InicioJabón de olorEl canal de Panamá antes de Panamá. Macondo

El canal de Panamá antes de Panamá. Macondo

Los Welser exploran partiendo de La Vela de Coro, buscando oro que, de acuerdo a una teoría en boga en toda Europa, se «cría» mejor en la región cercana al ecuador del mundo. Pero también se interesan en canal, ya el primero de los gobernadores Welser, Ambrosio Alfinger, cuando hace una «entrada» en las densas selvas que están más allá de Coro, busca «el paso y la especiería» (También las perlas eran objeto de mucha gula). La especiería era la canela y otros vegetales de aroma que ya movieron la codicia de Colón porque eran carísimos en Europa, algo así como un dije de oro que podía ponerse a las comidas. Acerca de «el paso» ello se había convertido en una obsesión después que Balboa notició la existencia de un Mar Nuevo tras el istmo de Panamá. 

Carlos V incluyó el paso en el contrato Welser. El documento no dice qué grado de importancia le confiere el emperador a este asunto del paso ni si sufrió disgusto cuando los teólogos, tan activos, tan acatados, prohíben la apertura de un canal con base en una cita del Nuevo Testamento, acerca del matrimonio: «Lo que Dios, pues, ha unido, no lo desuna el hombre». [Mateo, XIX, 5-6]. 

No conocemos la profundidad del pensamiento geopolítico del hombre más poderoso del mundo en aquel momento, pero es lo cierto que su proyecto era perfeccionar su imperio, conquistar a Francia, envolverla en el complejo Habsburgo y con ello unir a Europa. El caso es que en 1524 creó una comisión de ingenieros que estudiase el canal de Panamá. Cuando cuatrocientos años después Alemania reúna los principados que la forman y cree un imperio o Reich, el segundo, bajo Guillermo II Habsburgo, comenzará una carrera obsesiva tras la posesión de un canal centroamericano. Es que ha devenido una potencia industrial y una potencia industrial sin un canal que la ponga en contacto con todo, pero todo el mundo, está castrada. Esto aparecerá en los episodios de Cipriano Castro, porque el bloqueo de 1902 y la Guerra de los mil días colombiana y la Primera Guerra Mundial y la Segunda Guerra Mundial, son etapas, síntomas, ásperos intentos de Alemania por superar la castración y, después, como siempre, unir a Europa.

Estos intentos, con uno u otro protagonista internacional, público o secreto, propenderán a reaparecer en las primeras décadas del siglo XXI, tocando principalmente a Nicaragua. Hablamos del derrocamiento del presidente Manuel Zelaya porque  Guatemala, Belice, El Salvador, Honduras y Costa Rica son micropaíses creados en función de impedir que se construya ese canal. Carlos V era alemán y alemana era la casa Welser. Él no unió a Europa pero hoy lo está y más bien propende a dividirse.

El 3 de mayo de 1530 Alfinger regresó a Coro. De los 180 hombres que llevó, sólo le acompañan 70. Pero trae oro por valor de 7.000 pesos. El 9 de julio de 1531 salió de nuevo de Coro con destino a Maracaibo, que tal vez funda en ese momento. Cree que el extenso lago es la ansiada comunicación con el mar del Sur. Desde Maracaibo emprendió una nueva expedición que lo llevó a la Ciénaga Grande de Santa Marta, laguna costera, combinación de aguas del mar Caribe con aguas dulces que llegan por el río Aracataca, entre otros, un ecosistema de manglar que pintó Gabriel García Márquez fantaseada e hiperbólicamente, en Cien años de Soledad, en el capítulo donde los hombres de Macondo emprenden un viaje a través de la selva con el fin de llegar a la tierra donde se producían los grandes inventos. El sabor árabe que sueltamente tienen algunas escenas de la saga de Macondo, resuena con el atribuir el texto de la XVI duquesa de Medina Sidonia poblamiento musulmán a estas tierras. Acerca de la Ciénaga, acota: 

«Muy significativo es el documento en el que unos pescadores que faenan entre las aguas del cabo Ciénaga, en la actual Colombia, se niegan a pagar impuestos al rey Felipe II alegando que son aguas que pertenecen a los moros y que ellos pagan impuestos al Cherife de Fez». 

Alfinger retrocede, vuelve a Maracaibo. Torna a avanzar por la región de Valledupar y envía a Coro oro recogido por valor de 24.000 pesos. Derivando, estos jinetes llegaron al valle de Chinácota donde se vieron súbitamente rodeados de indios. Hiere a Alfínger en la garganta una flecha con veneno. El 2 de noviembre llegan a Coro los sobrevivientes de la expedición con nuevos 30.996 pesos de oro. Alfínger murió el 31 de mayo de 1533. Deja fundada la ciudad de Maracaibo. 

Los nombres alemanes se suceden: Gerónimo Sailer, Hans Seissenhofer, Nicolás Federman. Todos derivan hacia el sur y el occidente en busca del reino donde basta estirar la mano para tomar el oro. Regresan barbudos, enloquecidos, con la marca del asesino. Nicolás Federman hace dos viajes, en el segundo también busca «el paso hacia el Pacífico». Y hay un camino para llegar a él, es un río, se lo aborda en un punto de la costa interior del lago de Maracaibo. El río se llama Sarare o Carare o Zulia, por él se atraviesan montañas. No se sabe si Federman remonta ese río, sí que cruza llanuras y Santa Marta y la región de pantanos y sube a una meseta que de tan grande que es no se ve. Allí sucederá la casi imposible coincidencia de tres conquistadores. Añadamos que uno de ellos, Jiménez de Quesada, ha sido rastreado por Germán Arciniegas como el modelo del Quijote, por la afinidad de su apellido por el Quijada del personaje de Cervantes, por el parecido de carácter y hazañas. 

Dado que los tres se atribuyen la posesión y amenazan apelar a las armas, se van a ventilar su discrepancia en la corte de Madrid, pero queda fundada Santa Fe de Bogotá.

 También está fundada una discordia geopolítica. El futuro verá una oposición de pulsiones entre una, que asume a la actual Venezuela y al virreinato de Nueva Granada, la actual Colombia, como un solo país, que vendría reforzada por la concepción de Bogotá como la Meca, el centro, y el río Meta como emisión de esa Meca a cuyo extremo opuesto o desembocadura arribó Colón, calificando sintomáticamente a la tierra como El Paraíso terrenal, y otra que propende a separar a Venezuela y Bogotá. La duquesa Álvarez de Toledo alude a esto así:

«Fracasado, Ordás repitió, entrando por el Huyapari, que es el Orinoco, pero salió a La Trinidad, por la boca de Cabo Verde, en las inmediaciones de una San Miguel, recién fundada. Regresó a Cumana, costeando Porto Santo y la “isla” de Cáliz».

Empeñado en su conquista, pasó a Coro. Preparada una segunda expedición, remontó el río Oppia, hasta salir al Meta. Navegando contra corriente, durante 14 días, dio en el monte donde estaba su nacimiento, entre yacimientos de un oro de 22 quilates…/…Ricos los naturales, pero hábiles en el manejo de la honda, el dardo y la hierba ponzoñosa, el reino de Meça, que alcanzaba el Amazonas, estuvo cerrado a los castellanos. Penetraron esporádicamente, encontrando o creyendo encontrar poblados, de mujeres guerreras que considerando superfluo al varón, no los admitían en su compañía. (Esta aparición de las amazonas las extiende a sitios donde nunca las ha colocado la historia, o extiende el «reino de Meça», de Cundinamarca al centro del actual Brasil).

La diferencia de lecturas entre la que asume a Venezuela y Colombia como un solo país, y otra que propende a separar a los dos países funcionará como un bajo continuo de la historia de las dos naciones a través del tránsito de casas reales españolas, de la de Austria a la Borbón, y luego, con la Independencia, en forma de construcción de la Gran Colombia por Francisco de Miranda y Simón Bolívar, por Tomás Cipriano Mosquera y Cipriano Castro y Rafael Uribe Uribe y las respectivas fragmentaciones. 

Si el narrado choque de fundadores de Santa Fe de Bogotá es un primer acorde, el segundo sonará unas décadas después con la forma de la gestión de Antonio de Berrío, heredero de Jiménez de Quesada. 

Los Welser despertaban la envidia de los españoles y su odio, pero era trabajo perdido, pues en Madrid, Filipina Welser, hija de Bartolomé Welser, se matrimonió con el archiduque Fernando, sobrino de Carlos V, con lo cual creció más la influencia Welser en la Corte. Todo matrimonio genera un árbol genealógico, el que baja de Filipina y el archiduque Rodolfo cruzará la obscura tierra de los siglos, en busca de camino. 

Carlos V había avanzado su Sacro Imperio Romano Germánico, guerreando contra Francia, percibida por él como obstáculo enorme impuesto entre España y Alemania. Y la guerra se hace con dinero, con el oro y la plata peruanos y de América en general, además de «la explotación de la población castellana», según Ramón Carande. Pero el verdadero oro, el que convirtió a Carlos Habsburgo en Carlos V había venido de la banca Welser.

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