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Humboldt, espía e imperialista

En el año de 1805 Simón Bolívar visita el palacete donde vivía Alejandro Humboldt, evidente padre de la geogra­fía moderna,  naturalista de una polivalencia que no volvió a repetirse, especializado al mismo tiempo en etnografía, antropología, física, zoología, ornitología, climatología, oceanografía, astronomía, geología, mineralogía, botánica y vulca­nología, a lo cual añadía una gran cultura humanística y una nota­ble valentía que le permitió adentrarse en selvas peligrosas. Eran famosas las anécdotas que lo pintaban a bordo de una gran canoa en un territorio poblado por cocodrilos, boas, jaguares, rápidos, humedad, y hambre, observando perros mudos y hombres que se  alimentan de tierra horneada, alimentándose él su compañero sexual y de aventuras Aimee Bompland de arroz, hormigas, yuca, agua del río y un mono ocasional. Extraños animales gruñían en la selva,  encontraban misioneros españoles y tribus nativas, recolectaron miles de plantas e hicieron anotaciones y dibujos de animales con las manos y caras hinchadas por las picaduras de los mosquitos. En Perú conocieron ruinas de los Incas, encontraron restos de un mamut, en Venezuela los guácharos.

Humboldt recibía la admiración de los grandes salones de aquel París, por igual en el de Madame Tallien, que en el de Madame Stael, creadora del romanticismo, o el de Madame Recamier, ilustre por su belleza y sus muebles o el de Madame Beauhornais, esposa de Napoleón Bonaparte y madre de Hortense de Beauharnais, a cuyo círculo íntimo pertenecía Aimeé Bonpland, feliz jardinero del Elisee.

La visita o visitas al gran sabio fueron  para Bolívar tocar el Partido mendelshoniano, que pocos se imaginaban que existiera y que, nacido con Sócrates, tenía en aquel tiempo su principal expresión en la Independencia norteamericana y en la alianza de los borbones de España y Francia con la joven potencia norteamericana. Humboldt había sido  discípulo de Abraham Kästner, el colaborador científico de Benjamín Franklin y viajó a la América española permisado y protegido por Carlos IV Borbón, hijo del rey Carlos III que ya había cultivado la alianza con Benjamín Franklin. Todo iba por ahí.

El permiso dado a Humboldt es excep­cionalísimo, lo autoriza a revisar a fondo las posesiones españo­las. Sólo a personas muy de su confianza daban derecho los reyes españoles a esculcar sus propiedades, en lo cual no se mostraban distintos a cualquier mortal. Pero aquí viene el secreto, el científico era un protegido de Moisés Mendelshon, gran señor de la banca mundial, judío seguidor de la filosofía emitida por Barujh Espinoza, bete noir del judaísmo tradicional. Espinoseano era también Goethe, quien calificó a Espinosa de «theissimus et christianissimus» y escribió « la más alta realidad, que es el fundamento de todo, el espinozismo, en el que todo lo demás descansa y de la que todo lo demás fluye. Él (Espinoza) no prueba el ser de Dios: el ser es Dios. Y si por eso otros le han considerado ateo, yo quiero ahora llamarle y honrarle como teísimo y cristianísimo”

El de Mendelshon era un judaísmo conflictivo que ya latió  en unos sectarios que actuaban en Londres por 1630 o 1666  llamados puritanos, afines políticamente a la casa de Tudor y adversos a la de Estuardo. Vestían de negro y daban gritos contra el pecado en las calles. Mueven la Biblia, también negra, en la mano ante la gente indiferente y pasajera, identifican a Jerjes como el Ahasuerus del Libro de Esther. Un grupo radical de puritanos, no queriendo vivir en las islas británicas, “podridas por el venecianismo”, se marchó a Holanda, el país más judío del mundo, y allí subió a un barco llamado Myflower y fundó los Estados Unidos con el nombre de Nueva Holanda. Esto habla del sgno natal de los Estados Unidos: judaísmo espinoseano.

La fórmula por la que trabajan Mendelshon y Humboldt resuena pues con el Destino manifiesto  de los Estados Unidos. ¿Qué hacían? Los historiadores mexicanos han llamado a Humboldt espía porque habiéndole el virrey de México entregado para su estudio la contabilidad del virreinato porque así  lo ordenaba Carlos IV, y habiéndola Humboldt estudiado, y asimismo habiendo recorrido todo el territorio mexicano, al  viajar a los Estados Unidos informó al presidente Jefferson  de todas las riquezas mexicanas, de sus vías y canales interiores y de los de Centroamérica, que recorriera detalladamente durante el viaje a México, vale decir Panamá, istmo donde detalló las tres rutas posibles, Nicaragua y Tehuantepec. También informó a su hospedador la estratégica trayectoria del río Sabina, que permitiría a los Estados Unidos  avanzar ventajosamente para invadir a México, porque ya desde entonces tenían la atención asestada sobre México, el país más rico del mundo.

¿Eran tontos Carlos III y Carlos IV de España que propiciaron el viaje humboldtiano y la esculcación?  Las acciones de Humboldt parecieran más bien ejecutar un plan macro mendelshoniano que ya había apoyado la independización de las colonias norteamericanas para producir la que sería la más grande derrota de la historia británica. De  guerra entre borbones e ingleses se trataba, la guerra más importante del mundo, la que continuaba Napoleón en los días de las visitas del joven Bolívar a Humboldt. La otra posibilidad es la de una traición a pactos que garantizaran a España una intocabilidad de la colonia mexicana.

Que hubiera interés en México no significa que no se ambicionara el resto de las colonias españolas, era asunto de prioridades, primero se come el lomito, después la chocozuela. La primera mitad de la trayectoria de Humboldt  en América, habla de ésta, también la función del rio Orinoco y de la región esequiba en los planes de unión canalera que dibujará a Jefferson. Había llegado a América por Cumaná, en el extremo oriental de Venezuela, sitio que asaltara dos años antes una escuadra inglesa a las órdenes del Almirante Harvey, capturando para siempre la isla de Trinidad y la región del Esequibo.

Fueran los que fueran los deta­lles, lo que parece visible es que Humboldt está invitando al joven Bolívar a participar en planes y aventuras continentales, presumiblemente desde territorio venezolano.

Bolívar no se adscribirá al partido mendelshoniano  y ello tendrá repercusiones en sus muy conflictivas relaciones con los Estados Unidos, en  la prisión por Bolívar de Miranda y en la muerte en prisión de éste en una Cádiz que gobernaban los ingleses, aparentemente sus amigos, como se verá en futuros artículos.