InicioEspecialPavo, maíz y calabazas | Vladimir Acosta

Pavo, maíz y calabazas | Vladimir Acosta

Entiendo que alguien me preguntase: ¿por qué tantos artículos sobre Estados Unidos (EU), sus mitos, trampas y mentiras? Le respondería que hablo sobre ellos a menudo porque creo que no son mitos, trampas y mentiras cualesquiera, como sería el caso de países pequeños cuyos mitos no rebasan su área de influencia, que suele ser reducida, y que otros pueblos o países pueden apreciarlos como relatos curiosos que no les son impuestos como verdaderos desde un poder imperial omnímodo que los idiotiza para dominarlos.

Y es que esos mitos, trampas y mentiras, obra del enorme poder político-religioso que gobierna EU, que empezó a fabricarlos desde sus orígenes en el siglo XVII y los sigue fabricando a diario, son otra cosa. Porque usualmente, además de dirigirlos a engañar y domesticar a su propio pueblo como ocurre en otros casos, ocurre que, por obra de su descomunal poder mediático, presente y activo en todo el planeta, los difunde e impone al mundo entero. Esto convierte esos mitos, siempre embellecedores de su imperio y creadores de una visión falsa pero dócilmente aceptada de su realidad y de su historia, en algo que gran parte de los pueblos y países del mundo, sometidos de alguna manera a su dominio político, económico y sobre todo cultural, se los traga sin masticarlos, como hace con todo lo que difunden los medios. Y al tragarlos, los hace parte constitutiva de sus propias realidades, ritos y costumbres, dando por resultado la copia servil y la ciega admiración de EU que de la asimilación pasiva de ellos se derivan.

Ejemplo esencial de esos mitos, cínicos, falsos y manipuladores, creados por EU, es el del Día de acción de gracias, que los estadounidenses tienen como uno de los mitos fundantes de su excepcionalidad como pueblo elegido; y que también lo celebran muchos de nuestros países latinoamericanos, sujetos a su poder mundial, y nutridos a diario de sus medios y de su cultura.

 Resumo lo esencial del mito para irlo analizando a fin de mostrar por qué digo lo que digo. Los colonos calvinistas blancos y racistas que en EU llaman Padres Peregrinos llegan a instalarse en la costa norte de Norteamérica, a la que llaman Nueva Inglaterra, en noviembre de 1620. La historia tradicional y embellecedora de EU los considera primeros fundadores, dejando de lado que Virginia, más grande y situada más al sur, estaba siendo colonizada por otros emigrantes británicos, igualmente blancos y racistas, desde 1607, siendo ellos los primeros fundadores. Pero esa mentira se acepta porque para la dominante historia embellecedora, los Peregrinos son tenidos por santos y los virginianos no. Los Peregrinos no están preparados para colonizar un territorio y sobrevivir en él, pero lo logran al conseguir indios que los ayudan, alimentan y enseñan a recolectar frutos, pescar, cazar, sembrar, abrigarse y a construir viviendas. La mayoría de ellos sobrevive y en dos años forma una colonia próspera. Entonces el mito nos dice que deciden celebrar un día, segundo aniversario de su llegada en noviembre, para dar gracias a Dios por su éxito. Preparan un almuerzo para todos e invitan a él a varios indígenas de tribus amigas y comparten con ellos los alimentos que han preparado: pavo cocido, maíz en tortas y calabazas. Es pues un acto hermoso, lleno de alegría, de esperanza, y de amistad con los indios que los ayudaron a sobrevivir. ¿Cómo no conmemorar con orgullo esa fiesta?

Pero es que hay varios serios problemas. De entrada, con ciertos detalles falsos o absurdos. Luego con las mentiras y feos crímenes que trata de ocultar el mito. Y finalmente con el mito mismo.

Dada la popularidad de ese Día, muchas pinturas representan la citada fiesta. Y llama la atención que en ellas los pocos indios están siempre separados de los muchos puritanos. Estos se ven sentados a la mesa mientras sus mujeres, bien vestidas, ofrecen de comer a los indios invitados. Y estos, sucios, semidesnudos, yacen siempre echados en el piso. Se los ve flacos, hambrientos, y parecen mendigos que pasan hambre y llevan días sin comer. De haberse realizado ese almuerzo, eso además de racista habría sido absurdo. Los indios, organizados y orgullosos, no eran mendigos. Además, eran aseados y se bañaban a diario, mientras los puritanos en cambio olían mal porque no se bañaban y solo se lavaban los días de fiesta. Los alimentos que compartían con los indios, el pavo, el maíz y las calabazas, eran todos americanos, pavo y maíz exclusivos de América del norte. Los indios los sembraban o comían y habían sido ellos los que enseñaron a los Peregrinos a sembrarlos y cosecharlos o a criarlos y cocinarlos para comerlos.

Los europeos del siglo XVII tenían cierta idea de ellos. Al pavo lo descubrieron los españoles en el siglo XVI cuando Cortés conquistó México. Y se dice, aunque no está claro porque es dudoso, que en Inglaterra los ingleses de comienzos del siglo XVII tenían, por intermedio de comerciantes turcos, cierto conocimiento del pavo (o de una gallina de Guinea africana grande con la que lo confundían). Por eso al pavo en inglés se lo llama turkey. Del maíz, también conocido de los españoles por medio de la conquista mexicana, los ingleses, cuyo cereal era el trigo, igual que pasaba con todos los europeos, tenían apenas una idea confusa; y por eso lo llamaron corn, que era nombre genérico para decir cereal y que a veces usaban para llamar también al trigo. Y al difundirse el maíz, este se apropió en inglés del nombre corn. Las calabazas, también mexicanas, importan menos, pero lo que más cuenta es que los puritanos, que no tenían que ver con agricultura ni comercio, no tenían idea de nada de esto. Los indios les dieron de comer salvándoles la vida, y lo cierto es que, en caso de haberse dado una reunión como esta, ellos, los Peregrinos, habrían sido los invitados y no los anfitriones, pues anfitriones habrían sido sin discusión los indios.

Y es que esa fiesta nunca ocurrió. En ella todo es falso y se la inventó como si fuese historia el año 1863 en el contexto de la Guerra civil entre norte y sur que vivió EU y en la que Lincoln, como presidente, luchaba por salvar la unidad a cualquier precio. Todo fue obra suya. Lincoln la decretó en 1863 quizá buscando reducir la violencia terrible de la población blanca contra los indios para despojarlos de sus tierras. En eso fracasó, pero la fiesta se mantuvo y arraigó, más por comer pavo que por convivir con indios. Las matanzas más brutales de estos tuvieron lugar en esas décadas. Y es de señalar que ni Lincoln ni sus sucesores hablaron de Padres Peregrinos. Estos sólo fueron fabricados con sus anchos sombreros para hacerlos protagonistas de la fiesta en 1890, que fue el año de la matanza más grande, la última, la de Wounded knee.

En la fiesta actual, en la que los estadounidenses corrientes comen pavo, el Estado, que la celebra, puso de moda perdonarle la vida a uno de esos pavos mientras se comen los otros. Así, en 2003, para celebrar el Día de acción de gracias, Bush II, disfrazado de marine, llegó en avión a Bagdad, tomada por sus tropas poco antes gritando ¡Misión cumplida! Y en medio de la celebración militar con sus soldados, que habían masacrado con bombas, misiles, fósforo blanco y uranio empobrecido a medio millón de irakíes, incluyendo mujeres y niños, salvó generosamente la vida de un grueso pavo.

Sin proponérselo, Bush II reveló así la verdadera cara de esta fiesta falsa que nunca existió: es la fiesta real que celebra el poder imperial de EU, en la que mientras se masacra a medio millón de irakíes, afganos, sirios, libios o yemeníes, se le perdona generosamente la vida a un pavo (sin duda para comérselo sin hacer ruido al día siguiente). Bella fiesta.