabajando, esa imagen me habría causado estupor, me habría dado mucho miedo, y déjame decirte Ernesto, que yo soy demasiado sensible. Pero bien, yo veía los cadáveres y narraba y contaba lo que ahí estaba sucediendo, ese era mi trabajo. Creo que, ante un evento de esa naturaleza, como nos explicó un profesor de psicología de la universidad, uno se despersonaliza. Suele suceder. Si un periodista teme, digamos, a los perros, en una cobertura es capaz de apartarlo con sus manos para seguir trabajando. Los periodistas en zonas de conflicto nos despersonalizamos. Es la única forma de ver tantas cosas terribles y que no te causen tanta impresión. Pero luego llega un momento de calma y, en mi caso, te estremeces, y me ha pasado que lloro desconsoladamente. Ves toda la película en tu mente. Nunca he podido dejar de sentir eso, de condolerme con el otro, y eso también es parte de la historia, del relato que estamos contando sino ¿cómo lo cuentas entonces? Pero a pesar de todo lo visto y de la experiencia, jamás me he vuelto insensible. Al final te metes en la historia y terminas viviendo lo que está pasando. Me ocurrió en Haití. No entendía el idioma creole, pero la gestualidad de las personas. Lo mismo en Turquía. Todas las emociones son extremas.

—Durante tu carrera te he visto en lugares devastados por terremotos, en zonas de desplazados o cubriendo elecciones en países donde TeleSur no les hace mucha gracia. ¿En algún momento sentiste amenazada tu seguridad personal?

—Sí, más de una vez…

Vale. ¿cuenta alguna?

—A ver… te cuento esta. Durante los eventos tras la muerte del presidente Jovenel Moïse, en Haití, fuimos a cubrir el entierro en su pueblo natal. Los habitantes, (como luego se confirmó) señalaban de responsables a los extranjeros, sobre todo a los blancos y habían levantado barricadas a lo largo de muchas calles. Debimos abandonar los vehículos y tomar motocicletas para que nos llevaran de vuelta al hotel. Atravesamos atajos, matorrales, trochas, queriendo evadir las barricadas, porque las personas estaban armadas. Y a pesar de todo eso salimos justo en una calle donde estaba la primera barricada. Cuando nos vieron con cámaras, nos detuvieron. Nos advirtieron que no grabáramos. Esperamos el vehículo, y el chofer que hablaba algo de español nos indicaba dónde había personas agazapadas, para que no grabáramos. Así que opté por hacer tomas con mi teléfono celular. Fue un recorrido de algunos kilómetros, pero casi muero de la angustia ya que al mismo tiempo quería grabar. También recuerdo que, durante el golpe de estado en Honduras, fuimos a un lugar donde desaparecían a los campesinos. Nos abordaron unos militares golpistas. Nos quitaron los pasaportes. Yo le decía al camarógrafo estuviese pendiente pues nos podían sembrar drogas. Se me ocurrió simular que estaba hablando con ministro, era una mentira, pero sirvió para que el militar le bajara dos. Luego tuve que envalentonarme, porque a las mujeres cuando nos ven débiles nos quieren pisar. Digamos que esa vez se me salió el maracucho (se ríe).

Madelein y un momento así, ¿cómo te resguardas? ¿actúas por instinto de supervivencia o eso también es entrenamiento que te da el oficio?

—Yo creo que haber realizado coberturas de situaciones de conflicto, te otorga un background sobre cómo poder actuar, dónde resguardarte. Sucede algo y es que todas las situaciones son diferentes, pero evidentemente el oficio te permite tener una reacción ante situaciones que pudieran parecerse. Por otra parte, creo que hay un ángel, algo de suerte para estar atento a lo que sucede alrededor, porque si no te resguardas tú terminas siendo la noticia. La tarea del periodista es contar, por eso hay que tener precaución, prudencia, pero evidentemente el oficio te da ese entrenamiento.

Ahora, quiero preguntarte sobre este tema. Si bien es cierto que cuando uno trabaja para un medio, entiende que ese medio tiene una línea editorial, es decir una forma de ver el mundo, pero, ¿en alguna ocasión te censuraron o te viste obligada a modificar un trabajo debido a la línea editorial del canal?

—No, para nada. Siempre he tenido mucha libertad. Me ocurrió sí, trabajando para el canal Televen durante el golpe de Estado del año 2002. No me cambiaron nada, pero me censuraron, es decir, el canal decidió no publicar ninguno de mis trabajos porque entrevistaba a dirigentes del chavismo en el estado Anzoátegui. Lo hicieron porque, evidentemente, Televen apoyaba el golpe de Estado. Pero una vez que se revirtió el golpe, necesitaban equilibrar la pantalla, fue ahí cuando comenzaron a publicar mis trabajos. Fue una clara censura. En TeleSur siempre hemos salido a contar las historias, y las cosas, de manera rigurosa. Eso te lo puedo asegurar. Puede haber muchos matices en una historia, pero todas las cosas tienen como principio que usted va a llegar al sitio a ver qué puede estar sucediendo y va a contarlo. Eso se llama tener rigurosidad en el trabajo para contar la verdad.

¿Qué tipo de historias te gustaría poder contar en TeleSur que aún no has tenido la oportunidad de hacer?

—El turismo. Porque es una actividad está ligada con la identidad, también con la política, y con la manera de sentir de los pueblos. Considero que eso es lo que me gustaría contar: el turismo visto desde la experiencia. Ahora que la tengo, me encantaría.

—Madelein, incursionaste en la producción de documentales, particularmente en temas de política local, ahora bien, en un país como Venezuela, donde las parcialidades políticas son dos aguas, muchas veces irreconciliables, ¿qué función tiene hacer un documental?

—Muchísima. Como te dije, las historias hay que contarlas de manera rigurosa, y en los documentales que hice abundan los documentos, las fuentes, los hechos rigurosos. Son los hechos los que hablan. Su función, es que permiten, a lo largo del tiempo, confirmar que lo que ocurrió fue verdad. Ayudan a descubrir la verdad de un evento. Documentar lo que sucede es importantísimo. Creo que es el género que más me gusta.

“En este escenario de redes sociales se ha perdido mucho del periodismo”.

¿Podrías nombrar al menos un periodista, mujer u hombre, que consideres un referente en tu carrera profesional, y por qué lo consideras un referente?

—En este escenario de redes sociales se ha perdido mucho del periodismo. Es difícil encontrar un referente que te permita ser ejemplo de cómo, incluso con tu opinión política o subjetiva, superar esa subjetividad para poder darle paso a lo que realmente está sucediendo. En el caso de Venezuela me da la impresión de que tardaremos unas dos décadas en volver a tener un periodismo de calidad. A nivel internacional, me identifico con la periodista palestina Shireen Abu Akleh, (asesinada por el ejército de Israel). Ella estaba contando lo ocurrido y se arriesgó. Siempre se arriesgaba para contar la verdad de lo que estaba ocurriendo en Palestina. Me identifiqué mucho con ella, porque sabía que en cualquier momento podía morir, pero si moría, lo haría buscando contar la verdad.

Madelein, después de todo lo contado quiero saber ¿de qué forma ha marcado tu carrera, ser corresponsal en eventos como el golpe de estado en Honduras (2009) contra el presidente José Manuel Zelaya o el terremoto en Haití (2010)?

—Muchísimo. Soy una persona diferente antes y después de esas dos experiencias, porque fueron dos extremos: uno un golpe de Estado y otro un golpe de la naturaleza. A partir de ahí yo me quedé enganchada con la historia de Haití y su pueblo, lo mismo que con Honduras. Es llamativo que el tiempo le dio la razón al pueblo de Honduras. Ahora está en funciones como presidenta Xiomara Castro, esposa del entonces presidente Zelaya, y eso es una gran lección histórica sobre la resistencia de ese pueblo.

¿Existe alguno de esos eventos que hemos asomado, que consideres la historia más difícil que ha tenido que cubrir y por qué?

—Es que cada una de esas coberturas tuvo sus propias complejidades. En Honduras, TeleSur fue el único medio que decía la verdad, por eso terminó siendo un objetivo militar. Nos persiguieron, nos sacaron dos veces de un hotel. En un momento salí de ese país y para reingresar, el camarógrafo y yo debimos escondernos en la maleta de un vehículo, debajo de los equipajes, en carros que eran de una caravana de periodistas internacionales. Ellos nos protegieron y a pesar de que cada medio va a cubrir su historia, el trabajo era una causa común. Fue algo riesgoso, lo sé, pero si comienzo a decirme “no lo voy a hacer” por tal razón, no habría obtenido la historia. Vivo mi profesión con mucha intensidad. No concibo la vida sin pasión y sin intensidad.

—…y hablando de eventos difíciles. En los últimos años los migrantes venezolanos han ocupado mucho espacio en la prensa internacional, ¿Cuál es tu opinión sobre este asunto?

—Eso es un fenómeno derivado del ataque contra Venezuela, y tú me dirás que eso es muy subjetivo.

Yo lo veo así. En cualquier país del mundo, donde no hay una situación favorable, económicamente hablando, la gente migra. Eso es un hecho, un hecho económico y un hecho social: la gente emigra por razones económicas. En nuestro caso trataron de estrangular la economía y la gente, evidentemente, buscará en otro país lo que acá no puede conseguir. Fue una vía de escape.

—Hiciste un documental sobre ese tema, “Migrantes venezolanos”.

—Así es. Fue un documental sobre cómo ocurrió ese fenómeno. Nos encontramos con cosas alarmantes. En Colombia los migrantes eran llamados “Los Caminantes”. Se supone que, del lado colombiano de la frontera, habían recibido dinero para ayudarlos desde que entraban a Cúcuta. Allí había un pasillo donde estaban las ofertas de las organizaciones no gubernamentales (ONG). Veían pasar a los migrantes como un reality show. Jamás les facilitaron transporte, para que se trasladasen a un punto. Les interesaba únicamente registrar la cara el dolor, el sufrimiento de Los Caminantes venezolanos.

Pasó lo mismo en la frontera con Brasil. En ese país me hice pasar por migrante y una funcionaria de ACNUR me dijo que en ese momento yo podía pasar como solicitante de refugio y no como simple migrante. Le dije que yo buscaba una mejoría económica, que nadie me está persiguiendo. Pero la firma de esos expedientes, con solicitudes de refugio, iban a Naciones Unidas y eso se convirtió en un negocio. Cada firma de esas solicitudes suponía recursos de los que se apropiaban las ONG, a costa del sufrimiento de los venezolanos.  Así que todo el tema de los migrantes tiene su fondo y su razón política.

¿Existe alguna historia sobre migrantes venezolanos que te gustaría  recordar?

—Sí. Yo conté muchas historias de ellos. Hubo una, la de un peluquero en Brasil. Me contó que se fue del país porque tenía una hija muy enferma, y no conseguía medicamentos. Relató que había decidido salvar a su hija de cualquier manera. Instaló una peluquería, le fue muy bien, pero algo me dejó claro, dijo “yo no me vine porque estuviese en contra del gobierno o porque me estuvieran persiguiendo. Estoy consciente de lo que nos hicieron, que eso afectó a mi familia y casi muere mi hija. Tuve que venir para salvarla”. Esa es una realidad.

Luego conocí a una chica venezolana a la que le hicieron firmar un expediente de solicitud de refugio y no como migrante económica. Ella me relató que ese documento se lo dieron muy rápido, pero luego le ralentizó todos los trámites burocráticos porque una solicitud de refugio es muy distinta de alguien que solo busca trabajo, y ella era una perseguida.

Me gustaría seguir contando esas historias, para mostrar que detrás de todo esa situación, hubo una operación en contra de los venezolanos.

“Es que el gran desafío en este país es, precisamente, tratar de dar la vuelta al periodismo”.

—Volvamos al tema del ejercicio del periodismo. Yo tengo la convicción de que la polarización política metió al periodismo venezolano en un laberinto de partidos políticos de donde no ha logrado salir hace rato ¿No te parece aburrido el periodismo actual?

—Es que el gran desafío en este país es, precisamente, tratar de dar la vuelta al periodismo. Que los medios nos permitan contar qué dice cada parte del espectro. Cómo pasa una cosa y cómo ocurre otra contraria.

El periodismo lo haces aburrido tú mismo, si te dejas llevar a esa polarización. Un periodista pregunta y cada quien ofrece su respuesta. Creo que ese es nuestro gran desafío.

Madelein, trabajaste como periodista en varios medios televisivos privados de Venezuela antes de pasar a TeleSur, quiero decir, posee un panorama del ejercicio del periodismo en Venezuela,  para tí, ¿Qué ha cambiado del periodismo en los últimos años?

—Muchísimo. Cuando yo ingresé al canal Televen, había periodistas muy fuertes en todos los canales de televisión, y era un periodismo de investigación, de cultivar la fuente. Esta situación ha hecho que el periodismo decaiga.

Los periodistas que tenemos fuentes y que podemos mantenerlas, de un lado y de otro del espectro político, las mantenemos porque tenemos oficio. Pero a las nuevas generaciones les cuesta mucho conseguir fuentes confiables, o que creen en ellos, o en la comunicación, es muy difícil, porque la manera de comunicar ha cambiado. Y para volver a hacerlo costará muchos años.

Con la explosión de las redes sociales ¿se acabó el periodismo que conocimos en la universidad?

—Sí, completamente. Habrá que volver a los inicios. Tenemos un colega de Últimas Noticias, Eligio Rojas al que siempre le digo lo mismo, que me sorprende que nunca abandona su libreta de notas. Mientras todos están con los teléfonos celulares, él no deja de tomar apuntes. Así debe ser, porque al final siempre todo vuelve al mismo punto del que partió.

—Ya que hablas de celulares voy con esta pregunta. Tú eres muy activa en las redes. Tu cuenta de Instagram tiene 110 mil seguidores y la de X casi 150 mil ¿Qué importancia tienen para ti estos números?

—A ver yo nunca he escrito pensando en ese número. Yo hago mi trabajo sin pensar que eso le va a gustar o no, a alguien. Si lo hiciera de esa forma me coartaría. Mis cuentas han crecido de manera orgánica. Creo que la gente sigue a otras por muchas razones: por la autenticidad, por lo que escribe o porque se pueden sentir identificados. Para mí, son una plataforma, y esos números representan un compromiso, una responsabilidad al momento de comunicar. Cualquier número, así sea uno, dos o tres debería serlo.

—Visto el avance de la inteligencia artificial, ¿el periodismo será una profesión extinguible?

—¡No! Yo creo que nunca se va a extinguir, va a mutar y tenemos que adaptarnos a los nuevos tiempos Eso sí. Pero quién hace la inteligencia artificial: los seres humanos, entonces con la inteligencia artificial el grandísimo desafío es mantenernos en el tiempo, mutar sobre la base de lo que existe y utilizarlo como herramienta y alternativa para la profesión.

Madelein, tú cubres la fuente que se conoce como “alto gobierno”, entonces ¿tú haces periodismo a favor de una parcialidad política del país, a favor del gobierno?

—Cubrir al gobierno no quiere decir que yo sigo una parcialidad política. Yo cubro una fuente, es lo que hago. Es una fuente que hay que contar y ahí lo estoy haciendo.

—Te comparto otra opinión. A mí me parece que, durante mucho rato, el periodismo venezolano le habla solo a la parcialidad política de la que se siente cercana, para ti ¿puede existir un medio de comunicación o un periodismo que camine por el filo de la navaja?

—Vuelvo a hablarte del desafío del periodismo. Hay que hablarles a las comunidades, y tú me dirías, Ernesto, bueno eso es lo que hace una parcialidad política. La verdad es que nosotros estamos llamados a contar lo que dice una parte, ya también la otra, eso es lo ético. Siento que la gente está ávida por conocer lo que dicen unos u otros. De allí se genera la credibilidad y la confianza. Que la gente saque sus propias conclusiones, pero tienes que darles la oportunidad a unos y a otros de que expresen su voz.

Cómo no decir, por ejemplo, que María Corina Machado invocó varias veces que sancionaran al país, que nos invadieran. A algunos no les gustará que se lo recuerden, pero es un hecho. El gobierno rechazó esas sanciones. Esos son los argumentos de cada parte. Habrá quien escoja irse por la muerte o por la vida.

Madelein, tú eres una periodista con muy buenas fuentes y con acceso al gobierno. ¿Has tenido algún problema con funcionarios del gobierno venezolano por tu trabajo periodístico?

—No. Creo que son los gajes del oficio, podría decir que lo normal. Un periodista se expone a muchas cosas, nadie se corta las venas porque te digan algo de una forma, repito, es parte del trabajo diario. No siento que haya tenido un problema grave. Todo lo que ocurre alrededor de una situación es parte del trabajo.

He escuchado a varios periodistas de medios privados decir que en Venezuela no se pueden hacer preguntas incómodas a los ministros o al presidente ¿Tú cómo lo ves?

—Mi impresión es que los políticos tienen sed de que uno les haga preguntas interesantes. Yo uso una fórmula: “esto es una pregunta obligada y se la hago con todo respeto”. Puede haber preguntas incómodas, pero también un periodista debe estar dispuesto a recibir una respuesta incómoda.

¿Cómo te va entrevistando políticos de la oposición venezolana?

—A mí me va bien, fíjate. Cuando te ganas el respeto de todos, y tratas a todos con respeto, tienes acceso a cualquier tipo de fuentes. No me he topado, por ejemplo, cara a cara con María Corina Machado, pero sí me tocó con Juan Guaidó… y lo entrevisté. Y él decía lo que le parecía, y le hacía las preguntas, independientemente de lo que pensara de él. La clave es el respeto por el otro. Me respetan porque soy una periodista también respetuosa al momento de preguntar. Quizá, al momento de hacer una pregunta, algún vocero me diga “no faltaba más”, porque trabajo para TeleSUR que es del gobierno, etc… pero no importa, es la pregunta que debía hacer.

¿Has recibido condenas por tus opiniones políticas?

—¡Muchacho! (doce con todo maracaibero) Mirá, yo publico y no leo nada, porque de algún modo u otro te afecta. No te imagináis la cantidad de cuentas que abrieron después de lo ocurrido el 23 de febrero de 2019, cuando se desmanteló el plan de la oposición en el puente de Las Tienditas. Luego de eso se hicieron grupos de WhatsApp, cuentas falsas de redes sociales, me publicaban fotos de hombres mostrando sus genitales, decían que buscarían a mi mamá y le iban a picar en pedacitos… dijeron muchísimas cosas. Por eso no veo los comentarios, yo publico. Generalmente me entero por algún amigo. Pero no me aferro a eso, porque si no podría vivir. Que si me han condenado mi opinión es política, Pues sí, pero bueno, qué se le va a hacer.

—…y ¿alguna vez te tocó retractarte de algún asunto publicado? ¿Cómo se enfrenta una situación así?

—Sí, claro. En alguna oportunidad me tocó y bueno. Se enfrenta con la verdad y con la dignidad en alto Me equivoqué, lo dije, lo asumo y rectifiqué. Esa es la verdad. Creo que también hace falta mucha humildad. Por qué no equivocarte, una debe permitirse equivocarse y asumirlo, es humano errar.

—Vamos aterrizando. Se vienen las elecciones presidenciales y Venezuela siempre es colocada debajo del microscopio, desde tu experiencia ¿Qué cosas serán relevantes en esta elección presidencial?

—Mira que estos días estaba haciéndome la misma pregunta. ¿Qué cosa sería relevante para mí, que ya sumo 25 años cubriendo estas situaciones? Será mi última campaña electoral, digo, por mi edad, que no te voy a decir. Entonces saqué cuentas: en 2013 el chavismo votó por Chávez que recién había fallecido. En 2018 por la paz, y en este momento, considero que es el tiempo de Nicolás Maduro. Se trata de su personalidad, su liderazgo, lo que ha construido al calor de muchas cosas difíciles como intento de magnicidio, intentos de golpe de estado, de invasión, de sanciones ilegales. Este es su momento, y veo una secuencia de imágenes para mí, increíbles de contar

Cuando uno estudia periodismo, al menos en la época en la que estudiamos, nos machacaban eso de la “objetividad” ¿debe o puede un periodista ser “objetivo”?

—¡No! Es que eso no existe. Existen hechos objetivos, que es muy diferente. Qué debe contar un periodista: los hechos objetivos y de manera rigurosa, pero por qué quitarnos nuestras subjetividades, es imposible separarnos de ellas, ahora un periodista debe tener ética para contar los hechos objetivos y de manera rigurosa.

—Madelein ¿qué has sacrificado para poder ejercer periodismo como tú lo ejerces, con una dedicación 24/7?

—Quizás el tiempo para dedicarle a mis padres. Compartir más con familia, pero este sacrificio también es parte de este oficio. Yo soy indisciplinada en algunos aspectos de mi vida, sobre todo con los horarios. Siempre tengo una hora de retraso en mi vida, pero cada vez que llego temprano, nunca ocurren las cosas. Cuando llegó tarde, al contrario, siempre me salen bien. Eso no es una justificación, pero si me doy cuenta que a veces la vida se le va a los demás que me esperan, pero es lo que hay.

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Ernesto J. Navarro es periodista y escritor, autor de tres poemarios y la novela Puerto Nuevo. Ganador del Premio Nacional de Periodismo 2015. RRSS: @ernestojnavarro

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