Donald Rumsfeld: la partida del cerebro tras la guerra en Irak

El fallecido político no se pudo quitar nunca las acusaciones de falsear las pruebas contra el país asiático. Foto AP

Si por algo será recordado el extinto político norteamericano, Donald Rumsfeld, será por haber tramado todos los hilos de la guerra contra Irak, en un momento en el que su país estaba urgido de ingresos desesperadamente.

Rumsfeld tuvo una carrera histórica en el gobierno bajo cuatro presidentes y casi un cuarto de siglo en la América corporativa. Retirado de la vida pública en 2008, fue definido por sus ex colegas como inteligente y combativo, patriótico y políticamente astuto.

Es la única persona que se desempeñó dos veces como jefe del Pentágono. La primera vez, en 1975-1977, cuando fue el más joven de la historia. La segunda fue entre 2001-2006, siendo el mayor en edad en ocupar ese despacho.

Cuando llegó al Pentágono en enero de 2001 para su segundo período como secretario de Defensa, el ejército que Rumsfeld heredó se encontraba en una transición a cámara lenta de la era de la Guerra Fría a un período dominado por conflictos étnicos en los Balcanes, crisis humanitarias en el Cuerno de África y los espasmos del terrorismo. Entre las otras preocupaciones destacadas: el fortalecimiento militar de China y las ambiciones nucleares de Irán y Corea del Norte.

Pero nueve meses después de su mandato, el 11 de septiembre, Rumsfeld se encontró literalmente cara a cara con la amenaza que consumiría los años restantes de su mandato. Cuando un avión de American Airlines secuestrado se estrelló contra el Pentágono, Rumsfeld estaba en su reunión de oficina del tercer piso con nueve miembros de la Cámara.

Estados Unidos de repente estaba en una nueva guerra. Las fuerzas norteamericanas invadieron Afganistán el 7 de octubre, y con Rumsfeld al mando del Pentágono, el régimen talibán fue derrocado en unas semanas.

A los pocos meses de ese éxito, la atención del presidente George W. Bush se centró en Irak, que no jugó ningún papel en los ataques del 11 de septiembre. Rumsfeld y otros en la administración afirmaron que el presidente iraquí Saddam Hussein estaba armado con armas nucleares, biológicas o químicas, y que Estados Unidos no podía permitirse el riesgo de que Saddam algún día le entregara algunas de esas armas a al-Qaida u otros grupos terroristas.

Fue así como Rumsfeld tuvo la poco honrosa tarea de armar la gran mentira del siglo XXI: las inexistentes armas nucleares de Irak para justificar la invasión y destrucción de un país, que desembocó en la ejecución de su presidente Saddam Hussein.

La invasión de Irak liderada por Estados Unidos se lanzó en marzo de 2003 con el visto bueno del Congreso, pero sin la autorización del Consejo de Seguridad de la ONU. Bagdad cayó rápidamente, pero las fuerzas estadounidenses y aliadas pronto se vieron consumidas por una insurgencia violenta.

Rumsfeld se volvió combativo en defensa del esfuerzo bélico y se convirtió en el pararrayos de las críticas de los demócratas. Años después, el grado de culpa que debería ser compartido entre la Casa Blanca, Rumsfeld y el ejército estadounidense por los desastres en Irak permaneció en debate.

En sus memorias de 2011, «Conocido y desconocido», Rumsfeld no ofreció ningún indicio de arrepentimiento por Irak, pero reconoció que su futuro seguía siendo dudoso.

«Si bien el camino no recorrido siempre parece más suave, la fría realidad de un régimen de Hussein en Bagdad probablemente significaría un Medio Oriente mucho más peligroso de lo que es hoy», escribió. Parecía poco convencido de que el hecho de no encontrar armas de destrucción masiva en Irak abriera un agujero en la justificación de la invasión.

Rumsfeld ofreció dos veces su renuncia a Bush en 2004 en medio de revelaciones de que las tropas estadounidenses habían abusado de los detenidos en la prisión iraquí de Abu Ghraib, un episodio al que más tarde se refirió como su hora más oscura como secretario de Defensa.

No fue sino hasta noviembre de 2006, después de que los demócratas obtuvieron el control del Congreso en medio de una ola de sentimiento contra la guerra, que Bush finalmente decidió que Rumsfeld tenía que irse. Dejó el cargo en diciembre, reemplazado por otro republicano, Robert Gates.

Desafiante hasta el final, Rumsfeld no se arrepintió en su ceremonia de despedida, momento en el que el número de muertos estadounidenses en Irak había superado los 2.900. El recuento eventualmente superaría los 4.400.

La muerte de Donald Rumsfeld fue anunciada por sus familiares el 29 de junio de 2021.

Con información de AP

 

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