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Los felinos también son fieles compañeros

La historia que nos narra la señora Aurelia está llena de amor y de sanación, es una de esas que quisiéramos fuese bastante frecuente.

Al preguntar el nombre de su gatita, la señora Aurelia de Salazar no duda en responder “ella se llama Duquesita Salazar” es decir, miembro pleno de hecho y de derecho de su familia.

“Ella llegó aquí al Fortín (Residencia de la urbanización Nueva Casarapa, en Guarenas) y unos niños la estaban maltratando, la tenían amarrada y le lanzaban palos. Mi hijo la salvó… la subió hasta la casa… le íbamos a buscar un hogar porque a mi esposo no le gustaban los gatos.

La gatita al llegar pesaba menos de kilo y medio (hoy pesa más de siete), tenía unos cuatro meses y su mamá había muerto atropellada.

Pasaron los días sin que la adoptaran. “era demasiado feíta, todo el mundo decía que era orejona y nadie la quería”, comentó. Cuando la “feíta orejona” tenía poco más de un mes en la casa, (era febrero de 2013), se convirtió en regalo de San Valentín” y parte de la familia.

Gata sanadora. En menos de un mes Duquesita estaba esterilizada. Años después participó y fue premiada en concursos de belleza felina, cuenta su orgullosa dueña. Su llegada a la vida de la Sra. Aurelia coincidió con un proceso post operatorio tras un accidente que hizo que le operaran la rodilla.

Asegura que la gatita fue una “gran enfermera”, además hoy es su gran compañera; luego de la migración de su hijo.
“Mi hijo no está conmigo y ella me llena… si no estuviera no sé qué haría, ella es mi bebé, es mi niña, yo sacrifico lo que sea por darle a ella, o a cualquier animalito que llegue a mi puerta”, dice sin tapujos.

Y lo demuestra con hechos, siendo que hoy alimenta a Camui, un hermoso gato negro; indómito, que ahora come todos los días en la puerta de su apartamento y la acompaña por las tardes cuando ella sale a compartir con los vecinos.
Recuerda también a un ruso azul y otros gatos que llegaron y se les encontró un hogar.

Estrés por la ausencia. El hijo que migró era quien peinaba y cepillaba los dientes a Duquesita. Cuando él se fue la gata quedó muy afectada y si escucha su voz por teléfono se encierra por horas donde él dormía, incluso llegó a perder el pelo cuando su hermano humano se fue de la casa. Aurelia ruega para que ningún animalito sea abandonado “siempre hay una solución mejor… ellos son indefensos y sobreviven muy poco si los abandonan”.

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