InicioJabón de olorHumboldt, Mendelshon y Henry Clay contra Bolívar

Humboldt, Mendelshon y Henry Clay contra Bolívar

El partido de Mendelshon y Alejandro Humboldt como creador de los Estados Unidos y con ello asestador a Inglaterra de la más grande derrota de su historia, atribuía a ésta un origen veneciano y al partido Estuardo el sobrenombre de “venecianos”.

En una larga historia se concatena, por ejemplo, el oráculo de Delfos que supuestamente les decía la verdad y el futuro en ejercicio de su lema «conócete a ti mismo» les daba centro y fuerza. Ese oráculo trabajaba con el viento, la tempestad que había hundido los barcos de Jerjes en la batalla de Salamina había sido enviada por los sacerdotes délficos. Ese de enviar tempestades, se suponía en tiempos de Shakespeare cuando la clasificación fue creada, era uno de los oficios de los venecianos y de él rentaban riqueza, porque aseguraban el viaje feliz de sus barcos a quien les pagaba. No los azotaría la tempestad. A quien se negaba a pagar se la enviaban, cuando no unos piratas que lo abordaran y apuñala­ran. Tenían por industria el aseguro, como se ejemplifica en Shilock, el mercader de Venecia, donde la tempestad rompe los barcos del exportador rebelde.

Mendelshonianos fueron líderes norteamericanos como Jorge Washington, Hamilton, Thornton, a quien llaman el Supremo arquitecto del universo, pero también afinan con esa línea los Luises borbones franceses, Luis XIV, XV y XVI, y los borbones españoles, Carlos III y Carlos IV. Luis dieciséis envió tropas a Norteamérica a contribuir a la independencia, Carlos IV envió algo más poderoso, plata, mucha ´plata mexicana, también carne de Cuba.

En tiempos de Bolívar se destacó como mendelshoniano Henry Clay, que dirigió al Libertador a propósito del atentado de septiembre el siguiente mensaje:

«Estoy persuadido de que no interpreto mal los senti­mientos del pueblo de los Estados Unidos, como en verdad expreso los míos propios, al decir que el interés que se despertó en este país por las arduas luchas de Sur América, se fundaba en primer término en la esperanza de que junto con la independencia se establecerían ins­tituciones libres que aseguraran todas las bendiciones de la libertad civil, objeto cuya realización esperamos todavía ansiosamente».

Prosiguiendo, Clay admitía los estorbos opuestos a la consecución de este fin, pero agregaba que a pesar de ellos el pueblo de los Es­tados Unidos abrigaba la esperanza de que la Providencia otorgaría a Suramérica, como lo había hecho con su hermana del Norte, el genio de algún hombre grande y virtuoso que la condujera a salvo a través de todas sus pruebas.

«Nos habíamos lisonjeado —decía— con que con­templábamos ese genio en Vd. más sería indigno de la consideración con que me honra V. E. y me apartaría de la franqueza que siempre me he propuesto usar si no declarara en esta ocasión que vuestros enemigos os han atribuido propósitos ambiguos que han provocado gran inquietud en mi espíritu».

Declarando que se resistía a creer que Bolívar abandonara el «ca­mino brillante y glorioso» por «la senda sangrienta que pasa por sobre las libertades de la raza humana», Clay añadía:

«No dudo que en su debido tiempo S. E. dé a Colombia y al mundo una explicación plausible de los actos de su conducta pública que han excitado cierta desconfianza; y que, prefiriendo la positiva gloria de nuestro inmortal Washington a la innoble fama de los destructores de la libertad, ha tomado la patriótica resolución de es­tablecer definitivamente la libertad de Colombia sobre firmes y seguros fundamentos».

Esta carta racionalizaba el atentado y ofrecía poco disimulado apo­yo a futuras acciones de ese tipo además de mostrar que la actitud arbitrariamente injerencista de la potencia norteamericana es un signo consubstancial a ella.

La frase clave es “junto con la independencia se establecerían ins­tituciones libres que aseguraran todas las bendiciones de la libertad civil”. Eso lo pide Henry Clay sabiendo que tal combinación es imposible, que el régimen democrático que solicita significaba justamente la pérdida de buena parte de la Independencia, justamente lo que buscaba Clay, justamente lo que sucedió.