Venezuela nació en elecciones

Mañana domingo, con los comicios a diputadas y diputados de la Asamblea Nacional, Venezuela se apresta a escribir otro capítulo en su frondosa historia electoral. Este 2020 el país ya suma 209 años eligiendo a sus gobernantes, en un devenir de acontecimientos imparables que comenzaron en 1811 con un voto en segundo grado, censitario y restringido a las clases dominantes, y que hoy desemboca en el voto universal, directo, secreto y además electrónico. En todos sus momentos, los procesos electorales venezolanos han sido señeros, y para comprobarlo solo hay que hacer un breve repaso a nuestra historia.
La participación activa, entusiasta, apasionada y permanente es uno de los rasgos culturales de la identidad venezolana en lo que respecta al ámbito político. Lo demuestra un largo curso de sucesos que fueron moldeando la cultura electoral desde el mismo momento que nació la República, cosa que ocurrió, justamente, en unas elecciones que no solo revelaron el carácter rebelde del pueblo venezolano, sino que incluso inauguraron la historia republicana de toda la región.

Y es que esta historia de dos siglos y cinco repúblicas está signada por votos, elecciones, clamor popular y participación consecuente. Hagamos un recorrido breve.

Primeras elecciones de América y primera derrota del imperio. El 19 de abril de 1810 marca el inicio de la participación política soberana en Venezuela. No exactamente por aquel plebiscito improvisado contra Vicente Emparan frente a la catedral de Caracas. Empero, las primeras elecciones formales en la historia de Venezuela vinieron precipitadas por ese acontecimiento y revelaron cómo la voluntad del pueblo en lo sucesivo se haría sentir a través de esta herramienta cívica.

Óleo de Juan Lovera sobre el Congreso de 1811, resultado de las primeras elecciones en Venezuela

Sucede que la Junta de Gobierno en 1810, nacida al calor de esa declaración del 19 de abril, aunque no tuvo su origen en un proceso electoral, convocó a elecciones para el Congreso Nacional, que se reuniría en marzo de 1811. Estas elecciones, convocadas por caraqueños fieles a España, se hacían con el fin de lograr un cuerpo de diputados que se constituyera como albacea de los derechos del rey, y por tanto, detener cualquier aventura revolucionaria independentista. Pero pasó todo lo contrario y literalmente esos comicios parieron a Venezuela.

“Paradójicamente, el reglamento que se hizo para elegir a los defensores del rey Fernando VII culmina creando un Congreso que se independiza y declara el nacimiento de la Primera República”, rememora la Cronología Bicentenaria de la Legislación Electoral Venezolana editada por el CNE en el año 2011, en el apartado dedicado a este primer experimento comicial.

Para ese momento y por mucho tiempo, el ejercicio de elegir y ser elegido era muy distinto a como lo conocemos hoy, aunque su espíritu de fondo era el mismo: darle la decisión del rumbo de la patria al pueblo. El problema es que la categoría “pueblo” tenía algunas características puntuales que distan mucho del carácter que actualmente reviste.

El voto era censitario, es decir, limitado, no universal. Esta primera vez solo pudieron sufragar hombres mayores de 25 años y que fueran propietarios de al menos “dos mil pesos en bienes muebles o raíces libres”, lo cual lo restringía exclusivamente a las clases pudientes. Además, la elección era de segundo grado, es decir, se eligieron a unos representantes parroquiales y estos a su vez, reunidos en cada capital de provincia, eligieron a quienes ocuparon los curules de esa asamblea. La proporción fue de un diputado por cada 20.000 habitantes.

La convocatoria fue hecha en junio de 1810 y las elecciones se realizaron entre octubre y noviembre. Hay que recordar que los electores facultados debían cumplir con una serie de requisitos, así que antes de abrir las urnas las juntas locales debían verificar las credenciales para en efecto expedir la autorización que daba luz verde a cada votante.

El Congreso resultante de esta elección, instalado el 2 de marzo de 1811, contó con 43 diputados. Felipe Fermín Paúl fungió como presidente y Francisco de Miranda como vicepresidente. Tiene el mérito histórico de ser el primer congreso en su tipo en la América hispana y el segundo de todo el continente, antecedido solo por el resultante de la revolución en Estados Unidos. Esta asamblea estuvo en funciones hasta abril de 1812 y tuvo el tamaño mérito de redactar la primera constitución de América Latina.

Naturalmente, esta flamante carta magna legisló sobre el tema electoral y fue un poco más laxa en cuanto a los requisitos para elegir y ser elegido. Aún no autorizaba a las mujeres bajo ningún escenario, pero a los hombres les rebajó la edad a 21 años y los bienes a un rango entre 200 y 600 pesos, tomando en cuenta algunas consideraciones de estado civil y lugar de residencia. Estas disposiciones duraron muy poco ya que casi de inmediato cayó la primera república y Venezuela se sumió en el horror de la guerra.

Largo camino hasta el sufragio universal. Con el país aún encendido y los patriotas al mando de Bolívar tratando de volver al poder, se retomó la actividad electoral en el marco del Congreso de Angostura, en 1819. Para este ejercicio de sufragio se le concedió el derecho de votar a hombres propietarios y arrendatarios, sin especificar monto, y a militares desde el rango de cabo hacia arriba. Solo se votó en las regiones no controladas por realistas, que eran las menos pobladas del país, pero aun así los comicios fueron válidos.

La constitución que nació al calor de esta elección incluyó entre los requisitos para los votantes no solo ciertas condiciones socioeconómicas, sino también el de saber leer y escribir. Para hacer efectiva esta nueva prerrogativa se concedió un tiempo de gracia hasta 1830 para que los afectados subsanaran el problema, es decir, se pusieran a estudiar.

En todo caso, todo esto quedó sin efecto con el triunfo patriota, el consecuente nacimiento de la Gran Colombia y la promulgación de la Constitución de Cúcuta en 1821. La carta magna del nuevo país soberano consagró que podían votar hombres con al menos 100 pesos de propiedad o el ejercicio de algún oficio útil, y nuevamente apareció el analfabetismo, que esta vez fue pospuesto hasta 1841 para dar chance a reparar la condición.

Sobre la historia electoral de la Gran Colombia, cuenta Boris Bonimov Parra en el Diccionario de Historia de Venezuela de la Fundación Polar: “Fue bajo la égida de la Constitución de Cúcuta (30.8.2821) que por primera vez experimentó Venezuela una vida electoral más o menos normal, para la elección de miembros de corporaciones públicas y mandatarios nacionales. La primera elección de presidente y vicepresidente fue hecha por el congreso constituyente, pero la reelección, en 1825, de Simón Bolívar y Francisco de Paula Santander se hizo por votación popular indirecta. Recibió el Libertador Presidente casi la unanimidad de los sufragios, pero la contienda vicepresidencial fue reñida y dio lugar a unos brotes de electoralismo precoz, a nivel regional y nacional”.

La estabilidad duró poco

Apareció la cosiata, murió Bolívar, y toda esa escalada decantó en la disolución de la Gran Colombia y el retorno de Venezuela como concepto y como país independiente. Se redactó la constitución de 1830 y en 1832 se promulgó la Ley de Elecciones, que reglamentó el sufragio en el país durante un cuarto de siglo. Establecía que para votar se exigía una propiedad con renta anual de 50 pesos o un oficio útil que produjera 100 pesos al año.

Estas prerrogativas eran de lejos mucho menos restrictivas que todas las anteriores y habilitaba a un buen porcentaje de la población masculina del país. Dice el Diccionario de Historia que para 1838 el número de sufragantes inscritos y válidos era de una cuarta de la población masculina de Venezuela y para 1846 se elevó a la mitad.

“Sin lugar a dudas, la liberalidad del sufragio era mayor que en la mayoría de los países americanos y europeos de la misma época”, señala Bonimov Parra, que también indica que en esta época el reto era la participación, dado que el país atravesaba por una época de despolitización que influyó en la baja participación del pueblo en elecciones.

Las elecciones de 1834 fueron los primeros grandes comicios de esta etapa post Gran Colombia. Marcados por una diatriba militarismo versus civilismo, resultó electo como presidente el doctor José María Vargas, representante del segundo bando.
El sufragio universal de los varones llegó finalmente en 1857 con el gobierno de José Tadeo Monagas, en el marco de la reforma constitucional de ese mismo año. En este texto también se implantó la elección directa y el voto secreto. Toda la segunda mitad del siglo XIX estuvo llena de reformas y contrarreformas, pero en general se mantuvo el paradigma del voto universal para la población masculina.

Al mismo tiempo, el contexto mundial se sumergía en la segunda ola del feminismo: el sufragismo. Las inglesas, que abanderaron el movimiento, eran perseguidas, encarceladas y torturadas por exigir sus derechos como ciudadanas, cual brujas en la inquisición.

Carmen Clemente Travieso fue una de
las mujeres que impulsó el voto femenino

El voto femenino era entonces, desde antes y hasta mucho después, una propuesta subversiva y peligrosa. Recordemos que la primera ola del feminismo, durante la Revolución Francesa, resultó con la decapitación de Olympe de Gouges, la escritora que se osó a redactar la Declaración de los Derechos de la Mujer y de la Ciudadana, exigiendo los derechos políticos plenos para las féminas. Venezuela también tuvo su ola sufragista que solo vio resultados un siglo después, luego de batallas a sangre y fuego donde despuntaron luchadoras como la periodista Carmen Clemente Travieso, Isabel Carmona y Ana Rosa Borjas.

Democracia participativa y protagónica

Nuestro siglo XX fue convulso y nuestra historia electoral así lo refleja. En 1936 se creó por fin el Consejo Supremo Electoral, y las mujeres lograron el derecho al sufragio por primera vez en 1945, pero solo las mayores de 25 años, alfabetas y restringido nada más a las elecciones de consejos municipales.

Un año después Venezuela logró el anhelo del voto realmente universal para ciudadanas y ciudadanos mayores de 18 años. Esto vino dado con el Estatuto Electoral de la Junta Revolucionaria de Gobierno de 1946, después del golpe de octubre de 1945 que derrocó a Isaías Medina Angarita. El texto se redactó para normar la elección de una Asamblea Constituyente.

De esta Asamblea nació la Constitución del 5 de julio de 1947, que consagraba la elección de presidente y demás cuerpos colegiados por sufragio universal, directo y secreto. Ese 14 de diciembre se celebraron elecciones presidenciales, en las que resultó ganador Rómulo Gallegos por un aplastante 74,47% sobre Rafael Caldera (22,40%) y Gustavo Machado (3,12%).

Con el derrocamiento del autor de Doña Bárbara el régimen retrocedió y puso como edad apta los 21 años, pero cuando tumbaron a Marcos Pérez Jiménez en 1958 se retomó el sufragio universal, consagrado en la Constitución de 1961 y reiterado por la de 1999 con el gran agregado de declarar al ejercicio democrático de la República como participativo y protagónico, además de incluir la figura del referendo para consultar al pueblo en materias de trascendencia nacional.

El venezolano es apasionado y entusiasta para la participación política

La democracia en la cuarta república estuvo en entredicho en muchos momentos y por gran parte del pueblo. La confianza en las elecciones transparentes iba en decadencia, así que, para refundar el ejercicio del voto, la nueva carta magna dio carácter de poder público al Poder Electoral y estableció la sustitución del CSE por el CNE. Este nuevo ente inició trabajos progresivos para adecuar el ejercicio del voto a los nuevos tiempos, y eso dio como producto que Venezuela lograra automatizar al cien por ciento su sufragio, a un modo que incluso muchos países desarrollados siquiera se acercan.

Venezuela nació con unas elecciones de diputados, y mañana nuevamente repetimos ese ejercicio. Esta vez con la particularidad de hacerlo en contexto pandémico, pero no menos apasionado. Votar no es solo un derecho y un deber, también es una conquista histórica que solo honramos en las urnas.

 

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