Castillo-Fujimori: Perú decide entre modelos y personalidades opuestas

Los peruanos votarán por obtener un acuerdo social que restaure la gobernabilidad. Foto EFE

El próximo 6 de junio Perú celebra una de sus elecciones más importantes de los últimos tiempos. No solo elige nuevo presidente, sino que tratará de estabilizar un complejo clima político enrarecido por la corrupción y la desconfianza en el sistema político.

En él se enfrentan el progresista Pedro Castillo, un maestro de nivel primario que además cuenta con el apoyo de los sectores campesinos abandonados durante décadas por el modelo económico imperante. En la otra acera está Keiko Fujimori, hija del expresidente preso por cometer delitos de lesa humanidad y representante del modelo neoliberal que asfixia la economía peruana.

Simpatías

Casi todas las opiniones sobre el candidato presidencial peruano Pedro Castillo coinciden en que su mensaje, sencillo como él, ha logrado encarnar los anhelos de los humildes, de cambio y justicia social.

Tercero de nueve hermanos, el postulante del partido Perú Libre nació en el pueblito de Puña, municipio de Tacamaba, en la provincia de Chota, de la región norandina de Cajamarca, el 19 de octubre de 1969.

Graduado como maestro de nivel primario, ha ejercido la profesión en una escuela rural de su provincia y como tal, emergió como dirigente sindical del magisterio, además de postularse en anteriores elecciones a cargos menores en agrupaciones políticas ajenas a la izquierda.

Enfrente, la líder del partido Fuerza Popular, Keiko Fujimori, intentará por tercera vez, el domingo próximo, alcanzar la Presidencia de Perú, tras dos oportunidades en las que estuvo a punto de lograrlo, pero fue derrotada.

Nacida en Lima, el 25 de mayo de 1975, era una jovencita de 19 años cuando, en 1994, ante el divorcio de sus padres, asumió su primer cargo público, aunque simbólico, el de primera dama de su progenitor, para acompañarlo en actos y viajes protocolares.

Alternó el ejercicio del cargo con estudios en Estados Unidos, donde se graduó como administradora de empresas y posteriormente hizo un posgrado.

Experiencia política

En 2017 Pedro Castillo se hizo conocido nacionalmente al encabezar una larga huelga de docentes del interior, por mejores sueldos, más presupuesto para la educación y otros reclamos, la cual llegó hasta Lima y puso en jaque al entonces gobernante, Pedro Pablo Kuczynski.

El partido de izquierda Perú Libre lo invitó en 2020 a ser su candidato presidencial en los comicios del 11 de abril de 2021 y desarrolló una campaña electoral silenciosa e intensa, bajo el lema ‘No más pobres en un país rico’ y con escasos recursos, por todas las provincias y la periferia de Lima.

Como carecía de presencia mediática, no estuvo en el radar de la prensa hasta que logró el primer lugar en la primera vuelta con 18 por ciento de los votos, y clasificó al balotaje del 6 de junio, cuando competirá contra la neoliberal Keiko Fujimori.

La candidata de derecha, por su parte, fue investigada en el año 2000 por posible corrupción por el Congreso, sin que se plantearan cargos en su contra, y viajó a seguir los estudios en Estados Unidos.

Retornó después que Fujimori fuera detenido con fines de extradición en Chile, al llegar de Japón. Posteriormente, lo juzgaron y condenaron a 25 años de prisión por delitos de lesa humanidad y corrupción, y Keiko se propone indultarlo si gana la Presidencia.

En 2006, fue elegida parlamentaria por el partido fujimorista de entonces, con la mayor votación individual, aunque tuvo un desempeño poco destacado y se dedicó a prepararse para postular a la Presidencia.

En 2011, resultó segunda y fue derrotada ajustadamente en un balotaje por el nacionalista Ollanta Humala, y en 2016 ganó la primera vuelta con más del doble de votos del segundo, Pedro Pablo Kuczynski, pero en la segunda ronda este se impuso por décimas.

Propuestas políticas

Castillo promueve una Asamblea Constituyente que redacte una renovada Carta Magna en la que se consagre el nuevo rol del Estado en la economía, pero advierte que no busca eliminar la empresa privada ni la inversión extranjera.

Promete que «el Estado fortalecerá su papel regulador dentro de un enfoque de economía mixta», y que se «regulará más activamente a los monopolios y oligopolios».

En la otra cara de la moneda se encuentra Fujimori, quien defiende la actual Carta Magna -que promulgó su padre en 1993- que garantiza el libre mercado y que, según ella, «rescató al país de la pobreza y el caos generado por el modelo estatista y rentista» heredado del primer mandato de Alan García (1985-1990).

Castillo afirma que con los actuales precios del cobre de casi 10.000 dólares por tonelada «las trasnacionales mineras están obteniendo sobreganancias» y parte de estas deberían pasar al erario nacional.

Por ello, propone «un nuevo impuesto a las sobreganancias, eliminación de exoneraciones tributarias, regalías en función de las ventas y renegociación de contratos con estabilidad tributaria».

En contraste, Fujimori quiere mantener el modelo en la minería, aunque promete «explotar los recursos naturales con responsabilidad», respetando normas ambientales.

Para reactivar la economía, muy golpeada por la pandemia, promete eximir de ciertos tributos a empresas y microempresas, bajar el impuesto a los combustibles y eliminar por tres años los tributos al sector turismo.

Recta final

Pedro Castillo adelanta por poco a Fujimori en los últimos sondeos revelados este fin de semana, justo antes de que se impidiera la publicación de nuevas encuestas.

En la campaña por la elección en la segunda vuelta mantiene el primer lugar de preferencias ciudadanas, lo que se atribuye a la gran popularidad que alcanzó en la gran mayoría de las regiones del país.

Fujimori creció en las últimas semanas y se acercó a la cifra que ostenta Castillo, luego de que alegara posibles irregularidades en el cómputo nunca comprobadas y su bancada parlamentaria, ampliamente mayoritaria, tuvo una conducta errática que se tradujo en una crisis política que derivó en tres cambios presidenciales.

En ambos casos, la sombra del gobierno de mano dura y las resistencias ciudadanas que genera, unieron a amplios sectores en su contra y le cerraron el paso. El venidero 6 de junio se verá si ese virtual veto ciudadano persiste.

 

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