InicioJabón de olorEl peligroso canal mexicano de unión Mar Caribe-Océano Atlántico

El peligroso canal mexicano de unión Mar Caribe-Océano Atlántico

Hace como año y medio asistí a una sesión del Centro Nacional de Historia de donde salí entusiasmado. Presidía Pedro Calzadilla, asistía como invitado especial Roy Chaderton, que habló de sus pedreas contra Pérez Jiménez desde el liceo Fermín Toro, José Gregorio Linares reveló aspectos elocuentes de Simón Rodríguez y una historiadora cuyo nombre no conocía analizó los grupos y partidos norteamericanos de la época cernida entre 1810 y 1830 con detallada acuciosidad. Escuchándola fue que se me vino a la mente la Tehuantepec canal Company, que adquiere en estos días brutal y peligrosa actualidad porque el tema Tehuantepec apunta a la fragmentación de los Estados unidos.

Hay lecciones de esto, se las accede consultando el pilar geográfico de la historia, vale decir la geo-política. La apertura de un canal que permita navegar entre el Atlántico y el Pacífico por el istmo de Tehuantepec propendería a fragmentar a los Estados Unidos y ya se expresó en la Guerra de secesión.

Es asunto de distancias. Si un  producto, una carga de acero por ejemplo, era montado en un barco en Nueva York para ser llevado a la costa del Pacífico ya entonces robada a México, debía recorrer una distancia mayor que si era embarcado en Nueva Orleans, que está muchos kilómetros más al sur, sobre el Caribe. Eso creaba ventajas a los productos del sur respecto a los del norte, igual al acero que al algodón y comenzaba a incentivar el secesionismo, tentaba al norte a sentirse perjudicado. Pero tales diferencias norte-sur resultaban despreciables en cuanto que, no existiendo canales en Centroamérica, todo barco movido entre las dos costas tenía que descender hasta el Polo sur y subir desde allí con su carga hasta California, por ejemplo, y en tal trayectoria larguísima, la diferencia entre norte y sur era nada.

Mucho se estudiaron y teorizaron las rutas centroamericanas y de ellas habló Simón Bolívar en la Carta de Jamaica.

La de Tehuantepec tuvo usos prácticos. “El estrecho dudoso”, lo llamaban los enemigos de Hernán Cortés en la corte de Madrid, pero Cortés mató toda duda conquistando las Filipinas. Sí, porque Filipina viene de Felipe de Austria, el rey, y los cañones que permitieron matar indígenas en aquellas lejanas islas del océano Pacífico para instalar a España atravesaron México por Tehuantepec.

Es de suponer que a lomo de indios se transportaron sobre el corto tapón de tierra que separa los ríos Tehuantepec, que desemboca en el Caribe y Coatzacoalcos, que lo hace en el Pacífico.

Tal tapón de tierra ha permanecido imperforado hasta hoy, pero es lógico que López Obrador lo hará perforar porque el canal se va a abrir este mismo año, como puede verse en internet colocando “Tehuantepec canal”.

  Dato significativo es que Veracruz, ciudad portera de Tehuantepec, fue el último punto que abandonaron los españoles cuando se produjo la independencia, Fueron dos, El Callao, que es sitio de tiro sobre el Potosí, que Bolívar calificó de erario del imperio español, y Tehuantepec. Así sería de valioso.

Volvamos a la Guerra de secesión norteamericana. Obviamente, si las cargas podían pasar del Caribe al Pacífico y viceversa por un canal, las ventajas del sur norteamericano sobre el norte serían marcadísimas y la pulsión sudista de separarse del Norte crecería.

Hay varios canales factibles en Centroamérica, cuando se abra el de Tehuantepec la ventaja del sur será de escándalo. El canal Sandino, por Nicaragua, sería igual pero más lejano y por ende de más suave impacto. No en vano aparece en versión francesa de México el dato de que el presidente de la Confederación sudista lo era también de la Tehuantepec canal company.  El sur se sentía poderoso, aspiraba a ser capital, el norte era industrial, burgués sin esclavitud, tenía más poder real. Vino la guerra y el norte venció. Para detalles las obras de William Faulkner y la película Lo que el viento se llevó, falaz respecto a la esclavitud, muy falaz.

Pero hay un tercer film, que en estructura profunda es citado en el de Luis Alberto Lamata Carabobo, caminos de libertad, se trata de El nacimiento de una nación. El de Luis Alberto es patriótico, el de Griffith es panfleto brillantísimo del Ku klux Klan, nacido en el sur secesionista y resurgente hoy

Alfredo Jalife listó en artículo reciente los estados secesionistas norteamericanos, clasificándolos en republicanos y demócratas. No dijo que California es la quinta economía del mundo, pero así es. Entrevistado por tv señaló que López Obrador no es azteca, que reivindica otras ancestralidades mexicanas. Es un dato, otro es que los Estados Unidos se hicieron a partir de robarle la mitad de su territorio a México, clausurar a Centroamérica volviéndola pobre y matar o anular a Simón Bolívar.  La hora de la América española llega al tiempo que la apertura de Centroamérica.

El que va a caer no ve el hueco, dice el dicho. Nadie parece darse cuenta de la peligrosa y grande jugada codificada en el canal mexicano.