Liberación de patentes: el nuevo capítulo del pulseo geopolítico por la vacuna

Prevén presentar una solicitud formal para autorizar su uso en las próximas semanas

Decidir sobre la liberación de las patentes de las vacunas contra la covid-19 es el tema que hoy ocupa y enfrenta a las grandes potencias, las farmacéuticas y los países pobres. Superada la carrera por el desarrollo de fármacos y sucesivamente desplegado un proceso de fabricación, distribución y aplicación que sin sorpresas reprodujo el histórico modelo de dominación, ahora se ha puesto sobre la mesa un nuevo debate: el del derecho de propiedad intelectual sobre los fármacos y si este debe estar por encima del derecho colectivo a la inmunización con miras al fin de la pandemia.

La propuesta viene suscrita a cuatro manos por Suráfrica e India, dos pueblos gravemente afectados por la propagación del virus, al punto de haber conseguido en sus respectivos territorios sendas variantes del Sars-Cov-2 de mayor letalidad. Ambos, a pesar de ser países del Sur, cuentan con suficiente fuerza y voz entre la comunidad internacional como para lograr adhesiones representativas, siendo la última la más inesperada: los Estados Unidos, en la propia voz del presidente Joe Biden. La decisión está en manos de la Organización Mundial del Comercio (OMC), organismo que debe lograr consenso entre los países miembros para emitir un veredicto.

¿Qué significa la liberación de patentes y por qué despierta tantas sensibilidades? ¿Qué argumenta cada bando en esta discusión? ¿Por qué podría (o no) ser una solución para el acceso a la vacuna? ¿Hay antecedentes? Hagamos un breve recorrido.

Nociones básicas

sobre las patentes. El registro de patentes es el lugar exacto en el que se juntan lo divino de la ciencia y lo mundano de la ley. En principio tiene un doble propósito: proteger la propiedad intelectual de la persona o la entidad que ideó el invento, pero también garantizar la socialización del conocimiento a mediano o largo plazo.

Es así como el registro de patentes primero otorga derechos de uso y comercialización exclusivos por un tiempo determinado (este periodo depende del tipo de invento, y de la legislación de cada país o internacional) a quien hace el registro para que pueda beneficiarse de su innovación, y luego establece la liberación para el uso libre y colectivo, de modo que la humanidad pueda entonces beneficiarse en segunda instancia y de forma permanente del avance.

Las primeras patentes se otorgaron en la antigua Grecia a los cocineros que preparaban platillos exclusivos, y más adelante se ubican en Florencia en el siglo XV y están relacionadas con innovaciones aplicadas a barcos de comercio. En este último caso, tal como sucede hoy, la legislación establecía un tiempo de uso exclusivo y luego la socialización del invento. Durante el período restrictivo se permitía que el dueño de patente quemara el barco que usara su invento sin permiso.

En Occidente las primeras oficinas de patentes se ubican entre mediados del siglo XIX y principios del siglo XX. En Venezuela, por ejemplo, la primera Ley de Registro de Patentes (Ley sobre Patentes de Invención) se sanciona bajo la presidencia del general José Antonio Páez, el 19 de abril de 1842.

Las patentes son una herramienta fundamental para la protección de la propiedad intelectual, pero despiertan pasiones irrefrenables debido a las ganancias económicas que están tras ellas. En lo que respecta a la industria farmacéutica llegan a convertirse en un látigo para ejercer el poder, porque naturalmente quien más capacidades y posibilidades tiene para inventar, podrá hacerlo, y de forma consecuente tendrá el poder sobre la venta y distribución, sea cual sea el caso, constituyendo monopolios de facto en un terreno tan sensible como es la salud.

A menos que como ahora se impulse una medida de emergencia que responda a una situación de emergencia.

Un importante antecedente es la liberación de patentes de los retrovirales en 2001.

El sida como gran antecedente

La gran pandemia del siglo XX, el sida, legó y sigue legando grandes enseñanzas a la humanidad. Una de ellas es cómo puede ayudar la liberación de las patentes a poner límites a una enfermedad fuera de control.

Si bien es cierto que aún no hay vacuna para esta enfermedad, diversos fármacos se han desarrollado para su tratamiento. Uno de ellos, el de uso más extendido, es el coctel de antirretrovirales que disminuye la carga viral de las personas enfermas garantizando calidad de vida y extendiendo la supervivencia.

Los antirretrovirales salieron al mercado década y media después del inicio de la pandemia de VIH-sida, que irrumpió en 1983. A finales de los 90, cuando comenzó la distribución de estos medicamentos, solo las personas pudientes de los países ricos —donde no vivía la mayoría de las personas contagiadas— podían acceder a ellos, ya que tenían un costo aproximado de entre 10 y 15.000 dólares al año por paciente.

Mientras tanto, África, por ejemplo, vivía una pesadilla. En Sudáfrica las muertes anuales fueron en aumento entre 1990 a 2006, cuando se alcanzó el pico de 290.000 muertes por el virus según los datos de ONU Sida.

Con estos datos a la mano, la OMC decidió en 2001 con la Declaración de Doha ordenar el levantamiento de las patentes en los medicamentos antirretrovirales para que, teniendo la receta, los países que necesitaran pudieran producirlos y distribuirlos en su población, buscando así que amainara la mortandad.

Y así exactamente pasó. El precio de los antirretrovirales se abarató en un sorprendente 99% y el acceso pudo ser masivo, y a mayor acceso más vidas salvadas. Esa declaración marcó un hito en el control de la pandemia de sida que si bien aún cobra vidas, ya no registra los números atroces de sus primeras dos décadas.

En 2000, un año antes de la liberación de patentes, había unos 24 millones de personas viviendo con la enfermedad y se registraron 1,4 millones de muertes. Para entonces solo 590.000 infectados tenían acceso a los antirretrovirales. Veinte años después, la cifra de contagios aumentó hasta los 38 millones, pero las muertes bajaron a 690.000, en gran parte gracias a que más de 26 millones de personas lograron acceso al coctel.

Hoy, quienes promueven la liberación de patentes para la vacuna contra la covid-19 apelan a la Declaración de Doha y a este elocuente antecedente.

¿Qué pasa con la vacuna del covid?

Las compañías farmacéuticas son las primeras que se oponen a la cancelación de las patentes en esta coyuntura con argumentos tecnocráticos que dejan al descubierto intereses meramente económicos. Arguyen que no es una solución viable ni para el fin de la pandemia ni para el fin de la desigualdad y señalan que los países pobres igual no harán nada con una receta si no tienen ni los ingredientes ni la infraestructura tecnológica para llevarla a cabo.

También, en una declaración que gotea soberbia por todos sus costados y que suena a chantaje, alegan que la liberación de las patentes desalentará la innovación, sobre todo con miras a una próxima pandemia. Es decir, que estas empresas, en caso de una nueva emergencia sanitaria, no moverían un dedo por conseguir una cura dado que ya saben que podrían no generar ganancias.
Stephen J Ubl, CEO de Pharmaceutical Research and Manufacturers of America, respondió a las declaraciones de Biden respecto a la excepción como “un paso sin precedentes que socavará nuestra respuesta global a la pandemia y comprometerá la seguridad”.

“Esta decisión sembrará la confusión entre los socios públicos y privados, debilitará aún más las ya tensas cadenas de suministro y fomentará la proliferación de vacunas falsificadas”. Dijo que la medida tendría el efecto de “entregar las innovaciones estadounidenses a países que buscan socavar nuestro liderazgo en los descubrimientos biomédicos”.

Las grandes farmacéuticas se niegan alegando que la decisión socavará la innovación.

Del otro lado del Atlántico, aunque la Unión Europea como bloque se ha mostrado abierta a la posibilidad ,“siempre y cuando haya propuestas concretas”, dijo Charles Michel, presidente del Consejo Europeo, Alemania, en la voz de Ángela Merkel, dio su voto negativo, insistiendo en que esto socavará la innovación.

Y es cuando aparece inesperadamente Biden apoyando la propuesta. La declaración la hizo Katherine Tai, representante de Comercio de Estados Unidos, quien divulgó un comunicado el pasado miércoles, emitido por la Casa Blanca.

“Esta es una crisis mundial de salud, y las circunstancias extraordinarias de la pandemia de covid-19 exigen medidas extraordinarias. El gobierno cree firmemente en las protecciones de la propiedad intelectual, pero apoya la renuncia a esas protecciones para las vacunas para la covid-19 en servicio de poner fin a esta pandemia”.

Estados Unidos es uno de los países más avanzados a la fecha en cuanto a estadísticas de vacunación. Esto es en gran parte porque se apertrechó de muchas más vacunas de las que necesita, y se ha negado a compartir su stock con el mundo. Por eso, hay quienes leen esta postura de Biden como un esfuerzo que en realidad solo reafirma que no compartirán su bastimento sino que invita a quien quiera tenerlas a que las fabrique por sí mismo, si es que puede.

Por otro lado, si de potencias mundiales se trata, Rusia también dio su visto bueno a la liberación de patentes. “Por supuesto, Rusia apoyaría ese enfoque, teniendo en cuenta que en la situación actual no debemos pensar en cómo obtener los máximos beneficios, sino en cómo proteger la seguridad de las personas”, dijo el propio Vladimir Putin, quien además recalcó que su país ya trabaja en esa línea, transfiriendo tecnología a otros países para que inicien la producción de los fármacos desarrollados en el gigante euroasiático.

Liberar las patentes podría garantizar una envión en la vacunación mundial y por tanto acercar el fin de la emergencia sanitaria, pero también significaría entrar en conflicto frontal con el gran poder de las farmacéuticas, un precio que muchos países no están dispuestos a pagar. También un reto tecnológico y científico para las naciones en vías de desarrollo.

Pero si por el coronavirus se han realizado descubrimientos en tiempo récord y se han realizado autorizaciones de emergencia para implementar vacunas poco probadas, ¿por qué es descabellado pensar en una nueva medida de emergencia que devuelva al mundo su normal transcurrir? La respuesta está en manos de la plenaria de la OMC.

Moderna apoya la liberación.

El curioso caso de Moderna

La única farmacéutica privada que se ha manifestado a favor de la liberación de patentes ha sido Moderna, la más pequeña de las empresas desarrolladoras de vacuna, que además logró dar con uno de los sueros más eficaces, con una tasa de éxito de 92% según la OMS.

Moderna manifestó su disposición a compartir su patente, incluso antes de que se solicitara la medida de emergencia ante la OMC.

“En octubre pasado declaramos que voluntariamente no exigiríamos el cumplimiento de ninguna de nuestras patentes durante la pandemia a nadie que esté haciendo una vacuna. Punto”, dijo en entrevista con BBC el cofundador de la empresa, Noubar Afeyan.
“Moderna es la única empresa que lo ha declarado públicamente. Y eso lo hicimos en octubre. Entonces, cuando pidieron que se permitiera el uso de la patente, ciertamente ya estábamos en esa posición e invitamos a todos los demás a unirse a la misma iniciativa. No podemos imaginar a las empresas haciendo valer sus patentes durante una pandemia”, aseveró.

La vacuna de Moderna, empresa pionera en el desarrollo de la novedosa tecnología de ARN mensajero (ARNm) empleada en varios de los fármacos contra el Sars-cov-2, fue la segunda vacuna en ser aprobada para su uso en Estados Unidos luego de la de Pfizer-Biontech y actualmente también se aplica en Europa y otros países a través del sistema Covax.

 

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