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Astucia. Rómulo Betancourt habla el día antes de su golpe de estado de 1945 (1)

Cuando pienso en la puñalada que se dio Argentina al votar con Javier Miley me consuelo apuntando que no es astuto. Tendrá a su alrededor muchos astutos, pero él no lo es, un astuto no dice que detesta a su mamá y a su papá ni dice otras muchas locuras. No es como Rómulo Betancourt.

El texto que sigue es el del discurso dicho por Betancourt en el Nuevo Circo el 17 de octubre de 1945.  En los cuarteles estaban alistándose los fusiles, las ametralladoras y los tanques para amanecer al día siguiente dando el golpe de estado y él pide elecciones, ha conspirado con Pérez Jiménez y Delgado Chalbaud y su voz es civilista. Oigámoslo:

 “Hemos estudiado el panorama político del país, y en forma muy responsable quiero decir esta noche que nosotros conceptuamos muy grave la situación política de Venezuela. El régimen se ha escindido en dos frentes; cada uno de esos frentes tiene un General a su cabeza: y en Venezuela la experiencia histórica nos comprueba que nuestros generales no han dirimido sus contiendas en las plazas públicas con las armas civilizadoras de la palabra escrita y hablada: que han dirimido sus contiendas en otros sitios y con otras armas, y que siempre ha sido el pueblo venezolano el cordero pascual, el “chivo expiatorio ” en esa forma drástica y violenta como han resuelto sus conflictos y sus pugnas los generales de nuestro país. Y cuando digo pueblo no me refiero exclusivamente al hombre de blusa y alpargatas, sino a todos los sectores sociales desvinculados de las camarillas de la politiquería, cuyas vidas y haciendas han sido siempre afectados por las guerras civiles. Nosotros Amos perfilarse esa amenaza cuando lanzó el General Medina la consigna de que con todas sus fuerzas se opondría a la candidatura del General López Contreras, y cuando éste le replicó dictándole que acepta su candidatura con firmeza, que está dispuesto a ir a la defensa de lo que considera instituciones amenazadas y cuando reitera al día siguiente que en su casa, y no con fines de joya histórica, tiene guardado el uniforme de General en Jefe. (Aplausos). Ha sido precisamente nuestra tesis orientar en el sentido de buscarle una salida pacífica a la situación existente, a esta situación de pugna que puede devenir en violenta guerra civil. Y al discutir esta cuestión en la Cuarta Convención, todos los compañeros nos preguntamos: ¿es que ya no es la hora sonada de que se plantee el problema político venezolano en sus verdaderas dimensiones? ¿Es que un pueblo libre, un pueblo de libertadores pueda continuar admitiendo que cada cinco años sea un hombre o una camarilla quien le imponga gobernante? ¿Es que no puede nadie más gobernar a Venezuela que alguno de los escasos hombres que quedan del grupo político que viene monopolizando la Presidencia de la República? ¿Es que somos colectivamente una nación de dementes o de serviles crónicos, obligados a estar siempre conducidos por el cayado de unos cuantos tutores, cuando vemos a todos los pueblos de la tierra dándose sus propios gobiernos mediante libre consulta electoral en elecciones con sufragio directo, universal y secreto? Y entonces llegamos a la conclusión de que era sonado el momento de que volviéramos a aquella consigna que se abandonó en 1936, a aquella consigna cuyo triunfo hubiera impedido la continuidad del hilo constitucional gomecista; aquella consigna cuyo triunfo hubiera impedido lo que en definitiva sucedió: que el Estado, de facto gomecista, el Congreso gomecista, el Ejecutivo gomecista, los jueces gomecistas, recibieran una lechada de juricidad mentirosa. (Aplausos). Esa consigna fue lanzada en 1936. Se constituyó el llamado “Bloque de Abril” y en nombre de ella fuimos a la jornada de junio, y aplastado el movimiento popular por el lopecismo, nos replegamos: aceptamos la mentira monstruosa de que podían dictar leyes, de que podían elegir Presidente de Venezuela, Congresantes escogidos en la apacible tranquilidad del Samán de Maracay por el General Juan Vicente Gómez. Pero hubo una razón que puede explicar ese repliegue del movimiento popular, era la hora de la ascensión del fascismo, era la hora de la espada, como dijo Leopoldo Lugones; pero en 1945 la situación es absolutamente diferente; estamos viviendo universalmente la hora del sufragio libre. En todos los pueblos de la tierra vemos cómo se está consultando al electorado para que el electorado ejercite el principio de auto gobierno, estampado solemnemente en la Carta del Atlántico, y aplicándose ese principio, la vieja Inglaterra, admirando a Winston Churchill, admitiendo que Winston Churchill, hizo más por ella de lo que pudo  hacer por Venezuela el General López, lo desplazó del Poder y quince millones de votantes entregaron la rectoría del Gobierno de Su Majestad Británica al Partido Laborista, carne y pasión del pueblo. (Aplausos). En Francia, el Gobierno de Charles De Gaulle, el Gobierno de jacto de la resistencia, está siendo ampliado paulatinamente mediante sucesivas consultas electorales por un gobierno de signo democrático y socialista. Hasta en la India, en la milenaria India, los parias y los intocables, estratos sociales más deprimidos de una sociedad jerarquizada están preparándose para ir a los comicios. Y en el Japón, después de haber afirmado Mac Arthur que el pueblo tiene derecho para imponer hasta por la fuerza la democracia, se aprestan para votar, para darse su propio gobierno democrático, no sólo los hombres sino las mujeres, las “geishas” de un país donde la mujer ha sido arrinconada por la brutalidad masculina a reducto de la esclavitud. Y en Corea y en Polonia y en Grecia, y en los Balcanes y en el Portugal de Salazar y de Carmona, en todos los países de Asia y de Europa vemos a los pueblos yendo a las urnas electorales para escoger a sus propios gobernantes Y si nos trasladamos a la América, podemos ver cómo tres países de evolución histórica similar a la nuestra, tres países que han venido despotizados, han encontrado en el sufragio directo, universal y secreto el centro de equilibrio de su perdida gravedad política y económica. Me refiero a Guatemala, donde ya no gobierna Jorge Ubico, sino el doctor Juan José Arévalo. Me refiero a Cuba, donde ya no es el Batista el Presidente sino Ramón Grau San Martín, (aplausos). Me refiero al Perú, despotizado por la oligarquía civilista, donde ya no está en la Presidencia aquel fantoche irresponsable de Prado Ugarteche sino el doctor Bustamante y Rivera, y donde ya no hay una mayoría espúrea sino una mayoría aprista, ganada de las lides eleccionarias dentro del Congreso de ese país. (Aplausos). Y ahora, cuando desaparezcan definitivamente del escenario político del sur los coroneles arrogantes del Plata, cuando ya no queden ni vestigios ni de Perón, ni de Farrel, ni de a ralos, cuando el G. O. U. sea un mal recuerdo en la memoria del gran pueblo de Domingo Faustino Sarmiento, no se verá en la Argentina a las versiones gauchas del General López Contreras y Medina (risas), tratando de imponer su voluntad: el pueblo será convocado a elecciones libres para que se dé su propia forma de gobierno. (Aplausos). Voy rápidamente, espérenme diez minutos nada más, que solamente diez minutos voy a molestar. VOCES. – Toda la noche si quiere.

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