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Geopolítica secreta y triunfo

Se revelaban detalles. Llamado de urgencia ante rumores de golpe de estado inminente, Pérez había regresado de Davos, de la reunión del Club de Bildenberg, gobierno mundial integrado por presidentes de transnacionales, jefes de servicios secretos de las potencias capitalistas y algunos presidentes que asisten para negociar. Allá estaban Carlos Andrés Pérez y César Gaviria. ¿Qué fueron a negociar?

En los últimos meses la prensa colombiana había mantenido abundante información sobre tratos de límites entre los dos países. El Tiempo, de 21 de diciembre de 1991 trae una noticia sensacional: Carlos Espinosa se ratifica en advertencia separatista:

“La advertencia del presidente del Congreso Carlos Espinosa Faciolince sobre una posible secesión de la Costa Atlántica, hecha esta semana, no es un chiste. Ayer se ratificó en lo dicho”.

“Dije que en caso de que se nos negara la posibilidad de adoptar un modelo de ordenamiento territorial para establecer el equilibrio entre las regiones del país, frente a la obstrucción y marginamiento de que venimos siendo objeto, está­bamos decididos a traducir políticamente ese hondo sentimiento regional impulsando la creación de la República Independiente del Caribe”, afirmó en una declaración oficial que entregó ayer a los periodistas. En un boletín de prensa divulgado por el Senado hace tres días, al término de una reunión de congresistas costeños, Espinosa dijo: “Tomamos la decisión de que, o logramos un reordenamiento territorial o habrá separación”.

La globalización autoriza a las regiones a hablarle duro al Estado nacional. ¿Tendrá la expresión del señor Faciolince correspon­dientes en Venezuela? Faciolince no es un político más, ¡es el Pre­sidente del Congreso colombiano!

La revista Cromos de Bogotá, una de las más populares de aquel país, traerá en su número de junio 27 de 1992, cuatro meses posteriores al golpe de Chávez, un artículo que responde muchas preguntas. Se titula «La costa ¿Independencia federal?» y en la página 13, correspondiente al índice, un mapa del norte de Colombia con señalamiento de los departamentos que se separarían según la ini­ciativa encabezada por Faciolince. Son siete y cada uno está identificado con un color. El más norteño es la Goajira, amarillo; al sur César, rojo; a la izquierda Magdalena, morado; Atlántico, amarillo; Bolívar, azul; Sucre, amarillo punteado; finalmente Córdoba, rojo. Debajo del gráfico va un texto: «La República del Caribe, una declaración de unidad».  ¿Unidad?

Si observamos el lado más occidental del mapa notaremos que dos de los departamentos cuya secesión está planteada, Goajira y Cesar, limitan con el estado Zulia venezolano y sus ríos tienen salida al lago de Maracaibo.

El avión presidencial frena y tien­de su escalera en la pista del aeropuerto de Maiquetía. Ahí está el ministro de la Defensa, general Fernando Ochoa Antich, aguardan­do. Se acerca a CAP apenas toca tierra, caminan hablando en vía al edificio del terminal de pasajeros. ¿Qué hablan? Según una versión, Ochoa le advierte a Pérez sobre la inminencia de un pronuncia­miento militar. Según otra, que ofrecerá meses después el general Herminio Fuenmayor, muy de Carlos Andrés Pérez y enemigo jurado de Ochoa Antich, éste «fue al aeropuerto para detener al Presidente, pero se raja y lo que le dice a Pérez es que hay un golpe». Pérez parece escucharlo atentamente, al concluir la exposición le ordena: «Presénteme su renuncia maña­na a primera hora». Veinticuatro horas puede ser mucho tiempo, máxime cuando que, a la conspiración que Ochoa habría venido a denunciar se unía otra en que él participaba, la de derecha.

Chivo expiatorio, derecha nueva

Todo esto debió aprenderlo Nicolás Maduro y mil cosas más durante los primeros meses de su actividad al lado de Hugo Chávez Frías. En la Venezuela por la que camina, Pérez tiene en contra al pueblo, que ha encontrado un hermano y salvador armado en Hugo Chávez Frías.

Los meses siguientes están marcados por los ataques de los hom­bres de derecha a Carlos Andrés Pérez. Es una derecha joven, neoliberal, que se organiza en ONGs e identifica el dolor traído por el neoliberalismo como producto del «paternalismo» de los partidos y de Carlos Andrés Pérez cuando que justamente éste abandonó el capitalismo keynesiano, y no sólo lo abandonó, sino que lo está combatiendo, pero con esto se está intentando secuestrar el dolor de la gente que no sabe de política, cosa que realizó con maestría Rafael Caldera la tarde del golpe de Chávez. De paso se crea el chivo expiatorio: «Pérez nos ha jodido, pero será castigado». Un diputado del MAS, partido taxi de los poderosos, solicita en el Congreso la defenestración de Pérez por financiamientos ilegales a la presidenta Chamorro de Nicaragua. Nadie pregunta cómo llegó la documentación al diputado, basta con que se castigue a Pérez. Se le destitu­ye. Es la primera vez que se hace tal cosa en la historia venezolana y el espectáculo de sa­crificio de chivo expiatorio desata en las gentes alegría de catarsis.

Rafael Caldera recorre a Venezuela, habla contra el neoliberalismo y cita con su presencia años de keynesianismo que fueron más suaves. Chávez está preso y el hombre de la retórica socialcristiana se roba definitivamente el voto chavista, es electo presidente. Desde el poder intentará cumplir sus promesas keynesianas.

Pero el precio del petróleo llega a ser de 5 dólares el barril. El presupuesto nacional está yéndose al foso, el bolívar se devalúa cada día. Para colmo es subido el valor de la gasolina, una medida exigida por el Fondo monetario internacio­nal y claramente evadida por el gobierno de Caldera, temeroso de un nuevo Caracazo. El alza se realiza. No hay Caracazo, la masacre del 27 de febrero está en la memoria, la masacre sucede esta vez en la mesa de comer de cada hogar venezolano.

¿Estaba hecho de la pasta de Fidel Castro?

Caldera libera a Chávez. Es un acto que mucho se le ha criticado por la derecha, exagerando tal vez, porque para una visión como la de Caldera no estaba mal que aquel oficial Chávez hablara contra la globalización y contra el neoliberalismo, y citara a Bolívar y a Manuelita Sáenz, y despotricara de Acción Democrática y critica­ra la corrupción de Copei, que era un partido de malagradecidos, que le debían todo y lo habían expulsado.

Hablando así, Chávez ganaría las elecciones, eso era muy factible. Después enfrentaría los problemas de verdad y tendría que entrar por el aro, como había entrado él y antes Rómulo Betancourt. Todos los políticos latinoamericanos que habían querido vivir y ejercer poder habían aceptado la realidad. Los que procedieron distinto murieron: Che Guevara, Jacobo Arbenz, Salvador Allende.

Fidel Castro era el único ejemplo de hombre fiel a las ideas de juventud y triunfante. El único. ¿Estaba aquel teniente coronel nacido en un sitio sin nombre de los sabanales de Barinas, hecho de la pasta de Fidel Castro? ¿Podía permanecer entero donde un Rafael Caldera se había doblado? Quizá combatiría la corrup­ción, cosa que no estaría mal, pero no se atrevería a tocar el petróleo, porque la corrupción es cuantificable en tal vez dos por ciento del presupuesto nacional, mientras que el petróleo significa un 80% o más, 48.000 millones de dólares al año. En esto de capitalismo y corrupción, Chávez no podría hacer sino lo que él, jugarse con el santo, pero no con la limosna. Máxime que el suyo sería otro mundo. Era cosa extensamente calculada en los laboratorios de análisis mundial el auge futuro de China y de India, eran pro­cesos echados a andar e irreversibles, y claramente calculable re­sultaba el aumento brutal del consumo y del precio petroleros que desatarían. Y por supuesto, tenían que estarse tomando medidas para colocar gobiernos títeres en los países productores, árabes, México, Venezuela, que mantuvieran el petróleo barato a pesar del alza oriental.

A toda esa información tenía fácil acceso Caldera, y en cuanto a gobiernos títeres y a la política que se les imponía, no necesitaba información intelectual, el suyo era un ejemplo máximo, era el esquirol de la OPEP.

Más allá de fantasear sobre intenciones es eficaz observar los resultados. ¿Cuál hubiera sido el destino de Venezuela y de América Latina si Chávez hubiese continuado en prisión por diez o doce años, si la abandonara recién en 2008?

Zulia y petróleo, como siempre

Luego del indulto Maduro, Cilia Flores y un tremendo grupo de seguidores, ayudaron a Chávez a organizar su movimiento político. Chávez aparece punteando en to­das las encuestas en los estratos pobres y de clase media.

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