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La revolución del 4 de febrero, frustración de la secesión del Zulia (3)

El Espectador, 27 de junio 1991 (lectura en internet y en el tomo tercero de mi libro De Cristóbal Colón a Hugo Chávez Frías): 

«El presidente de Venezuela, Carlos Andrés Pérez, oficializó ayer el nombramiento del general del Ejército, Fernando Ochoa Antich, como nuevo ministro de Defensa en reemplazo del vicealmirante Héctor Jurado Toro. Jurado Toro estuvo en el centro de la tormenta de las denuncias de favorecimiento de antemano a un consorcio italiano en la licitación para repotenciar dos de las seis fragatas misilísticas de Venezuela, por unos 200 millones de dólares. Este escándalo envolvió al entorno cercano del Presidente, especialmente a su jefe de seguridad Orlando García» 

Otra vez hay crisis por las fragatas misilísticas. En la del anterior gobierno de Pérez se habló de 800 millones de dólares, ahora se habla de 200, tendencia contradictoria estando desatada la inflación. En las declaraciones aparece incriminada Gardenia Martínez, la esposa de Orlando García, es la verdadera comerciante. Carlos Andrés Pérez declara que ella no ha negociado «Ni una navajita». ¿El consorcio italiano será acaso el «Cantieri navali riuniti» del escándalo que casi mató al primer gobierno de Pérez, que era manejado por el banco del difunto Roberto Calvi? No hay muchos entes capaces de repotenciar fragatas misilísticas. El nuevo ministro Ochoa Antich es el jefe de los Notables. Derecha contra derecha: si Carlos Andrés Pérez es la derecha apoyada por el Fondo Monetario Internacional, Ochoa pertenece a otra que aparece como amiga del Fondo y partidaria de la Globalización, pero conspirativa por la cosa del Zulia. El hecho de que esté en el Ministerio de la Defensa significa que CAP tuvo que entregárselo. Mucho debe dolerle, quedan golpeados sus planes. Demostrando que en asuntos de decencia no se queda detrás de nadie, Carlos Andrés Pérez da al día siguiente una rueda de prensa en la que comunica al país su preocupación por la aparición en Venezuela del fenómeno del tráfico de drogas. Está alarmado, está escandalizado, su responsabilidad de jefe de Estado democrático le impone ponerse a la cabeza del combate contra el infame tráfico. Olvidado de que es a su jefe de seguridad a quien acusan de cargar en el automóvil un alijo, olvidado de una larga historia, se declara «general en campaña contra el narcotráfico con teatro de operaciones en todo el territorio nacional». 

¿Puede aceptar eso la oligarquía caraqueña?

La Comisión Negociadora de Limitación de Áreas Marinas y Submarinas con Colombia, que a ratos se llama Comisión de Conciliación y es objetivación del acuerdo de San Pedro Alejandrino, está actuando. La integran miembros de AD, Copei y el Movimiento al Socialismo. Esta comisión discute con el gobierno colombiano varios temas. Uno es un puerto enorme a construirse en el Golfo de Venezuela. A los militares llega un legajo que está circulando en ciertos círculos importantes del país. Se titula «Proyecto Paso Litoral del Lago» (redactor: la Comisión Presidencial para el estudio de la alternativa paso litoral del Lago de Maracaibo, creada por decreto 532 del 16 de noviembre de 1989). Sobre el cartón de la portada se ha estampado un grueso sello azul que dice «Reservado». La prosa, de tono económico o científico, acota como objetivo primordial del Proyecto «trabajar conjuntamente con una misión de identificación de proyectos en la cuenca del Lago de Maracaibo, contratada con los Países Bajos». 

Agrega el informe: 

«La Autoridad Única del Área para el Proyecto Paso Litoral del Lago, acogiéndose a los requerimientos derivados del Plan de Ordenamiento Territorial del Estado Zulia, adelantará en su primera etapa la construcción de un puerto multimodal y de aguas profundas en la zona norte de la isla de San Carlos, denominado Puerto Venezuela». 

Este puerto se describe en un párrafo de gran ambición: 

«…a fin de consolidar el sistema se diseñarán áreas industriales y de servicios extensos, así como también las respectivas zonas previstas de expansión, visualizándose este puerto, desde ya, como el más grande de Venezuela y uno de los primeros de Latinoamérica». 

El puerto se llamará Venezuela, que es nombre de connotaciones patrióticas, pero ¿son patrióticos estos movimientos? No lo parecen. En todo caso algo es seguro, son peligrosos. Por ellos caen los gobiernos, por entrar en tratos de aplicación del Laudo español derrocaron a Andueza Palacio, y en el intento de rehacer la Gran Colombia, que implicaba navegación colombiana por el lago de Maracaibo y el río Orinoco, fracasó Cipriano Castro. Y en esto siempre está metido el imperialismo. Pero ahora hay en eso un cambio de blanco a negro, las potencias que forman la OTAN—una OTAN nueva, superpotente— y el Fondo Monetario Internacional plantean la superación del diferendo colombo-venezolano dentro de una virtual unión Colombia-Venezuela. Los que dividieron los países ahora exigen la formación de unidades continentales al servicio de las empresas multinacionales. Es la globalización triunfante. Pero ¿puede aceptar el puerto la oligarquía caraqueña? En principio parece significarle una pérdida sustancial de poder y dinero.

El flamante puerto de aguas profundas en el lago de Maracaibo es como una muestra local de un plan continental de obras de infraestructura, el IIRSA (Iniciativa Integración Regional Suramericana) y, en caso de realizarse desarrollaría proyectos tales como un Corredor Biológico Mesoamericano, un Plan Energético de las Américas, un Sistema de Integración Eléctrica para los Países de América Central. El Plan preparaba un objetivo: organizar a América Latina de manera óptima para las multinacionales norteamericanas y europeas, actuando dentro del ALCA o Área de Libre Comercio de las Américas.

El IIRSA se planteó en sus documentos públicos «romper el aislamiento de la región e integrarla a los beneficios de la globalización, dotándola de una moderna infraestructura de comunicaciones». Para ello  

«Se construirían varios corredores logísticos intermodales, a base de súper-autopistas y ferrocarriles, que se interconecten con otros similares hacia los EE.UU; además tres canales interoceánicos secos en México, Honduras y Nicaragua, así como otros dos canales de agua, en Nicaragua y en Panamá y uno que se construiría en Colombia, en base a los ríos Truandó y Atrato». 

También se contemplaba la construcción de grandes puertos de altura, uno en Guayaquil, otro el Puerto Venezuela.

El Puerto Venezuela se combinaba al Plan Energético de las Américas, parte del «Plan Puebla Panamá», dirigido a la creación de un Mercado común de hidrocarburos de la siguiente manera: empezaba privatizando los yacimientos de petróleo y gas que tiene la región Puebla-Panamá, continuaba con la construcción de un oleoducto que iría desde Panamá hasta el sur de Veracruz para de ahí conectarse hacia Texas en los EE.UU y hacia el sur con los yacimientos de Venezuela y Colombia, que ya no serían cabalmente ni de Venezuela ni de Colombia. 

Además de petróleo y canales, el Plan Puebla Panamá, integrado al IIRSA, incluía el Corredor Biológico Mesoamericano, proyecto del Banco Mundial para privatizar el segundo banco bioenergético más importante del mundo, existente allí. La biotecnología vendrá a revolucionar completamente todas las áreas del desenvolvimiento humano: medicina, alimentación, producción agropecuaria, etc., mediante el procesamiento de la biodiversidad, que es especialmente rica en las zonas donde hoy habitan las poblaciones indígenas y campesinas de la región. Para construir tal maravilla se contaba con el financiamiento del Banco Mundial y el Banco Interamericano de Desarrollo. Los críticos de estos planes señalarán, cuando se expliciten en tiempos del Internet, que se endeudará la región, que perderá su independencia y que los beneficios de los inmensos negocios que nacerán no alcanzarán a los pueblos. ¿Exageran? La ideología explícita, no ocultada, del Plan es neoliberal y para los neoliberales la inversión de los dineros de PDVSA en programas de alimentación popular, médicos Barrio Adentro o Educación masiva es pérdida que daña la declaración patrimonial anual de la empresa. Ello permite evaluar el acceso que los pobres tendrían a los beneficios de esa geografía cruzada por canales y autopistas a granel. ¿Justificaba esto la secesión del Zulia?  

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