Cómo Miranda se salvó de la guillotina en plena Revolución Francesa

No pocas veces el caraqueño Francisco de Miranda fue detenido en Francia durante la Revolución. Las intrigas y las luchas intestinas a la vez que se batallaba contra fuerzas extranjeras creaban las condiciones para la traición.

Bajo ese cuadro de tensiones Miranda fue acusado y enjuiciado de negligencia y traición en la batalla ante el ejército austríaco en la ciudad belga de Neerwinden, el 18 de marzo de 1793. Todo por la traición de Charles Dumouriez, el General en Jefe de los Ejércitos del Norte, su superior, pero, ironías de la historia, una orden por escrito del mismo acusador, sería la prueba que salvaría de la guillotina.

Esta es parte de la asombrosa historia del venezolano cuyo nombre está grabado en al Arco del Triunfo en París.

Francisco de Miranda batalla en Francia a los 42 años.

Miranda se suma al Ejército francés

Miranda se suma a las filas del Ejército francés pocos meses antes de la batalla de Neerwinden por petición de su amigo, el entonces alcalde de París, Jérôme Pétion de Villeneuve.

El 24 de agosto de 1792, doce días después de la caída de la Monarquía en Francia, Miranda termina aceptando la propuesta de Pétion para luchar contra las tropas invasoras, con la condición de que, una vez devuelta la paz en Europa, le aprobaran su proyecto de liberación de Hispanoamérica.

Ya Miranda había triunfado en el 20 de septiembre de 1792 en Valmy bajo el comando de Dumouriez. Batalló contra los prusianos con tropas dirigidas por él mismo. Eran dos mil franceses contra seis mil enemigos.

Después de un día de batalla, los revolucionarios franceses logran la victoria, generando Miranda una muy buena impresión. Las tropas prusianas eran consideradas las mejores de Europa y las más disciplinadas.

Los dotes de Miranda

Los dotes militares de Miranda fueron reconocidos formalmente el 10 de enero de 1793, pues en ausencia de Dumouriez, el venezolano es nombrado provisionalmente General en Jefe de los Ejércitos del Norte, el cargo militar más importante de ese momento en Francia.

Además se piensa en Miranda por aquellos días en que Gaspard Monge, el ministro de Marina, anuncia su renuncia al cargo, aunque finalmente decide retractarse, manteniéndose en el Ministerio. El venezolano también se había convertido en blanco de ataques por sus reconocidos logros.

Solo un día después de Valmy, en París se proclamaba la República desde la recién instala Convención Nacional, donde también comenzaban a generarse diferencias entre los girondinos y los montañeses.

Miranda era simpatizante girondino, partido en el cual militaban muchos de sus amigos en Francia, como el alcalde de París. En el famoso cuadro de Miranda en la Carraca de Arturo Michelena se puede observar al venezolano con un zarcillo, símbolo girondino.

El triunfo en la batalla de Valmy en1792 le valió a Miranda el reconocimiento de sus superiores. (Óleo de Jean-Baptiste Mauzaisse, 1836)

El antecedente con Dumouriez

Durante una cena que compartieron Miranda y Dumouriez a comienzos de septiembre de 1792, días después del guillotinamiento del rey Luis XVI, el generalísimo francés le pide al venezolano acompañarlo a “restablecer la libertad” en París, a lo que este respondió con un rotundo no.

Doumouriez, viendo la firmeza de Miranda frente al proyecto contrarevolucionario, pretendió hacerle creer al venezolano que lo dicho se trataba de una broma, pero sus planes eran muy serios, y Miranda lo sabía.

Desde aquel momento se estableció el odio y la desconfianza entre los dos hombres.

Miranda estaba convencido de que la revolución estaba muy anclada en el corazón del pueblo francés.

El inefable Charles Dumouriez

La derrota de Neerwinden

Dos días antes de la batalla de Neerwinden, el 16 de marzo de 1793, Miranda, al mando de sus tropas, recupera la ciudad de Tirlemont (Bélgica), obligando a los austríacos a la retirada.

Pero para el siguiente enfrentamiento armado, que sería en la ciudad belga de Neerwinden, el Ejército francés no tenía la cantidad necesaria de hombres para vencer al austríaco, además de que el enemigo contaba con una posición de mucha ventaja en el terreno, a las alturas de Halle y de Villeré.

—¿Sabe usted —preguntó Miranda al General Dumouriez— el número de enemigos que tenemos en frente?

—Creo que se eleva a 52 mil hombres.

—¿Cuántos somos nosotros?

—Treinta y cinco mil.

—¿Cree usted posible que logremos desalojar al enemigo de semejante posición?

A este última pregunta el generalísimo francés declinó responder y Miranda terminó por decirle que contara con él. “No dejaremos de cumplir sus órdenes, atacando vigorosamente con cinco columnas”.

Miranda se fue a encontrar con sus lugartenientes y, con la orden en mano, los conminó a ejecutar el mandato del general en jefe.

La derrota en batalla de Nerwinden fue el motivo de las acusaciones y contracusaciones entre Miranda y Dumouriez

La orden de Dumouriez

La orden por escrito de Dumouriez a Miranda, que sería lo único que salvaría la cabeza del venezolano de la guillotina días después, estaba concebida en los siguientes términos:

“El General Miranda atacará por la izquierda, entre Orsmael y la Chapelle de Betania, tanto con sus tropas como con las del General Champmorin; pasará el río por todos los puentes y atacará con otras tantas columnas y vigorosamente al enemigo en su posición.

“Queda advertido que el ataque es general desde Overwinden hasta la Chapelle de Betania. La totalidad del ataque de la izquierda está absolutamente a sus órdenes.

“El general Champmorin debe necesariamente conservar el puente de Budingen y emplear en él una fuerza bastante imponente para poder, en caso de necesidad, amenazar al enemigo con un ataque de flanco hacia la parte de Leau, donde esta fuerza marcharía en columna…”

La derrota de Francia, que era prácticamente una muerte anunciada, sospechosamente comienza por el lado de las tropas que le tocó comandar a Miranda; la parte más débil y lejana del centro donde se encontraba el generalísimo francés y el grueso del ejército.

La falsa acusación

Tras la derrota del Ejército francés frente al austríaco, Dumouriez culpa a Miranda de lo ocurrido ante la Convención Nacional, acusándolo de negligente, y pide que el venezolano sea enviado a la barra de la Asamblea a explicar su conducta.

Esta acusación podía conducir a Miranda al juicio y a la muerte. En aquellos momentos, además de las derrotas de Holanda y Bélgica, se agregaba la gran sublevación de la región de La Vandée a favor de la Monarquía.

Reunidos en Lovaina (Bélgica,) el 21 de marzo de 1793, Miranda y Dumouriez sostienen una conversación que obliga al venezolano a escribirle a Petión para denunciar al general francés por la derrota de la batalla contra el Ejército austríaco.

La carta a Pétion

En la carta, Miranda señala que recibió por escrito y luego de forma verbal la orden de Dumouriez de atacar al Ejército austríaco, pese a que este contaba con un número de 52 mil hombres, superior al francés, que sólo tenía 32 mil para ese momento, además de encontrarse el enemigo apostado “muy ventajosamente”, “con una artillería temible”.

“No tuve tiempo sino de decir: cuente conmigo y no fallaremos en ejecutar vuestras órdenes, y de las cuales tres fueron conducidas por mí personalmente al ataque”, contó Miranda a Petión.

También informó al alcalde de París sobre las bajas: “Nuestra pérdida es considerable. En mi división solamente hubo un oficial general muerto y más de 30 oficiales asesinados o heridos. Entre otros, mi primer edecán, que usted conocía, murió a mi lado. En total 2 mil hombres resultaron entre muertos y heridos”.

El venezolano agrega en la misiva que hay muchas otras cosas importantes que estaría encantado de poder comunicárselas a Petión, pero que no puede “confiar al papel”.

“Cuando leí vuestra carta por la cual me decía que la ramificación del complot últimamente descubierto contra nuestra querida libertad se extendía hasta el ejército, yo os creí exagerado, y muy tímido. Hoy en día estoy convencido de que hay motivos para creerlo, y yo sospecho de más de un individuo agente principal”, apuntó Miranda, haciendo clara referencia en Dumouriez.

La detención de Miranda

La noticia de la pérdida de la batalla de Neerwinden llegó a París el 21 de marzo de 1793 por una carta dirigida a la Convención Nacional firmada por Dumouriez el 19 de marzo de 1793 en Tirlemont.

La prensa tituló contra Miranda: “El ala izquierda mandada por Miranda ha sido derrotada”. También se publicó que el venezolano “había vendido a su ejército y entregado a la carnicería”; y que él era el culpable del desastre de esta batalla, porque no quiso oír los avisos que le daban y no hizo ningún caso de los murmureos de los soldados.

El 24 de marzo es dictado el siguiente decreto:

“La Convención Nacional decreta que el general Miranda y el coronel del 73° regimiento de infantería serán detenidos y conducidos a la barra de la Convención; que el consejo ejecutivo está encargado de hacer ejecutar el decreto y de hacerle llegar por medio de un correo extraordinario;

“Decreta además que el general Dumouriez suministrará todos los documentos necesarios acerca de la conducta del general Miranda ante Venloo y Maëstricht”.

La antigua cárcel de Conciergerie en París, donde alguna vez estuvo preso Miranda

Miranda ante la Convención Nacional

Miranda llega a París el 28 de marzo de 1793 acompañado del Sargento Gregorio Dulac, del batallón del Puy de Dôme, adjunto a los ayudantes del Ejército del Norte.

A ruegos del venezolano, Pétion y Bancal des Issarts, sus amigos, van a verle. Miranda les dice que tiene mucha información que dar a la Convención Nacional sobre Dumouriez y de lo que pasa en Bélgica. Les asegura que Dumouriez es un traidor, que cree que quiere marchar sobre París y les aconseja que prevengan de ello a los poderes constituidos.

Aunque Miranda tenía todas las pruebas para defenderse de las “inculpaciones militares”, erróneas e injustificadas de las cuales era objeto, después de reflexionar, considera que exculparse ante ese hecho era menos relevante frente a la traición de Dumouriez y pide nuevamente que se le oiga.

Después de varias fechas pospuestas, la Convención decide finalmente que Miranda sea escuchado, pero para responder sobre las acusaciones militares en su contra, entre ellas las realizadas por un desertor austríaco traído al Comité Militar por la sección revolucionaria del Faubourg Montmartre, quien alega que Miranda proporcionaba diariamente a los austríacos carretas de alimentos provenientes de las fuerzas francesas.

En una sesión nocturna, seguida de dos más, fue cuando los Comités de la Guerra y de Vigilancia oyeron las respuestas de Miranda a las 63 preguntas que le hicieron.

Los asuntos concernientes a la actitud contrarrevolucionaria de Dumouriez no dieron materia más que para una sola pregunta, la número 58. Por lo demás, Miranda tuvo que explicarse respecto a los temas militares, en especial el “desastre de Neerwinden”.

Miranda negó todas las acusaciones en su contra y señaló que jamás había visto al austríaco en cuestión y ni siquiera oído hablar del suministro de alimentos al enemigo. Y en cuanto a la batalla de Neerwinden, librada en las peores condiciones y donde todas las probabilidades estaban contra los franceses, no hizo más que conformarse estrictamente a las órdenes escritas por Duomouriz.

El venezolano se defiende tan brillantemente que el comité declaró por unanimidad que no había lugar para inculparlo y librarlo de la guillotina.

El nombre del venezolano Francisco Miranda ocupa un lugar en el Arco del Triunfo en París (De izquierda a derecha, la tercera columna, el quinto de arriba hacia abajo).
  • Texto con fuentes del libro La Revolución Francesa y la Independencia de Venezuela, de Juan Uslar Pietri, y del libro Miranda y la Revolución Francesa, de Caracciolo Parra Perez

 

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