Política migratoria española: luz en la calle, oscuridad en la casa

Imagen del campamento de Arguineguín (Gran Canaria). (EFE)

Recientemente la ministra de Asuntos Exteriores de España, Arancha González Laya, realizó una visita a Colombia, donde acudió a Cúcuta, ciudad fronteriza del territorio neogranadino con Venezuela y aseguró que el objetivo de este recorrido era unir esfuerzo para dar una respuesta a los migrantes venezolanos.

“No estoy aquí para criticar a Venezuela, ni para dar lecciones a Venezuela, estoy aquí para intentar junto con la comunidad internacional dar una respuesta a los ciudadanos venezolanos que han decidido abandonar su país y venir a Colombia en búsqueda de una mejor vida. En ellos tenemos que concentrarnos hoy”, señaló la jefa de la diplomacia ibérica.

Este hecho tuvo una respuesta por parte del Gobierno venezolano en voz del presidente Nicolás Maduro, quien cuestionó esta acción e invitó a la caciller española a revisar y atender a los miles de migrantes aficanos que mueren en el estrecho de Gibraltar intentando llegar a territorio ibérico y otros que llegan a las Islas Canarias y son tratados de forma inhumana.

“¿Qué hace la canciller de España en la frontera de Colombia con Venezuela en vez de irse al Mediterráneo a buscar a los refugiados y a la gente que huye de África? ¿Por qué la canciller de España viene a meterse en los asuntos de Venezuela?”, increpó Maduro.

Estas palabras de Maduro fueron apoyadas por el eurodiputado español Manu Pineda, quien cuestionó esta acción de España que calificó como antidiplomática y de poca contribución con una salida en Venezuela.

“En vez de llamar la atención al Gobierno colombiano, va a allí a sumarse a una campaña contra Venezuela con la excusa de los inmigrantes. Es cierto que se calcula que hay más de un millón de venezolanos que migraron a Colombia, que están por las calles desamparados sin ningún tipo de ayuda del Gobierno colombiano, pero también hay que decir que hay cinco millones de colombianos en Venezuela. Eso parece que se le olvida a la ministra”, señaló el europarlamentario, quien además insistió en reafirmar las palabras del presidente Maduro y su invitación para que España atienda a los migrantes africanos que intentan llegar a este país.

“Vi la agenda de la ministra y tenía previsto reunirse incluso con el que llaman embajador de Guaidó en Colombia. Eso me parece que es una injerencia absolutamente irresponsable e ilegítima. Por eso mi lectura es negativa y, si la canciller española está tan preocupada por los migrantes puede ir a Canarias, Ceuta, Melilla”, consideró.

¿Qué pasa en Canarias?

Aunque poco mediatizado, en la actualidad España afronta una grave crisis migratoria debido a la llegada de personas provenientes de países del norte de África que se embarcan en la peligrosa aventura de abordar balsas improvizadas para llegar a suelo español o a una isla bajo el dominio del reino, como es Canarias.

“Dentro hay demasiada gente, parece una prisión. La Policía es muy agresiva con nosotros, hace frío, la comida es mala y tenemos muchas peleas con los senegaleses porque se empeñan en jugar al fútbol delante de nuestras casetas. No se puede estar ahí”, es la narración que hace al diario español El País, Essam un marroquí de 28 años procedente de El Youssoufia, al referirse a un campamento instalado por el Ministerio de Inclusión, Seguridad Social y Migraciones en el antiguo cuartel militar de Las Raíces.

Campamento “Canarias 50” / Foto cortesía Canarias7

Este espacio forma parte del “Plan Canarias” anunciado en noviembre de 2011 y que consiste en la implementación de campamentos para el alojamiento de entre 6.000 y 7.000 migrantes.

“No hemos vistos medidas prácticas que sirvan para evitar que Canarias sea, de facto, una cárcel para quienes ven a las islas como un lugar de tránsito”, acuñó el coordinador territorial de Nueva Canarias (NC), Luis Campos, quien cuestionó este plan señalando que se suma a las medidas erróenas adoptada por la Unión Europea en torno a los migrantes.

“No podemos permitir que el gabinete de Pedro Sánchez replique las nefastas medidas de la Unión Europea en otros países, es decir, que Madrid perpetúe en territorio canario un modelo ‘cuasicarcelario'”, señaló el funcionario.

Segregación y xenofobia

De acuerdo a la ONG Caminando Fronteras en 2020 un total de 2.170 migrantes murieron en los intentos de cruzar a España en barco este año. De estos el 85% (1,185 personas) de los que perecieron fue intentando llegar a las islas Canarias, reseñó la agencia EFE.

Para este año, la Organización Internacional para las Migraciones (OIM), estima que más de dos mil personas llegaron al archipiélago canario solo durante el mes de enero de 2021. Muchos de estos están en Las Raíces donde en medio de la pandemia del covid-19, no cuentan con un médico.

De acuerdo a la publicación de El País, el Gobierno español mantiene es las islas a 9.000 personas, a los que se suman unos 2.600 menores, pero los retrazos en la adecuación de espacios y el creciente flujo de migrantes, han provocado un desborde que se observa en las calles y lugares baldíos de la isla, donde migrantes viven de la caridad y huyen de la policía.

Otra realidad que comienza a evidenciarse en la isla es el caso de un joven inmigrante de 19 años, quien ante la imposibilidad de llegar a la península por encontrarse en este territorio que se convirtió en la cárcel para migrantes de España, decidió irse a dormir a las calles. La mañana del 3 de marzo, el africano fue hallado en una posición ladeada sobre una vieja colchoneta con varias mantas con las que se cubría para pasar la noche y a la fecha no se conocen las causas de su muerte.

Además de estas condiciones de segregación que los empujan a la calle y en algunos casos a la muerte, se suma la creciente xenofobia alentada por el discurso políticos de partidos de extrema derecha como VOX que usan el chauvinismo y el racismo para sacar rédito político de esta situación.

Ceuta, Melilla y las vallas de la muerte

Valla de Ceuta / EFE

La máxima representante de la diplomacia del reinado ibérico durante su visita a la frontera colombo-venezolana celebró el “gesto noble” de recibir a los venezolanos y resaltó que España quiere apoyar esta acción resaltando que “otros países cierran las puertas (y) erigen muros, Colombia ha optado por acoger”.

Este pronunciamiento que resalta la importancia de la política de recepción sin fronteras ni muros contradice la estrategia migratoria de España donde el encarcelamiento en una isla es poca cosa en comparación con las vallas que desde 1971 evitan que migrantes ingresen a los territorios de Ceuta y Melilla, enclaves coloniales en el continente africano que limitan con Marruecos.

8 kilómetros de longitud en la “Valla de Ceuta” y 12 kilómetros en la “Valla de Melilla”, estas dos barreras de alambrado metálico de 10 metros y 6 metros de altura respectivamente, estuvieron coronadas por concertina hasta 2013 cuando fueron sustituidas por barrotes unidos por alambres conforman esta barrera fronteriza. Además poseen redes de sensores electrónicos de ruido y movimiento, así como luces de alta intensidad, videocámaras de vigilancia y equipos de visión nocturna, todo esto para impedir que pasen a territorio español los migrantes africanos que logran llegar a la zona.

Anualmente en estas vallas de la vergüenza se escenifican los intentos de cruce por parte de cientos y miles de migrantes que huyendo de las guerras, el hambre y las matanzas en muchos de sus países, entre lágrimas, gritos de ayuda y mucha esperanza comienzan a trepar estas cercas bajo las miradas, cañones y hasta garrotazos de la Guardia Civil, apostados para impedir que estos migrantes pongan un pie sobre el territorio español.

Inmigrantes intentado cruzar la valla de Melilla

Este ambiente de violencia y ausencia de solidaridad, ha tenido episodios donde la sangre de estos africanos ha teñido de rojo el gris de estas vallas, tal y como sucedió en Ceuta, en septiembre de 2005 cuando murieron cinco migrantes y más de 100 resultaron heridos producto de la acción represiva española y marroquí.

Otro episodio lamentable generado a partir de este inhumano trato, fue la muerte de 15 africanos quienes se ahogaron en la playa Tarajal de Ceuta, tratando de eludir esta valla.

El panorama de Ceuta no difiere mucho de lo que acontece anualmente en Melilla, tal y como lo demuestra el hecho de la muerte de un migrante que cayó de la valla en septiembre de 2013 y los constantes episodios de represión contra los desesperados africanos, acciones que ha llegado incluso a la detención de los periodistas que cubren estos sucesos, como sucedió en julio de 2013.

Pero todo no termina aquí, porque aunque algunos logran vencer estos obstáculo, su sueño se derrumba cuando son expulsados inmediatamente hacia territorio marroquí, donde la acción criminal de las fuerzas de seguridad se evidencia con abandonos en medio del desierto de Sahara sin agua ni alimentos, como ha sido denunciado por la Organización Pro Derechos Humanos de Andalucía, Amnistía Internacional y Médicos sin Fronteras.

Todo estas acciones dejan al desnudo el intento de utilización política de los migrantes, donde si se trata de venezolanos “huyendo de la dictadura” merecen la visita de la canciller y un pronunciamiento, pero cuando se trata de africanos huyendo de las matanzas, las guerras y el hambre que existe en el continente más pobre del planeta tierra, simplemente se convierten en objeto de represión, trato cruel y desprecio.

 

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