¿A quién le importa Lionel Messi?

Un aficionado con un tatuaje del argentino Lionel Messi se encuentra frente a la casa del jugador en Barcelona el 9 de agosto de 2021. (Foto Josep Lago/ AFP)

Terminaron las olimpiadas y los titulares en medios de comunicación siguieron acaparados por el deporte. Ya no reseñando grandes hazañas ni contando medallas, pero sí atestiguando y analizando un capítulo capital en el devenir de un atleta mítico. Lionel Messi, a quien califican como el más grande futbolista vivo, abandonó sorpresivamente y entre lágrimas el equipo que lo formó y en el que jugó durante 21 años, el Barcelona FC. ¿Por qué esto es importante?

Incluso en Venezuela, donde el fanatismo por el deporte rey no llega ni de cerca a los niveles de otras latitudes, la noticia tuvo gran impacto. Estuvo por cuatro días seguidos en el primer lugar de las tendencias de todas las redes sociales y todos los medios deportivos dedicaron amplio centimetraje a reseñar, opinar y observar con lupa las implicaciones del despido del argentino y su contratación en tiempo récord por el Paris Saint-Germain. Hasta el presidente Nicolás Maduro se refirió al tema.

Sacaron a relucir sus estadísticas inéditas, sus grandes gestas, sus momentos de gloria y los datos más allá de la cancha. Se habló de su valor como marca, del impacto de su movida en el mundo de las criptomonedas, de las implicaciones políticas; salieron a la luz teorías conspirativas sobre un supuesto plan de los cataríes —acaudalados dueños del PSG— para conquistar el mundo, y en general de quién gana y de quién pierde con la noticia.

Mientras tanto, la audiencia solo asistía conmovida a presenciar una postal inaudita: ver a un fortachón argentino de 34 años, millonario y poderoso, ahogarse en llanto frente a una jauría de periodistas hambrientos, asegurando que lo que pasaba iba en contra de sus deseos. “No sé si podré hablar”, decía. En un mundo que reprime y se burla del llanto masculino, el evento era cuando menos llamativo.

Así como en el pasado pudieron decir de Lady Diana o de la Madre Teresa de Calcuta, Messi se convirtió en el hombre más fotografiado del mundo, más buscado por la prensa, más psicoanalizado a distancia y aunque durante su larga carrera su fama nunca ha sido pequeña, hoy más que nunca es omnipresente en el imaginario popular, en las conversaciones de cada esquina, en todos los grupos de WhatsApp.

¿Por qué el argentino genera tal fascinación? ¿Es solo talento deportivo? ¿Dónde está su magia? Repasemos su historia de la mano de una turista.

Retiran un cartel de Lionel Messi, que se marcha del Barcelona, ​​en el estadio Camp Nou de Barcelona el 10 de agosto de 2021. (Foto Pau Barrena/ AFP)

Primera advertencia

Paso a hablar en primera persona: No soy ni de cerca experta en deporte y mucho menos en periodismo deportivo. Cuando alguien me pregunta cuál es mi deporte favorito, suelo apelar a un breve divertimento que descubrí hace años diciendo a secas y con cara circunspecta “bailoterapia”; lo he incorporado como una respuesta automática que sé que descoloca a mi interlocutor y rompe el hielo. Pero realmente es así, el deporte es para mí un terreno inexplorado e incomprensible que solo visito como turista y a partir de lugares comunes. No sé si eso me hace la mejor o la peor indicada para escribir un trabajo sobre “Messi para no fanáticos”, como este que me ha sido asignado.

Consulté con mi amiga que sí sabe de fútbol, le pedí orientaciones para poder describir esa “magia” que rodea a Messi y en general al fútbol europeo sin darle tanto espacio a la estadística fría e incompresible, y en una nota de voz iluminadora me dijo: “Todos los deportes funcionan igual. Boxeo, atletismo, tenis o fútbol. En el deporte, al fanático lo que le gusta es lo extraordinario que tenga el atleta. El atleta te muestra algo que tú nunca puedes alcanzar. Eso es lo que divierte al fanático, que paga una entrada para ver algo que él nunca va a poder hacer y que más nadie hace, solamente ese jugador”. Supongo que no descubrió el agua fría, pero para mí fue una revelación.

Intercambiamos más mensajes y recordamos cómo a Diego Maradona lo apodaron “Dios”, a Pelé “El Rey”, a Michael Jordan “El Extraterrestre”, a Yulimar Rojas “La Reina”, y a Lionel Messi “El Mesías”. Sí, es gente fuera de este mundo que roza con la fantasía, igual que pasa con los superhéroes y la ciencia ficción. Y si además ese talento sobresaliente va a acompañado de una personalidad especial o enigmática, o peor aún, de afabilidad, como de hecho sucede en estos cinco casos, el lugar en la historia está garantizado.

Messi para dummies

Las características antes mencionadas existen en todos los ámbitos del conocimiento y de las habilidades humanas. Marie Curie y Albert Einstein, Simón Bolívar y Antonio José de Sucre, Wolfang Amadeus Mozart y Isadora Duncan también fueron seres extraordinarios. Pero sucede que solo que en el deporte hay, además, un coctel determinante: mezcla inteligencia, estrategia, fuerza bruta, belleza, y no se queda en los libros, es un espectáculo. No es una epifanía en un laboratorio o una biblioteca, sucede ante los ojos del mundo.

En el museo de cera Madame Tussauds de Berlín colocan la nueva camiseta del Paris Saint-Germain a la imagen de cera Lionel Messi el 11 de agosto de 2021(Foto Tobias Schwarz / AFP)

Así es como llegamos a la historia de Lionel Messi. Nació en 1987 en la ciudad argentina de Rosario —la misma cuna del Che Guevara y de Fito Páez—, en el seno de una familia de migrantes italianos. Comenzó a patear balones a los cuatro años de edad alentado por su abuela materna. A los seis ya se dedicaba a entrenar con seriedad y en general todo le iba saliendo bien con un plan de vida trazado muy precozmente hasta que a los once le fue diagnosticada una deficiencia hormonal que comprometía su crecimiento.

Frente a ese panorama, su familia se dedicó a buscar futuro para el jovencito en dos vías: el fútbol como carrera y el tratamiento para salvaguardar su salud. Ya estaba claro que sabía moverse en la cancha así que fue abriéndose camino la idea de que quizá no necesitaban dos soluciones sino una sola. El River Plate se ofreció a contratarlo y a asumir sus gastos médicos, pero no lograron concretar una oferta certera y en medio de esa indefinición el Barcelona FC pescó en río revuelto, ofreciendo un paquete imposible de rechazar que en la primera línea incluía responsabilizarse de todo lo necesario para que Lionel superara su condición de salud.

“Era muy bajito, casi no hablaba”, recuerda su colega jugador Gerard Piqué —esposo de Shakira—, quien lo conoció en esos primeros días, de 13 años y recién mudado a España. La historia parece realmente de película. Su primer contrato con la escuadra catalana, como bien esta semana lo han recordado hasta el cansancio todos los medios de comunicación, fue firmado en una servilleta por sus padres y los directos del club, quienes se sentaron a ultimar detalles sobre el futuro del niño prodigio en un bar de Barcelona.

Fue un matrimonio que bañó de gloria a ambas partes. Dos décadas después, Messi se va del equipo con un saldo de 35 títulos, entre ellos diez de La Liga y cuatro de la Liga de Campeones de la UEFA, así como siete títulos de la Copa del Rey.

Es el único futbolista en la historia que ha ganado, entre otras distinciones, seis veces el Balón de Oro (dos Balones de Oro y cuatro FIFA Balones de Oro), los cuatro primeros de forma consecutiva; seis Botas de Oro, un FIFA World Player y un The Best FIFA. En 2020, se convirtió en el primer futbolista en recibir un premio Laureus otorgado a deportistas extraordinarios.

Tiene los récords por más goles en una temporada. De hecho, deja España como máximo goleador de La Liga, la Supercopa de España, la Supercopa de Europa, y jugador no europeo con más goles en la Liga de Campeones de la UEFA, además de máximo goleador del F. C. Barcelona, y, claro de la selección argentina, para la que nunca ha dejado de jugar y de la que es capitán.

Esta lista de méritos y condecoraciones es solo demostración de un dominio de la técnica al más alto nivel, certificado por también por la ciencia deportiva que ha estudiado con empeño su habilidad para meter goles y para lidiar con los nudos críticos en el partido.

Y de esa grandeza viene la manzana de la discordia que lo hace salir del equipo que era su hogar: su salario, ya insufragable hasta para el segundo club de fútbol más valioso del mundo. Incluso con la oferta del propio jugador de rebajarlo a la mitad. Finalmente, la nueva escuadra que logró acogerlo zanjó su dieta en 40 millones de euros al año, reconfirmando así al argentino como el futbolista mejor pagado del mundo.

A estos datos sobre su épica deportiva se le suma una personalidad a veces indescifrable. Messi no tiene el sex appeal de Cristiano Ronaldo ni la personalidad atrevida de Maradona, tampoco es buen orador y ni siquiera es guapo, tampoco alardea de lujos, de fortuna ni de una vida de millonario en redes sociales, es un influencer inusual a pesar de tener 250 millones de seguidores en Instagram (varios millones más que Kim Kardashian). Y oírlo hablar es como escuchar a cualquier latinoamericano de a pie que trata de hacerse entender ante el mundo con un vocabulario a duras penas igual al del promedio. Quizá es justamente ahí en donde radica su mayor encanto. Es el mesías, pero a imagen y semejanza de los mortales.

¿Héroe, villano o antihéroe?

No es esto una apología al jugador. Así como para muchos es un héroe, para otros es un villano, especialmente ahora cuando según algunos, “abandonó al club que lo formó cuando más lo necesitaba”. O al menos eso me dijo otro amigo a quien también consulté para llenarme de valor antes de redactar esta nota.

“Parece ser que el barcelonismo no se ha tomado nada bien la salida de Messi y ahora le acusan de mentiroso y de pesetero. Que lo es, no vamos a negarlo porque es evidente. Pero antes de marcharse también lo era”, sentencian en una nota publicada por el portal Defensa Central en donde critican a la prensa catalana por supuestamente manejar un doble estándar en la narrativa alrededor del jugador.

El escándalo por la salida de Messi del Barcelona FC solo puede explicarse en el contexto del fútbol europeo y la fascinación que despierta, pero también viéndolo en perspectiva como el más álgido momento en la vida de una persona que la mitad del mundo siente como a un familiar cercano a quien visita todos los fines de semana, solo que no para almorzar sino para verlo jugar pelota desde la distancia (¿o cercanía?) de una pantalla. Si me lo preguntan a mí, en mi ignorancia sobre deporte no lo ubicaría en la casilla del héroe ni mucho menos en el de villano, sino en el del antihéroe.

Y creo que coincide el propio Diego Maradona, que en su momento lo dijo con mejores palabras: “Somos los dos zurdos, los dos ganamos un Mundial juvenil y los dos hicimos un gol con la mano… y no lo vieron, je”.

 

ENLACES PATROCINADOS

				
					<div class="fb-comments" data-href="<?php the_permalink(); ?>" data-width="100%" data-numposts="5">&nbsp;</div>
				
			
WP Twitter Auto Publish Powered By : XYZScripts.com