La apoteosis del delivery: otro relato pandémico

Entre las historias que quedarán para el anecdotario de estos tiempos particulares estará sin duda cómo los servicios de delivery se volvieron omnipresentes. Hablamos, claro, de una experiencia de compra circunscrita a ese territorio antipático que es la clase media en los espacios urbanos, pero visto desde otras perspectivas también se trata de un oficio, de un paisaje y de un negocio multimillonario y trasnacional que inunda al mundo y del cual Venezuela no se escapa.

A estas alturas, casi un año y medio después del inicio de la propagación del coronavirus, hablar del cambio de vida asociado a la nueva normalidad y del excesivo tiempo en casa es ya un lugar común.

Es cierto que el teletrabajo, las clases a distancia y el entretenimiento vía streaming han trastornado en muy poco tiempo casi todas las prácticas de vida en sociedad; pero justamente ahora hemos llegado a ese punto en el cual las nuevas costumbres y los nuevos paradigmas son detonantes de nuevos actores, sobre todo en lo que respecta al mercado, y en el tema que hoy nos congrega, el de nuevas experiencias de consumo.

Un ejemplo claro son las aplicaciones de delivery, cuyo rostro visible son las decenas de motorizados que cada día vemos surcar las calles y avenidas de la ciudad con inmensos morrales de pedidos que contienen mercancía de cualquier variedad, a cualquier hora, y compitiendo por la fidelidad de una base de clientes que no para de crecer.
Adentrémonos un poco por ese universo que hoy se encuentra en apoteosis y preguntémonos hasta dónde llega el servicio a en la Venezuela de 2021.

Del servicio a domicilio al delivery: viejo amigo con nuevo nombre. Aunque con ese apelativo en inglés pretenda hacer alarde de novedad y cierta sofisticación, el delivery no es una experiencia nueva en Venezuela, como tampoco lo es en el resto del mundo. Si nos ceñimos a nivel nacional y nos vamos hasta no tan lejos en el siglo XX, el servicio a domicilio de las bodegas y pequeñas tiendas de barrios y urbanizaciones es y era una práctica común, así como mismo lo eran los lecheros, las lavanderías y hasta la comida china.

Más cerca en la línea temporal, quienes hoy somos de la generación millenial podemos recordar claramente las primeras experiencias que llegaron a Venezuela de comida a domicilio bajo la modalidad de motorizados en uniforme, en los años 90 de la mano de franquicias norteamericanas.

“Pedir una pizza” se convirtió en una tradición contemporánea heredada de la cultura de consumo express estadounidense y las referencias nacionales son amplias y de larga data con cadenas como Pizza Hut, Domino’s y Papa John’s, para luego extenderse a pizzerías nacionales que comenzaron a mercadearse ofreciendo esa misma facilidad.

Y aunque en otras partes del mundo del rubro de las pizzas el método fue evolucionando hasta desarrollar una cultura robusta del reparto, en Venezuela no fue hasta la llegada de la cuarentena en 2020 cuando dio un salto llamativo, diversificándose a nuevos rubros, primero con comercios tradicionales ofreciendo llevar sus productos a la puerta de casa gracias a una flota y un personal propio, y luego con el arribo de las startups que han convertido al delivery en un negocio en sí mismo.
La comida lista para servir es su producto bandera, sin embargo no es lo único que se ofrece. En cuanto al radio de acción de estas empresas, está limitado a las zonas de la ciudad con fácil acceso y estratégicamente su aplicación no presta servicio en zonas populares.

Un negocio multimillonario.Si lo vemos desde la perspectiva caraqueña, a la fecha varias empresas se disputan la preferencia del público. Dos que resaltan son Yummy y PedidosYa, la primera de origen nacional pero con perspectivas hacia el extranjero, y la segunda todo un emporio internacional. Otras son Liveri, Ubii Go y Detodito app. No hay cifras sobre su uso y penetración en el mercado nacional, pero solo basta asomar la mirada por alguna avenida principal de la ciudad y no pasarán muchos minutos antes de que uno de sus motorizados pase frente a nosotros, dato más elocuente que cualquier cifra.

Yummy nació en Venezuela a mediados del año pasado para satisfacer una creciente demanda asociada a la cuarentena. Cuenta actualmente con más de 160 aliados comerciales en las categorías de restaurantes, supermercados, bodegones y farmacia, y una flota de más de 200 repartidores. En octubre pasado anunció su fusión a Hugo, una superapp de delivery de Centro América y el Caribe.

Pedidos Ya, por su parte, también es conocida por hacer reparto de comida lista para servir, así como de licores, aunque no son sus únicos rubros; en su menú muestran farmacias, supermercados, productos para mascotas y hasta boutiques. La empresa nació en Uruguay y hoy es propiedad del gigante alemán Delivery Hero, conglomerado gracias al cual la marca absorbió recién al servicio Glovo en toda América Latina luego de una transacción que ascendió a los 273 millones de dólares.

Esta segunda empresa arribó a Venezuela en noviembre anunciando su sociedad con más de cien negocios y un mismo número de repartidores, y desde entonces no ha hecho más que crecer e incluir a más ciudades.

Estas dos apps de delivery compiten con ofertas a veces ridículamente baratas (se puede conseguir un desayuno de dos empanadas y una malta por 0.99 dólares sin costo de delivery), tiempos de reparto en verdad alucinantes (20 minutos, por experiencia propia), cupones de descuento (casi siempre en la primera compra y luego en compras específicas o superando retos), promociones, tecnologías cada vez más intuitivas, más servicios para agilizar la experiencia de compras y audaces campañas promocionales en redes sociales, convencionales y no convencionales.

Pedidos Ya, por ejemplo, tiene en Venezuela a su Delivery Bailarín que cuenta con una audiencia de más de 300 mil personas en TikTok, quienes ven sus videos de bailes estrafalarios al mismo tiempo que realiza las entregas. Es publicidad no oficial, y por tanto mucho más efectiva.

@deliverybailarin

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♬ Tambores II – Remix – Tambor Urbano

El reparto de estas aplicaciones, geolocalizado e inteligente, se convierte en toda una experiencia para el usuario, pero, así como Netflix y sus pares están en vías de modificar totalmente los paradigmas para el disfrute del cine y la televisión, los servicios de delivery plantean el mismo dilema para el sector gastronómico, dado que les obligan a pasar a reinventar sus procesos, adaptar su comida y dejar a un lado procederes de larga data.

Legislación en Venezuela. Otra mirada a este fenómeno es el que tiene que ver con el marco legal. En el mundo entero los “riders” o repartidores que trabajan para estas empresas han estado organizándose para exigir mejoras en sus derechos laborales, ya que en su mayoría las apps no los consideran como empleados sino como “emprendedores”, “socios” o “colaboradores” que se unen para generar ingresos por cuenta propia.

En España, por ejemplo, actualmente se discute una ley para determinar si los repartidores son o no son lo que ellos califican como “trabajadores autónomos” y hasta dónde llega la responsabilidad de la empresa en temas como los accidentes laborales así como el tema del seguimiento minuto a minuto. Para estar representados en las discusiones como gremio, los repartidores se han fusionado en la Asociación Profesional de Riders Autónomos y en el grupo repartidoresunidos.org.

En el seno del parlamento venezolano también camina una iniciativa legislativa orientada a este sector económico. Lo informó el pasado mes de marzo el presidente de la Comisión Permanente de Administración y Servicios de la AN, Willian Gil, quien detalló que la normativa busca protección social y derechos laborales para los repartidores que son en su mayoría trabajadores tercerizados, figura que está proscrita en la legislación venezolana.

De modo que la ley en ciernes no solo se involucraría con lo relativo a las situación laboral sino también a la relación económica, porque hasta ahora la forma de percibir dinero de los repartidores no es uniforme, es difusa y les mantiene en desventaja. Aún así es innegable que el trabajo se ha convertido en el resuelve de muchos.

El trabajo como repartidor en una de delivery es un ejemplo emblemático de las labores de cara a la IV revolución industrial con la digitalización a tope, y por eso son muchas las iniciativas legislativas y sociales que se alzan en distintas partes del mundo para promover una relación comercial más clara.

Recibir la compra en casa es una costumbre que parece haberse arraigado y quizá no desaparezca una vez que sí lo haga la crisis pandémica. En Venezuela, el negocio parece adaptarse sin problema a la reinvención de la vida comercial y a las particularidades de nuestra economía, y el público que la usa celebra la competencia porque le permite disfrutar de mejores promociones. Y así como en la calle presenciamos su surgimiento, también en la calle nos enteraremos de su evolución.

 

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