Zonas Económicas Especiales ¡No maquilas! | Juan Arias

Respuesta al profesor y amigo Luis Britto García

La promoción y reciente aprobación en primera discusión, por parte de la Asamblea Nacional, del Proyecto de Ley Orgánica de Zonas Económicas Especiales (ZEE) ha traído consigo algunas voces de rechazo de la extrema derecha, como Dólar Today, que la califica como una acción desesperada para  captar inversiones internacionales ante lo que ellos consideran el fracaso de la ley Antibloqueo; y otras provenientes de sectores de la izquierda, que se inspiran en el fracaso de algunas experiencias de ZEE y en aseveraciones sacadas del diccionario digital Wikipedia sobre ZEE, más que en el contenido real del proyecto.

De todas las críticas destaca la de nuestro muy estimado profesor y amigo, Luis Britto García, publicada el pasado 13 de mayo en Últimas Noticias, en artículo titulado “Maquilas y Zonas Económicas Especiales”. En dicho escrito se hacen afirmaciones y comentarios a los cuales muchos lectores dan crédito, tanto por las argumentaciones empleadas como por la trayectoria del emisor, quien sin duda es uno de nuestros más insignes notables.

El profesor Britto basó su artículo sobre la premisa de que ZEE son sinónimo de maquilas donde se desaplican leyes nacionales, se privilegian a las transnacionales, se violan los derechos de los trabajadores y «serían así paraísos fiscales para los inversionistas, en detrimento del fisco de Venezuela”. Esto no es cierto ni tiene por qué serlo, ya que justamente para eso estamos legislando.

Las ZEE son una estrategia de desarrollo extendida en el mundo. La Conferencia de Naciones Unidas sobre Comercio y Desarrollo (UNTAC) en su Informe sobre las Inversiones en el mundo 2019: Zonas Económicas Especiales, da cuenta de la existencia de más de 5.300 ZEE, y las define como un instrumento de política pública, fundamental para atraer inversiones y promover el desarrollo industrial; y nos invita a adoptar en ellas normas más exigentes en materia social, ambiental y de gobernanza.

En Venezuela, el mismo presidente Chávez las estuvo impulsando, para lo cual adaptó el modelo a nuestra realidad denominándolas Zonas Económicas de Desarrollo Endógeno Sustentables (ZEDES); y estudió su pertinencia en la construcción de una “nueva geometría del poder”. De hecho, en el primer Plan de la Patria ya se habla de ZEE. De modo que la promoción actual de una Ley de ZEE no es un “invento de sectores de derecha que se han apoderado del gobierno de Maduro” como afirman algunos, sino una idea promovida por el comandante Chávez, la cual en las actuales circunstancias del bloqueo económico ha cobrado mayor importancia y nos toca implementar.

No es cierto que ZEE sea igual a maquilas. Aunque no en pocas se han instalado maquilas. Tampoco hace falta crear ZEE para instalar maquilas pues éstas últimas han proliferado en muchos países subdesarrollados sin necesidad de crear ZEE. Las ZEE son una estrategia para llevar desarrollo adonde no lo hay y captar los capitales necesarios para lograrlo. Para ello se ofrecen atractivos, fundamentalmente fiscales, sin que por ello las convirtamos en “paraísos fiscales”, en detrimento del fisco nacional”. En el mundo, los paraísos fiscales son otros, y captan fondos del crimen mundial mediante instrumentos financieros que son protegidos con secretos bancarios y otras alcahueterías. Esto no lo secunda nuestro proyecto de ley.

En nuestro caso, el fisco nacional no tiene por qué ser perjudicado al desarrollar una ZEE, sino todo lo contrario, ya que el fisco solo puede captar ingresos en áreas donde hay desarrollo, jamás donde no lo hay. Lo que si hacemos es dar a quienes invierten un tiempo prudente para generar el desarrollo esperado. El fisco progresivamente aumenta su recaudación, no solo por el inicio de las cobranzas en las ZEE sino también por el incremento en todos aquellos espacios periféricos que se han dinamizado gracias a la gran influencia provocada por las actividades productivas y exportadoras de las ZEE. Esta es la lógica que buscamos instaurar. Y aún más, en el caso venezolano, los atractivos fiscales, comerciales o de cualquier otra naturaleza son para todos los inversionistas, tanto nacionales como internacionales, y sin privilegio alguno para las transnacionales. Así está en el proyecto de ley que, insisto, debemos mejorar.

Por otra parte, es cierto que en las ZEE se podrían desaplicar algunas leyes nacionales, pero solo si su marco legal lo permite. Sin embargo, éste no es el caso de la propuesta de ley de ZEE presentada por el Viceministerio para el Desarrollo de las ZEE, el cual coordino desde su creación en 2018, por instrucciones del presidente Nicolás Maduro, quien lo creó precisamente para desarrollar las políticas públicas relacionadas con las ZEE definidas en los Planes de la Patria (2013-2019; y 2019-2025).

Para elaborar la propuesta de Ley, trabajamos por casi un año con las cinco gobernaciones de estados que para aquel momento ya poseían ZEE: Cojedes (Tinaquillo-San Carlos), Falcón (Paraguaná), Miranda (Guarenas-Guatire) Lara (Palavecino e Iribarren) y Táchira (Ureña-San Antonio). Y, además, con todos los ministerios y entes directamente relacionados con la materia. Entre ellos, organismos claves como Ministerio de Planificación; el Servicio Nacional Integrado de Administración Aduanera y Tributaria (SENIAT), Bolivariana de Puertos (Bolipuertos), el Comando de Resguardo Aduanero Nacional y el Comando Nacional Antidrogas de la Guardia Nacional Bolivariana; la Procuraduría General de la República; la Unidad Nacional de Inteligencia Financiera (UNIF) y la Escuela Nacional de Administración y Hacienda Pública (ENAHP), institución adscrita al Ministerio del Poder Popular de Economía y Finanzas que durante todo el proceso brindó su asistencia y asesoría especializada.

Partimos de un diagnóstico realizado en conjunto con los Consejos de Gestión de nuestras seis ZEE ya existentes. Allí detectamos serios problemas de gobernanza asociados a las lagunas y debilidades de la ley que hasta ahora rige a las ZEE en nuestro país: la Ley de Regionalización Integral para el Desarrollo Socioproductivo de la Patria; y la persistencia de añejos vicios relacionados con la lentitud y poca transparencia en procesos administrativos de nuestro sistema de comercio exterior.

Las debilidades detectadas lesionan gravemente nuestra capacidad productiva y exportadora. El éxito de las ZEE exige soluciones. La promulgación de una apropiada ley es vital en este propósito que, además, debe: 1) Generar confianza, 2) Animar la producción de acuerdo a sus planes económicos y sociales de desarrollo y los requerimientos de la población; 3) Elevar, especializar y diversificar las capacidades y competencias industriales y tecnológicas del país; 4) Impulsar nuevos modelos de gestión coherentes con nuestro modelo de sociedad socialista, comunera y bolivariana; 5) Generar empleos de calidad y bien remunerados; 6) Incrementar y mejorar la infraestructura de servicios públicos; 7) Impulsar actividades que integren las cadenas y el tejido productivo de la nación; 8) Integrarnos regional y mundialmente a fin de fortalecer las posibilidades de éxito del país. Esta es la misión.

Por todo ello, en nombre de cuantos participamos en ese esfuerzo, debo reiterar —en mi condición de viceministro, coordinador e impulsor del proyecto de ley— que, en la propuesta presentada por nosotros a la Comisión de Economía, Finanzas y Desarrollo, representada por los diputados Vielma Mora, Ramón Lobo y Durga Ochoa, no se propuso desaplicar ninguna ley nacional. Tampoco, en el proyecto aprobado en primera discusión. De modo que, si queremos ayudar al país, a nuestra economía, a nuestro golpeado pueblo y/o al Gobierno Bolivariano, tenemos la oportunidad de obrar para incluir ideas necesarias y excluir las inapropiadas, blindar la ley aportando argumentos y artículos que taxativamente establezcan que en las ZEE venezolanas no se podrá desaplicar leyes nacionales, y que éstas no son espacios para la secesión territorial, la desprotección del ambiente, la vulneración de los derechos laborales o de derechos humanos, entre otros contrasentidos. En esta dirección, invito a aportar propositivamente, en especial a aquellos valiosos compatriotas como nuestro Luis Britto García y demás intelectuales y revolucionarios que hoy cuestionan a este proyecto de ley, y cuyas cualidades bien pueden ser puestas al servicio de una tarea de Estado, para una nación que reclama ejemplarizantes consensos.

Sin ZEE nuestra economía se deteriora progresivamente, entre el bloqueo criminal y el desacierto de algunas políticas públicas. Mientras tanto, muchos desde el gobierno, y otros desde las catacumbas de nuestra sociedad, procuramos aportar algo útil para el país. Así sea, el ruidoso silencio de la clase obrera que le ha sido inmensamente leal al ideal bolivariano y a la memoria de Chávez. Pongo como ejemplo a la “Tríada Productiva de Guatire”, donde empresarios, trabajadores y gobierno local han construido espacios de concertación de políticas públicas, para recuperar JUNTOS el aparato productivo destruido por la guerra económica en ese municipio mirandino. Esta tríada está siendo emulada en otras regiones del país, donde han comprendido que si bien hay circunstancias para luchar, también hay momentos para cooperar y concertar posiciones en medio de las dificultades compartidas y pese a las diferencias.

Estimado profesor Luis Britto y respetables camaradas y amigos, en estos momentos cobra vida la frase del poeta Antonio Machado, en aquellos angustiosos y difíciles tiempos de la República Española: “Hoy es siempre todavía, toda la vida es ahora. Y ahora, ahora es el momento de cumplir las promesas que nos hicimos. Porque ayer no lo hicimos, porque mañana es tarde. Ahora”.

El autor es Viceministro para el Desarrollo de Zonas Económicas Especiales de Venezuela

 

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