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Nicolás Maduro y la conspiración hasta el remoto Plata (1)

La supervivencia de Venezuela, país de 30 millones de habitantes, manteniendo la posesión plena de la Faja petrolífera del Orinoco —mayor reserva de hidrocarburos del mundo— así como del riquísimo Arco minero guayanés y de PDVSA —riqueza de jerarquía mundial— entregando en 2023 la vivienda popular 4. 500.000, un record mundial,  sin vivir un período neoliberal como los que sufrieron o sufren Ecuador, Perú, Chile, Brasil, Argentina o Colombia, todo en lucha contra el imperio más poderoso del mundo, que lanza contra ella medidas coercitivas de guerra económica en la mayor proporción mundial por habitante al tiempo que una campaña de calumnias de dimensión terráquea, una guerra híbrida donde se llegó a quemar vivos a seres humanos, es lo que ha enfrentado, controlado y en buen grado vencido Nicolás Maduro.

La lucha ha puesto a prueba y desarrollado la relación histórica de Venezuela con Rusia y China. Según confiesa John Bolton y se detallará más adelante, se aspiró a llevar a Venezuela a “una vida miserable”, en la que la gente caminara por las calles hedionda a sudor por falta de agua y se acostase al lado del consorte con ese olor, y el niño muriera de hambre y el anciano también, y no hubiese medicina para la enfermedad, ni gasolina para el camión que transporta la verdura y el queso de la vega a la ciudad. ¿Cómo sobrevivió Venezuela? ¿Cuál fue su receta?

Pero se asomó algo más complejo y más ambicioso que el petróleo y el oro bajo la forma de una operación diplomática que implicó el reconocimiento de un gobierno sin dominio sobre el más mínimo trozo de territorio, sistema nunca utilizado contra un gobierno, cuyo tamaño, absolutamente desproporcionado al de Venezuela,  sugiere la existencia de un plan dirigido a volumen equivalente al jugado en dicha confrontación mundial, para el caso el de todo el continente suramericano,  desarrollando un panamericanismo que tiene entre sus componentes una política centenaria, ambigua y eficaz que, por ejemplo exótico pero real históricamente, estuvo a punto de triunfar en 1957 instalando un estado de Israel en el  Esequibo  y sólo se cayó por el muy casual lanzamiento por la URSS del satélite artificial Sputnik.

Alguien que uno sabe que no te va a traicionar

Narró Pedro Calzadilla al autor de este texto que en los años liceístas Nicolás Maduro siempre estaba en las canchas, jugando basketball, su deporte favorito, situación que aprovecharían los miembros de la organización política estudiantil a la que ambos pertenecían, para delegarle organizar izquierdistamente a los muchachos más deportistas. Para eso Maduro era que ni mandado a hacer por su carácter especialísimo psicológicamente. Calzadilla lo describe como alguien que uno sabe que no te va a traicionar. Hay bondad natural en él, nadie lo concibe mandando a castigar a alguien, menos a torturarlo, característica que ha debilitado la campaña mediática mundial contra su gobierno, traduciéndose en que la televisión cuando habla de su gobierno, CNN por ejemplo, acompaña la voz del locutor o reportero con imágenes de calles con pobreza y opositores a Maduro y sólo pone unas pocas de éste, que les contradiría el discurso.

Eso va junto con una captación muy subida del carácter del que tiene enfrente. Le habla a esa instancia del otro que congeniará con él, incluso aunque sea un adversario político. Por esa virtud funcionó bien con los deportistas del liceo.

Otro juicio citable sobre Maduro es de José Gregorio Linares, historiador particularmente erudito, quien percibe en él al emisor de un liderato cuya sabiduría es lo popular en grado raigal, lo que le confiere una profundidad especial con ecos intemporales. Linares es tal vez el único que ha profundizado en una de las respuestas que han emitido el imperio norteamericano y sus adláteres a la Revolución bolivariana en general y a Nicolás Maduro en particular, respuesta con forma de deterioros intentados contra la figura de Simón Bolívar. Era previsible, en su trabajo El Antibolivarianismo, estrategia geopolítica imperial Linares rastrea y detalla la campaña mundial que igual se asoma en estudios eruditos que por las redes, donde usa el género de las fake news históricas. Es un síntoma interesante. En lo de estudios cabe recordar como antecedente El culto a Bolívar, de Germán Carrera Damas, cuya mención como su asesor por María Corina Machado no extrañó.

 Carlos Zambrano, sociólogo y profesor universitario sólido, percibe del personaje principalmente la mundialidad, el espacio internacional que ocupa. Alejandrina Reyes no se queda atrás al ensayar a describir a quien accedió con cercanía como ministra de Educación, le califica de presidente nato, administrador que inspira amor. Este tema del amor, de la adhesión fácil e ingenuamente despertada, centra la observación de la personalidad madurista de Maigualida Barrera, experta en algo donde ello es insumo fundamental como lo es el derecho laboral,

Lourdes Manrique, autora de la novela La conjura sin tregua, que ficciona una conspiración de castrati rusos contra el gobierno de Chávez, muy admirada, escribió “El secreto del milagro chavista ha desorientado a abundantes analistas anclados en verdades anteriores, reside, en el Amor, con A mayúscula. A ello se une la combinación de lideratos militar y civil, ambos muy sólidos en Chávez, una combinación cuya excepcionalidad la supondría irrepetible pero que asombrosamente ha repetido su heredero Nicolás Maduro.

Maduro ha vencido una oleada de intentos de destruir su gobierno, que pasan por la llamada guarimba (algarada de factura delincuencial), un subsiguiente intento de golpe militar que aspiró a combinar ametrallamiento desde un avión Tucano con derivaciones subversivas, siguió a esto la proclamación de Venezuela como amenaza inusual y extraordinaria para la seguridad nacional de los Estados Unidos, firmada por Obama.

Ha sobrevivido a las casi mil sanciones. Sí es un triunfador.

Otra percepción penetrante en alto grado es la de Tatiana Sborovskaya traductora de mis libros al ruso. Escribió: “Si nosotros analizamos la situación vivida en Venezuela podemos llegar a la conclusión de que la punta de lanza del ataque a nuestro país fue principalmente dirigida al espacio mental y físico, que incluye principalmente componente económico.

Sin embargo, el espacio mental no fue conquistado, y ello es un misterio. La guerra económica tuvo ciertos éxitos, pero llegando a la chiquitica el agresor no logró el objetivo. Sin quitar el mérito al bravo pueblo de Venezuela y a todos los combatientes que participaron en la guerra que aún no ha terminado, no podemos dejar de reconocer la valentía de nuestro dirigente. Nicolás Maduro mantuvo en sus manos el timón del barco en medio del huracán sin precedentes que atravesó

Venezuela. Y, personalmente, quiero confesar: me recuerda con suma claridad que en el momento más difícil sentí cierto temor de que el presidente dejara su cargo por la presión sobrehumana que llevaba, quedaríamos sin capitán con el barco en el ojo de la tormenta. Tenemos un presidente que nos ayuda a vencer nuestras dificultades y tenemos que seguir con él hasta la victoria final”.

La conspiración que atenta o atentó contra Nicolás Maduro apunta a Latinoamérica hasta el remoto río de la Plata, se formula en la estrategia del desacoplamiento europeo, principalmente por Donald Trump, como se verá en los próximos artículos.

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