Vuela alto el avión criollo

Las aeronaves son el proyecto bandera de la Empresa Aeronáutica Nacional (Eansa)

Por primera vez los cielos de Venezuela fueron surcados por aviones hechos en casa. Se trata de los prototipos Sibo-100 y Sibo-200 que hicieron su vuelo bautismal el pasado miércoles 25. Este dúo constituye la etapa inaugural del proyecto de fabricación de aeronaves criollas a cargo de la flamante Empresa Aeronáutica Nacional (Eansa). La institución, que tiene su sede en Maracay, nació al calor de una idea revolucionaria en tiempos de bloqueo económico: inscribir a Venezuela en la limitada lista de países del mundo que diseñan y fabrican sus propios aviones.

Estos primeros prototipos deben su nombre al Libertador Simón Bolívar y la serie comienza con el 100 que rinde homenaje al centenario de la Aviación Militar Bolivariana (AMB). Se trata de dos aviones de entrenamiento, uno para pilotos militares y otro para pilotos civiles, de diseño original iraní, con partes importadas pero ensamblados en suelo patrio a cargo de personal nacional, en los talleres de Eansa. La segunda fase del proyecto, que tiene como fecha tope junio de 2021, prevé el bautizo de la primera flota de aviones de fabricación total en Venezuela, incluyendo sus partes y componentes, y ampliando la familia con modelos de diseño cien por ciento criollo.

La historia de cómo el país se encamina a fabricar sus aviones y de cómo los dos primeros ya están en el aire la cuentan los protagonistas del proyecto: Ramón Velásquez Araguayán, viceministro de Transporte Aéreo y presidente de Conviasa; Julio Cárdenas, presidente de Eansa; y Said Arafat Gómez, director técnico de proyectos de aviación de Eansa. Los dos primeros facilitaron la voluntad, los recursos y la infraestructura. El último aportó la idea.

Una peregrinación de doce años. “Hoy en día se mide el nivel de desarro-llo de los países a través de la industria aeronáutica”, sentencia Said Arafat Gómez, mientras relata los avatares que vivió durante los doce años en los cuales estuvo dando forma, trabajando y tocando puertas con el proyecto que finalmente ve luz.

Este ingeniero aeronáutico graduado del alma máter que en otrora se llamó Instituto Universitario Politécnico de las Fuerzas Armadas Nacionales (IUP-FAN) y hoy es la Universidad Nacional Experimental Politécnica de la Fuerza Armada (Unefa), presentó por primera vez su propuesta de una industria nacional de fabricación de aviones al presidente Hugo Chávez en el año 2008.

Gómez, con estudios de cuarto nivel así como experiencia laboral y científica en Brasil de la mano de los fundadores de Embraer, es un apasionado de la carrera a la cual se dedica, y desde sus tiempos de estudiante le obsesionó la particular situación de que Venezuela, a pesar de tener potencialidades de sobra, mano de obra calificada y posibilidades de adiestramiento de primer orden, no tuviera una industria nacional de diseño y fabricación de vehículos automotores.

Ese primer intento, hace 12 años, no cuajó. Volvió a tener oportunidad de exponer sus ideas al más alto nivel en el año 2014, cuando el presidente Nicolás Maduro asistió a Gobierno de Calle en su natal Táchira. Allí detalló el asunto en cadena nacional, y aunque el primer mandatario le dio luz verde, aún los astros no estaban alineados para que las condiciones fueran propicias.

El momento del ejecútese llegó por fin el año pasado, cuando definitivamente se precipitaron los acontecimientos gracias a un trabajo mancomunado con Conviasa que originalmente tenía otro fin. En pocos meses el proyecto que presentó de manera independiente dio pie a la creación de Eansa, que comenzó a operar en febrero pasado, y menos de un año después ya estaban despegando los dos primeros aviones.

“El país tiene una gran infraestructura a nivel de aeropuertos pero no puedes ir en avión de una ciudad a otra”, explica Gómez sobre las motivaciones que le llevaron a apasionarse por la necesidad real del país de invertir en su parque aeromotor desde la fabricación.

“Una de las cosas que siempre nos ha motivado es que la industria aeronáutica es una industria que desarrolla no solamente el sector aéreo sino que aguas abajo potencia otras industrias. Un avión aglomera todas las áreas de ingeniería”, subrayó.

Gómez detalló que no se trata de un capricho de Venezuela. Indicó que Colombia fabrica sus propios aviones desde hace cinco años, y que igual están haciendo Perú y Bolivia. “Hay un tema de soberanía. Aquí todo el mundo tiene que apostar por las capacidades de defensa del país y la Fanb tiene que ver eso como algo prioritario”, destacó.

Más allá de lo castrense, dijo que los aviones de sello nacional servirán a los 60 centros de instrucción y entrenamiento aeronáutico que hay actualmente en el país. “El sector educativo de formación donde se forman los pilotos, los tripulantes, los mecánicos, ha ido en crecimiento. Este año hay al menos diez centros más en proceso de formación y cada uno requiere al menos dos aeronaves que tienen que ser compradas en el exterior”, enfatizó.

Tarea inédita y de alto vuelo. Julio Cárdenas, presidente de Eansa, explicó que lo que se pretende al tener en pista la primera flota nacional constituye una tarea inédita en Venezuela porque no solamente se trata de la fabricación del avión como tal, sino ir más allá con mano de obra e inventiva venezolana.

Detalló que justamente Eansa nació para cumplir con las tareas de diseño, fabricación, ensamblaje, integración y pruebas de aeronaves, partes y componentes para aeronaves, satélites y cohetes, bajo normas nacionales e internacionales.

“Las perspectivas son producir aeronaves bajo licencia venezolana con calidad de exportación así como garantizar su servicio postventa, tarea inédita en nuestro país. Valora primero como venezolano y segundo como aviador militar el salto para incorporar a Venezuela en el selecto grupo de naciones con diseño y producción aeronáutica, por otro lado, el alto impacto positivo para nuestra soberanía aeronáutica en esta materia controlada por aquellos llamados desarrollados o primer mundistas. Y el logro es mayor en las condiciones de sanciones y regulaciones impuestas por Estados Unidos”, aseveró.

Dos biplaza. Sobre los dos prototipos presentados, dijo que tardaron diez días en ensamblarlos, integrarlos y probarlos luego de que las partes y componentes que se necesitaban del extranjero arribaron al país. El trabajo se hizo en los espacios de trabajo de Conviasa, en el Aeropuerto Internacional de Maiquetía.

Explicó que una vez definido el uso, son siete los pasos para dar un avión por terminado: primeramente se diseña, luego se solicita la fabricación de las partes y los componentes (planos, fuselaje, equipos de avión, motor y ac-cesorios), en tercer lugar se ensamblan las partes mayores y menores, luego se integran accesorios y aviónica, en quinto lugar se hacen las pruebas estáticas y dinámicas para comprobar su desempeño, el sexto paso son las pruebas de vuelo y el séptimo es la certificación de matrícula y aeronavegabilidad por parte del Inac.

Sobre Sibo-100 y Sibo-200 agregó: “Ambas aeronaves se construyen con material no metálico, compuesto novedoso en la industria aeronáutica. Son para entrenamiento tanto militar como civil y otros usos como patrullaje, aerofotografía, vigilancia costera y fronteriza. Se estima en enero 2021 comenzar su producción y en junio las primeras aeronaves”, sumó.

Sobre el avión Sibo-100 señaló que se trata de una aeronave biplaza, mono-motor, con techo de servicio de 18.000 pies, velocidad de crucero de 150 nudos y alcance: 634 mn. Sobre el Sibo-200, puntualizó que es también una aeronave biplaza, su motor utiliza combustible para vehículo automotor, con un peso de despegue de 650 kg, una velocidad de 120 nudos, un techo de servicio de 12.000 pies y alcance 800 mn.

Volando al Alba. El viceministro Velásquez Araguayán, quien está a la cabeza del proyecto, detalló que el objetivo no solo es tener aviones para uso militar venezolano y para comercializar dentro del país, sino también para cruzar las fronteras y extender su venta a los países del Alba, en primera instancia. Esta es una idea que tiene antecedentes.

“Se pensó en fabricar el avión del Mercosur. Los ingenieros venezolanos duraron 4 años desarrollando el proyecto en Argentina, pero al llegar Macri al poder el proyecto murió y se regresaron a Venezuela. Ahora tenemos la oportunidad de darle continuidad al proyecto del comandante Hugo Chávez”, relató.

“Estamos haciendo captación del mejor talento humano que tiene el país para fabricar aviones tripulados, drones y satélites en sus diferentes versiones. Este es el objeto de Eansa. Venezuela forma a más de 50 magisters y doctores en la fabricación de satélites. Lamentablemente se fueron del país, sin embargo, los estamos captando y muchos han decidido regresar a su país para continuar el proyecto que inició Chávez”, agregó.

A juicio del viceministro, Venezuela está en el momento más favorable para fortalecer su poder aeroespacial mediante el desarrollo de la industria aeronáutica nacional. Es con ese espíritu que el presidente Nicolás Maduro recién creó la Empresa de Transporte Aerocargo del Sur (Emtrasur) y el Centro Nacional de Mantenimiento Aeronáutico (Cenma). Estos edificios se construirán en Maracay en la Base Aérea El Libertador, acotó. Con esta noticia, la AMB celebra su centenario por todo lo alto.

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