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El Panteón Nacional abrió sus puertas a los insurgentes y rebeldes del pueblo

Con la refundación del llamado “altar de la patria”, espacio más que todo del criollismo mantuano, han ingresado 16 venezolanos y venezolanas, héroes indígenas como Guaicaipuro, guerrilleros, afrodescendientes, artistas, luchadores sociales y Manuela Sáenz

Antonio Guzmán Blanco, el 8 de agosto de 1999, fue el primer venezolano en ser llevado al Panteón Nacional una vez que Hugo Chávez Frías asumió el poder como presidente. En el Aló Presidente número 9, transmitido desde la sede de Radio Nacional de Venezuela, Chávez defendió la iniciativa de reconocer a Guzmán Blanco:

 “Yo tengo que salir muy rápido —dijo— hacia el Panteón Nacional a los actos del traslado de los restos del general Guzmán Blanco. Recordemos que fue un presidente del siglo pasado (siglo XIX), con logros apreciables. Muy criticado por la historia también, pero a Dios lo que es de Dios y al César lo que es del César; creo que es justicia que sus restos vayan al Panteón Nacional. Guzmán Blanco, entre tantas otras cosas, desde el punto de vista material, físico, ordenó construir el Capitolio Federal, por ejemplo, fue construido en su época, y todas estas obras que todavía hoy se conservan en perfecto estado en Caracas y en varias partes del país; pero más allá de la obra material fue el general Guzmán Blanco el que decretó la instrucción pública gratuita y obligatoria que hoy 100 años después de su muerte, nosotros levantamos como bandera. La educación es un derecho humano fundamental y debe ser la educación pública gratuita y obligatoria, por eso voy a salir muy rápido hacia el Panteón Nacional a estos actos…”.

Luego de Guzmán Blanco siguieron una serie de próceres y héroes relegados y olvidados injustamente, así como otros personajes, cuyo merecimiento de estar en el llamado “altar de la patria” era impensable, bajos los cánones con que se sopesaban los méritos en la llamada “Cuarta República” y el “puntofijismo”. Hasta ahora se tiene una lista de 16 venezolanos, además de la ecuatoriana Manuel Sáenz, llevados al Panteón en estos tiempos revolucionarios. Para algunos el Panteón se abrió al pueblo, para otros, como Saúl Rivas Rivas, antropólogo e historiador, se trata de una refundación.

Después de Guzmán Blanco, fue llevado en acto solemne y festivo Josefa Camejo, heroína de la Guerra de Independencia, siguió el cacique Guaicaipuro, todo un símbolo de la resistencia indígena contra el invasor español. Con Guaicaipuro, el primer criollo originario en merecer la máxima distinción patria, se abrieron las puertas para otros héroes indígenas, luchadores sociales y políticos, exguerrilleros, como Fabricio Ojeda y Argimiro Gabaldón; Matea Bolívar y la negra Hipólita, nodrizas de Simón Bolívar; Apacuana, cacica indígena; Josefa Camejo, heroína de la independencia; Armando Reverón.

La lista es la siguiente: Antonio Guzmán Blanco, agosto, 1999; Josefa Camejo, marzo, 2001; Guaicaipuro, diciembre 2001; Cipriano Castro, febrero, 2003; José Félix Ribas, septiembre, 2005; Manuela Sáenz, julio, 2010; Pedro Camejo, el Negro Primero, junio,2005; Armando Reverón y César Rengifo, ambos en mayo, 2016; Fabricio Ojeda, enero, 2017; Argimiro Gabaldón, julio, 2017; Hipólita, Matea Bolívar, cacica Apacuana y Juana la Avanzadora, marzo, 2017 , Juan Germán Roscio, marzo, 2021; Manuel Piar, abril, 2022.

Un guía que pregunta

José González trabaja como guía en el Panteón Nacional desde hace 15 años. Nació en Guama, un pueblo yaracuyano, donde pasó su juventud el general José Antonio Páez.

Informa González que bajo el piso están los restos de 147 venezolanos ilustres. Señala algunos. Allí está Páez, allá Fabricio Ojeda, aquí Teresa Carreño, ese mausoleo es de Ezequiel Zamora. Indica que mediante el código QR, colocado en la pared o en el pilar cercano, se puede conocer la historia del personaje.

“Los restos simbólicos son otra cosa, se refieren a los que no se han conseguido sus restos. Unos están en otros estados o en otro país, como Andrés Bello, que Chile no lo va a enviar, o como Antonio José de Sucre, que Ecuador nunca se va a desprender de sus restos, o Juana Ramírez, La Avanzadora, que está en el cementerio de San Vicente, de Maturín, pero ellos no quisieron que se trasladaran sus restos; se le pone un monumento simbólico”, explica José González.

Detalla el guía, que en la lista por trasladar al Panteón figuran José Cornelio Muñoz, Ana María Campos, Pedro Lucas Urribarrí y Domitila Flores, estos tres últimos, héroes zulianos que destacaron en la Batalla Naval del Lago de Maracaibo.

 “En Yaracuy —agrega González—, están proponiendo al Rey Miguel de Buría y su esposa Guiomar. Por Lara están proponiendo a Pio Tamayo. Por Trujillo, Cristóbal Mendoza. Por Trujillo, también deberíamos traer al Diablo.

—¿Y quién es el Diablo?

—Antonio Nicolás Briceño. Está sepultado en una iglesia del estado Mérida.

González señala a uno de los visitantes que el recinto está ambientado con 17 pinturas de Tito Salas. Detalla que en el panteón todavía hay suficiente espacio para albergar a otros venezolanos destacados.

“De Miranda, sus restos no han aparecido.  Presumiblemente están en Cádiz, España. Cuando él murió lo arrojaron a una fosa común. Por eso tenemos el cenotafio en su honor, ese que está semiabierto. Es el único venezolano cuyo nombre está en el Arco de Triunfo de París. Sus restos se están buscando, si aparece algo de Miranda se puede reconocer por su hijo Leandro y su hijo Francisco que están sepultados en Inglaterra. Se puede reconocer por el ADN.

—¿Usted es historiador?

—Yo soy el heladero historiador. Duré 23 años afuera vendiendo helados, pero me gusta leer la parte de historia. Un día el ministro de Interior y Justicia para aquella época, Néstor Reverol conversó conmigo y me ofreció trabajar adentro. Me pueden buscar en Youtube como el Heladero historiador.

González le pregunta a un niño, quien, junto a su padre, observa con interés las estatuas, los monumentos, los mausoleos, que cuántas veces Páez fue presidente de Venezuela.

 “Una sola vez”, dice el niño.

—Tres veces —aclara González— igual que Antonio Guzmán Blanco. Páez fue tres veces presidente de la República. Ganador de la batalla de las Queseras del Medio ¿cuántos hombres participaron en esa batalla con Páez?

 “Todavía no he leído eso”, responde el muchacho.

—Fueron 153 hombres. Entre ellos Leonardo Infante, Juan José Rondón, Pedro Camejo. Aquí tenemos a Páez. Él está sepultado y embalsamado ¿qué entiendes por embalsamado?

El niño no responde.

“Si abrimos la tumba de Páez, lo vamos a encontrar como si estuviese dormido, no su esqueleto. Está allí”, explica.

La refundación.  Saúl Rivas Rivas, antropólogo, se desempeña como investigador, asesor del Instituto Nacional de Idiomas Indígenas, ente adscrito al Ministerio del Poder Popular para la Educación. Fue uno de los impulsores, en una lucha de más de 20 años, por llevar los restos de Guaicaipuro al Panteón Nacional. Recuerda las polémicas y hasta ciertos encontronazos con destacados intelectuales e historiadores en aquellos años.

Relata que una vez en el diario El Nacional, el escritor Arturo Uslar Pietri le dijo que la muerte de Guaicaipuro había sido necesaria para que se fundara Caracas. Miguel Otero Silva estaba escuchando, desde lejos, aquella conversación.

Señala Rivas Rivas que la entrada de Guaicaipuro al Panteón Nacional con Hugo Chávez y los Poderes Públicos, el 8 de diciembre de 2001, rompió las barreras del mantuanismo patriarcal, racista, clasista, unicultural, unilingüe, genocida, de una venezolanidad donde no cabían indios, negros, casi no cabían mujeres, mucho menos mujeres indias, afros, zambas, ni blancos de orilla.

“Tampoco cabían (en ese mantuanaje) nuestros diversos paisajes geográficos, ni la reivindicación de nuestros ecosistemas tropicales, ni las múltiples modalidades socialistas de nuestros pueblos originarios, los cuales fueron expulsados de nuestra convivencia, frente a un criollismo mantuano, reductor y excluyente, bajo la sombra nazifascista de los hispanos centrismos, iberocentrismos, latinocentrismos, la supreblancura de la Casa Blanca y el ultra mestizaje ideológico de la raza cósmica,  racismo socio cultural extendido desde Alaska hasta Tierra del Fuego, pasando por el Caribe, para convertirnos en el continente con la mayor confusión de identidad del planeta, hasta transformarnos en una vulgar caricatura de lo europeo. Desterraron nuestras originalidades irreductibles de los pueblos indígenas, de los afrodescendientes, eurodescendientes y euroasiáticos descendientes, negando, de paso, la vigencia de toda indodescendencia del país y la presencia contemporánea de los pueblos indígenas en el momento histórico actual”, asevera Rivas Rivas.

Detalla el antropólogo e historiador que con la refundación del Panteón Nacional se rompe en redondo la ideología de la Cuarta República. Por ejemplo, un Fabricio Ojeda, un vocero irreductible y martirizado de la Cuarta República, entra también al Panteón Nacional, así como entra Negro Primero, entran mujeres negras e indígenas, como los casos de Hipólita y Apacuana, que hoy está al pie de Guaicaipuro. Entran incluso socialistas y revolucionarios de la talla de Argimiro Gabaldón o de César Rengifo.

Piensa que con Guaicaipuro se abre el Panteón más allá del proyecto de Guzmán Blanco, proyecto que en todo caso quedó también restringido en la Cuarta República, pues si bien había una serie de patriotas propuestos por el mismo Guzmán Blanco, como fundador del Panteón Nacional, como son los casos del general en jefe Manuel Piar o de José Cornelio Muñoz, cuyos nombres figuran en el listado inicial de los patriotas que deberían entrar al Panteón Nacional, sin embargo, sufrieron una postergación inmerecida. En el caso concreto del prócer apureño José Cornelio Muñoz, su tatarabuelo, no ha entrado todavía al Panteón Nacional.

José Cornelio —añade— fue el comandante de los Bravos de Apure en la batalla de Carabobo y fue mano derecha, compañero de uña y mugre de José Antonio Páez, la primera lanza del mundo, como decía Bolívar, pero un Páez que hasta Carabobo y la toma de Puerto Cabello, respondía a los intereses de la patria chica y la patria grande, pero que llegado un momento, en 1848, cuando está conspirando contra el gobernó de los Monagas, su compadre y amigo del alma, José Cornelio Muñoz, tiene que asestarle una derrota en la batalla del Médano de los Araguatos, en el propio Apure Sin embargo, José Cornelio, con una ética propia del llano, del llanero de a caballo, prácticamente no confunde la amistad con el amiguismo, ni  la condición de compadre con el compadrazgo, se sobrepone con la ética patriota, derrota a su compadre y amigo, pero al mismo tiempo le corresponde a su compadre y amigo perdonándole la vida.

Considera que José Cornelio Muños forma parte de todo ese proceso refundatorio del Panteón Nacional ya que, en la cuarta república, el lugar de los patriotas en el Panteón Nacional se fue encogiendo cada vez más. El abanico quedó abierto para siempre con la incorporación de Guaicaipuro, ya que los pueblos indígenas representan en el país y en el continente, no sólo los que ocupan el último escalón de la sociedad de castas, sino los descastados. O sea, que no cabían ni siquiera en la sociedad de castas en la época colonial, especialmente los indios del bando de la resistencia, irreductibles, como fue el caso de Guaicaipuro y su alianza de pueblos y caciques.

Sustenta Riva Rivas que, en el marco de la coyuntura histórica actual, es necesario que se tome en cuenta que Venezuela es víctima de una Santa Alianza.

“Lo que dijo Trump hace semanas, lo había completado desde sus viajes a América del Sur, y particularmente a Venezuela el nazifascista Arnold Tonybee, historiador, agente de la diplomacia inglesa, quien veía en Estados Unidos únicamente cuatro nacionalidades de primera: los descendientes de ingleses, de alemanes, de noruegos y escandinavos; todo lo demás está discriminado. Pero al mismo tiempo, este señor pasando por aquí en 1966, nos proponía que si queríamos progresar debíamos derribar las estatuas de Bolívar, de San Martín y de O’Higgins, echarlas al mar, proponiendo, además, la pena de muerte para los que osaran restaurar esa estatuaria. Esto nos hace recordar unas palabras grotescas de un intelectual venezolano que decía que nosotros éramos un país error o de un Luis Leañez cuando dice España sí, Bolívar no. Esto es muy importante, porque lo que está en juego es la primera Independencia y la continuidad de la segunda en la Revolución Bolivariana”, dice.

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