Abdala: la primera vacuna latinoamericana es de Cuba y 92% efectiva

Abdala es una de las cinco propuestas de vacuna hechas en Cuba

Cuentan que cuando José Martí llegó a Caracas en enero de 1881 “sin quitarse el polvo del camino” fue a visitar al Libertador en la Plaza Bolívar. Exactamente 140 años después la historia se repite con el arribo de la vacuna cubana Abdala a tierras venezolanas. El fármaco, obra de un esfuerzo cien por ciento soberano de la isla bloqueada hace 60 años, arribó al país en su primer lote este jueves 24 de junio y pocas horas después ya estaba disponible para su aplicación a través del plan nacional de inmunización.

Son muchas referencias simbólicas las que hacen brillar a esta vacuna con nombre de poema, pero más es el currículo científico que ostenta y que tiene como titular nada más y nada menos que su efectividad: 92,28%, un porcentaje mucho mayor que el logrado por las grandes farmacéuticas trasnacionales pero que es soslayado en los titulares de la prensa hegemónica.

Su calidad está probada con todos los estándares científicos de rigor y la información está disponible en internet de la mano de fuentes fiables, pero como en la guerra y en el amor todo se vale, nada les cuesta a los enemigos de Cuba (y de Venezuela) hacer campaña sucia contra el fármaco de vocación internacionalista que se alza como el primero nativo de América Latina y por ahora el cuarto más efectivo del mundo.

Igual que la historia de Martí en Venezuela y también que la historia de la covid-19, la historia de la vacuna Abdala es corta y trepidante. Descubrirla es adentrarse en 60 años de investigación biotecnológica en resistencia.

Abdala, un soldado

Abdala es el nombre de la primera obra del apóstol cubano José Martí, quien la escribió cuando era tan solo un adolescente de casi 16 años. En realidad, es una obra de teatro lírica, escrita en verso, cuya historia se adentra en la vida de un joven que busca defender a su patria de enemigos foráneos. Se publicó por primera vez en 1869 y la trama es un clamor velado a la realidad que vivía Cuba en esos tiempos.

El tono angustioso pero proactivo revelan en el texto las preocupaciones y anhelos de quien poco después sería la figura más prominente en la historia de Cuba. Es un texto profético de Martí sobre su propio futuro, quien trasladó sus preocupaciones juveniles sobre el deseo de libertad de su país ante España a una región mítica del sur de Egipto llamada Nubia.

“Decid al pueblo que con él al campo / Cuando se ordene emprenderé la marcha/ Y decid al tirano que se apreste/ Que prepare su gente, y que a sus lanzas / brillo dé y esplendor. ¡Más fuertes brillan/ robustas y valientes nuestras almas!”. Así dice el joven Abdala en la obra cuando es convocado a la lucha para defender su trinchera.

“Escrito especialmente para la patria” fue la advertencia que Martí escribió como prolegómeno al texto cuando lo publicó por primera vez en el periódico La Patria Libre.

No hacía falta mucho más para que el título de esta obra fuera usado como nombre de uno de los cinco candidatos vacunales cubanos. Más de 150 años después de su publicación el clamor emanado de la pluma de Martí no solo es el mismo, sino que reviste de más significados.

60 años de trabajo avalan se seguridad y efectividad

El primer argumento para echar al traste las dudas sobre la vacuna Abdala son los 60 años de Cuba produciendo fármacos exitosos. Tan exitosos que gracias a su exportación la isla recolecta una parte importante de su Producto Interno Bruto (PIB).

Además, los propios habitantes de la isla reciben en su plan para la inmunización colectiva ocho vacunas producidas de forma soberana, así que es la salud de esa población, aplaudida por la ONU, la primera prueba de seguridad de sus productos.

En este mismo espacio ya hemos escrito a lo largo de este año pandémico varios textos sobre la medicina cubana y el prestigio de su industria farmacéutica, un hecho objetivo que trasciende cualquier anhelo ideológico.

Haciendo un breve resumen, la Revolución Cubana triunfó bajo el liderazgo de Fidel Castro el 1 de enero de 1959, y en 1962 el gobierno revolucionario emprendió su primera campaña nacional de vacunación gracias a la cual el país se convirtió en el primero en erradicar la poliomelitis.

En el balance posterior a este esfuerzo los líderes revolucionarios coincidieron en que no podían conformarse solo con aplicar vacunas, sino que debían producirlas con total soberanía. Esto porque en un país bloqueado cualquier recurso que no es autónomo es automáticamente finito.

De modo que, apostando a una política pública estructural de innovación médica, con el pasar de los años se fue construyendo una plataforma que hoy agrupa a 32 empresas estatales donde hacen vida más de 10 mil trabajadoras y trabajadores con dedicación exclusiva a la producción de medicinas y vacunas.

Entre los avales de la isla se cuentan la vacuna antimeningocócica BC, única en el mundo con eficacia probada para combatir la meningitis B y C; la Heberbiovac HB, vacuna preventiva recombinable contra la hepatitis b, y más recientemente dos fármacos contra el cáncer: el CIMAher, medicamento inmunoterapéutico contra el cáncer de páncreas y el CIMAvax-EGF, primera vacuna terapéutica contra el cáncer de pulmón de células no pequeñas.

“Su organización y ejecución ininterrumpida han permitido que seis enfermedades, dos formas clínicas graves y dos complicaciones graves estén eliminadas, y las restantes mantengan tasas de incidencia y mortalidad que no constituyen un problema de salud”, dicen en artículo publicado en la Revista Panamericana de Salud en 2018 titulado Experiencia cubana en inmunización, 1962–2016.

También es importante retomar que los fármacos cubanos no solo están dedicados a satisfacer su demanda interna sino igualmente a la exportación, con criterio humanitario pero también comercial.

Los profesionales cubanos han recibido diez medallas de oro de la Organización Mundial de la Propiedad Intelectual (OMPI) durante 26 años; sus productos biotecnológicos se exportaban a 49 países antes de la pandemia, incluidas las vacunas utilizadas en los programas de inmunización infantil en América Latina.

Incluso en Estados Unidos, desde 2017, específicamente en la ciudad de Nueva York, se trabaja con el medicamento Cimavax para el cáncer de pulmón con resultados exitosos y públicamente verificables.

Con ese prontuario Cuba llega a marzo de 2020, cuando el nuevo coronavirus toma al mundo por asalto. Y no conforme con desarrollar un candidato vacunal, la isla emprendió la tarea de desarrollar cinco fórmulas. La razón de esta abundancia de propuestas era minimizar el riesgo apostando a varias tecnologías.

Son: las vacunas Soberana 1, Soberana 2 y Soberana Plus, del Instituto Finlay en alianza con el Centro de Inmunología Molecular (CIM) y el Centro de Biopreparados; y los sueros Abdala y Mambisa, provenientes de los laboratorios del Centro de Ingeniería Genética y Biotecnología (CIGB).

Un sexto fármaco se está trabajando de la mano con China. Estas vacunas no solo está previsto que se exporten a Venezuela sino también a México, Jamaica, Vietnam, India, Pakistán así como a los 55 países de la Unión Africana.

Y si quien lee busca una voz “imparcial”, esto dijo la semana pasada alguien tan “imparcial” como el representante en Cuba de la Organización Panamericana de la Salud (OPS), José Moya, a un medio tan “imparcial” como DW: “El instituto Finlay y el CIGB tienen 30 años de experiencia en investigación de vacunas. Una prueba de eso es que el 80% de las vacunas que tiene el Programa Nacional de Inmunizaciones se producen en el país”.

Así funciona la Abdala

La tecnología con la cual se formuló la vacuna Abdala es la de «vacuna de subunidades», misma con la cual se desarrolló la Soberana 02.  Este suero utiliza proteínas derivadas del virus conjugadas con otras proteínas portadoras para desencadenar la respuesta del sistema inmune. La vacuna se sirve de un cultivo en células de levadura.

Se aplica en un esquema de tres dosis de 14 días de diferencia entre cada uno y su efectividad se alcanza a los 42 días.

La tercera fase de pruebas de esta vacuna en Cuba comenzó a mediados de marzo en las provincias de Santiago, Guantánamo y Granma, y formaron parte 48.000 voluntarios de 19 a 80 años. Los resultados de esta prueba se dieron a conocer a principios de esta semana.

Este miércoles el gobierno cubano dio autorización para el inicio de la fase de pruebas Ismaelillo, para aplicar la vacuna Abdala en pacientes pediátricos, es decir, en niños y niñas, ya que su seguridad y efectividad en esta población también está comprobada.

Es cierto que la vacuna Abdala aún no cuenta con el aval de la OMS, un procedimiento burocrático con el que tampoco cuenta la vacuna rusa Sputnik-V, por ejemplo. No obstante, la información sobre su formulación y efectividad no es secreta, solo hay que buscar en los lugares correctos. Por ejemplo, solo falta entrar a la cuenta de Twitter de BioCubaFarma para ver el anuncio de un webinar público que el director del instituto, Gerardo Guillén, ofrecerá el próximo viernes 9 de julio en el marco del evento virtual Expo Alemania Latinoamérica. El acceso es público y gratuito.

Como esa invitación, son diversos los reportes que solo en esa cuenta pueden leerse de prensa y voceros expertos internacionales sobre la vacuna Abdala.

Volviendo a la vacuna Sputnik-V, esta también fue objeto del escarnio de las trasnacionales de la prensa hasta que sus resultados inocultables fueron publicados por la revista británica The Lancet. Y una vez pasó esto, sin sonrojarse, los medios dijeron que la culpa de la “desinformación” era de Rusia por supuestamente ocultar sus datos, datos que desde hacía meses estaban disponibles al público en más de diez idiomas en la página web y redes sociales del Instituto Gamaleya. ¿Pasará lo mismo con Abdala?

Testimonio en primera persona

Yo misma, quien firma este texto, recibí la vacuna Abdala este jueves. Me fue aplicada por un equipo médico cubano en el Simoncito del urbanismo Ciudad Tiuna, a donde acudí gracias al pitazo de una amiga. Sin cola, sin dolor y sin efectos secundarios. Me acompañó una compañera, quien sí sufrió mareos y dolor de cabeza unas horas después del pinchazo.

Dos días antes en Últimas Noticias habíamos recibido la desoladora noticia de la partida de nuestra compañera Carolina Hidalgo, quien falleció víctima del coronavirus luego de pasar dos semanas intubada en el CDI de Lídice. Coincidí con Carolina en salas de redacción de la otrora Agencia Bolivariana de Noticias (ABN), de Ciudad CCS y ahora en Últimas Noticias, donde era jefa de redacción. Su calidad humana y profesional quedarán para siempre en el corazón de quienes la conocimos y saber que su partida fue a causa de un virus que ya puede prevenirse gracias a vacunas como la Abdala llena el alma de frustraciones.

Personalmente, me vacuné con la Abdala con total confianza en la medicina y experticia científica de Cuba pero también con la envión del dolor vivo por la pérdida de Carolina, solo una de las varias despedidas que nos ha tocado encarar este año. Su partida fue mi impulso y el de varios de mis compañeros para tratar de ganarle una a la pandemia con una vacunación veloz.

Todas las vacunas formuladas contra la covid-19 se hicieron en tiempo récord y con métodos experimentales. Todas fueron probadas con mecanismos inéditos y todas representan una esperanza real de volver a la “normalidad” gracias a la ciencia moderna, de no seguir perdiendo a gente querida.

Dos vacunas: la AstraZeneca y Janssen, ambas aprobadas por la OMS, han sido suspendidas por momentos por dudas en cuanto a su seguridad, y aun así se han seguido aplicando porque sus beneficios exceden sus riesgos. ¿Por qué confiamos en esos otros fármacos y dudamos de la Abdala? Los centros de vacunación están abiertos.

El Simoncito de Ciudad Tiuna fue uno de los lugares donde esta semana hubo jornada de vacunación.
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