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Nicolás Maduro y la conspiración hasta el remoto Plata. Función del Esequibo (4)

El tema Esequibo lo ha desarrollado el autor de este texto en 400 páginas en la obra Simón Bolívar y el Partido yorkino, tambiénen El Esequibo, camino secreto para la anexión de la América del sur a los Estados Unidos. Implica jugada enorme y peligros que juega y enfrenta Nicolás Maduro. No se lo conoce en profundidad en el mundo. Es, resumidamente, así:

Existió una guerra entre Inglaterra y los Estados Unidos nunca declarada, guerra que es continuación y desarrollo de una lucha de dos partidos del medioevo y el renacimiento inglés,  el Escocés y el Yorkino. Protagonizaron la Guerra de las dos rosas, alguno de cuyos episodios han sido narrados en obras de William Shakespeare, pero se había iniciado cinco siglos antes de Cristo en Persia, en las Guerras  médicas. De tales guerras nacieron Inglaterra y el capitalismo inglés, centrado por la casa de Estuardo. En 1616 el Partido Yorkino, de oposición dentro de Inglaterra, creó en América dos enclaves antiestuardo, llamándolos a ambos Nueva Holanda y denominando a las capitales de ambos Nueva Amsterdam, uno estuvo en las bocas del río Hudson y hoy se llama estado de Nueva York, teniendo por capital la ciudad de Nueva York, el otro estuvo en las bocas del río Esequibo y también se llamó Nueva Holanda y su capital Nueva Amsterdam. Es la actual Guyana, capital Georgetown.

La razón de estar ambos en bocas de ríos es la misma de llamarse ambos enclaves Nueva Holanda: en Holanda se ancló el yorkinismo británico. Siendo Holanda el estado aduana del río Rin y en consecuencia un inmenso negocio, fue lógico y apareció como un negocio más inmenso, que se intentara construir un Rin americano, que concatenara, por una parte los ríos Illinois y Mississipi en un canal que existe actualmente en los Estados Unidos y funciona manteniéndolos unidos mediante una corriente ininterrumpida y grandísima de negocios, y por la otra dos vías que, partiendo de la boca sur del Mississipi —Nueva Orleans— concatenarían el canal norteño, una con el río Magdalena y otra con el Orinoco (y su pequeño anexo  el Esequibo) concatenable fácilmente a través del caño Casiquiare con el Río Negro de Brasil, que desemboca en el Amazonas, que a su vez, por el río Paraguay, llega a las bocas de Río de la Plata, completando el Rin americano. Ese canal anexaría a Suramérica a los Estados Unidos en un lapso de 10 años, tal vez algo más, por la fuerza de la inmensa corriente de mercancías. Ese es el punto, mucho más importante que el petróleo que se está robando la Exxon.

Los yorkinos, muy ricos, hicieron la independencia norteamericana, máxima derrota de Inglaterra en toda su historia, pero no han podido anexar a Suramérica por impedirlo el enclave de Guyana, inglesa desde 1814, tema que abordó con lucidez Earle Herrera.

An­tonio Guzmán Blanco en su rol de presidente de Venezuela, intentó desencadenar la anexión mediante concesiones otorgadas a ciudadanos norteamericanos en las minas cercanas a las bocas del Orinoco. Y acerca del desembarco en reacción de tropas inglesas, escribe al cónsul en Nueva York, Silva «Esto obligará a los Estados a venir a la defensa de Venezuela y resolver así un fastidioso problema».

Guz­mán Blanco confiesa al cónsul que este plan fue el suyo hace cua­tro años, pero que «en mi condición de Presidente de la República no creí conveniente proponerlo». Pero ahora, como diplomático, puede hacerlo. Esta confesión está dando la razón a los diputados que interpretaron como actos de provocación las hostiles posicio­nes de Guzmán ante Inglaterra, llegadas incluso a la ruptura de relaciones, y muestra que la aspiración de Guzmán es, tras remover a los ingleses del Orinoco, entregar ese río a los Estados Unidos, que indefectiblemente alcanzarían «hasta el remoto Plata», como escribe, vale decir se  anexaría América del sur a la potencia norteamericana.

Evitó la guerra una agachada de Inglaterra, movilizada por un episodio del Transvaal. Los ingleses ceden. Olvidando la obligación en que se sentían de responder dignamente a la Nota del cañón de 20 pulgadas emitida por los Estados Unidos, aban­donando los señalamientos de Venezuela como país que explota la pequeñez de su tamaño para ocupar territorios que no son suyos, inician conversaciones con los de Washington en busca de un ar­bitraje que rechazaron antes. Son los ya famosos de 1899, se realizaron en París, Venezuela fue representada guzmancistamente por jueces norteamericanos. El presidente fue el juez ruso Martens, cuyo dictámen final asigna el Orinoco a Venezuela y el Esequibo a Guyana. El secretario de los jueces norteamericanos se apellida Mallet Prevost, que figura como defensor de Venezuela ocultándose que también es conspirador para control norteamericano de América del sur.

El yorkinismo norteaméricano se expresa en los siglos XX y XXI en un movimiento llamado Secta Larouche, que apoya a Donald Trump.  Otras precisiones útiles son que la guerra secreta Inglaterra-Estados Unidos es suspendida por períodos de alianza entre las dos potencias anglosajonas, que refuerzan entonces sus vínculos a través de la OTAN. El partido Yorkino combatió a Simón Bolívar bajo comando de Henry Clay, los venezolanos combaten al inglés posesionado del Esequibo desde dos posiciones diferentes, la mayoría por vertical nacionalismo, la minoría por astuto propiciamiento de la toma norteamericana de América del sur.

Todos lo sabemos. Se  pide a Venezuela someterse a la Corte que precondenó a Vladimir Putin y a la que se acoge el texto emitido por la República de Guyana con apoyo de Estados Unidos, y aceptar la decisión de la ONU cuyo Secretario General Guterres la habilitó por su leal saber y entender, creando ley, para decidir el diferendo esequibo, una ONU que ya antes se negó a enviar testigos a las elecciones de Venezuela y en base a esa ausencia cuestionó el valor de éstas, apoyando la generación de una crisis antivenezolana.

En 2015, en pleno gobierno del presidente Maduro ocurrió un hecho que no había sucedido en 399 años, casi 400, la renuncia por Inglaterra del Esequibo. Había habido conciliaciones, OTAN, como también desconciliaciones, la de la Décima Conferencia interamericana de Caracas en 1954, pero renuncia inglesa total sucedió el 2015.

Enfrentando eso, el presidente Maduro anunció la realización el 3 de diciembre de 2023, de un referendo sobre el Esequibo en respuesta a la concreción de licitaciones petroleras por parte de Guyana en aguas pendientes por delimitar. El referendo, según Georgetown, supone “un plan siniestro de Venezuela de apoderarse de territorio guyanés”. No dijo que la Exxon Mobil, beneficiaria de la ilegal explotación, paga los gastos de bufete del caso.

Un despacho de BBC se titula Maduro le ordena a David Cameron que se calle sobre la disputa por el Esequibo: “Se puso a hablar tonterías”. El canciller británico había afirmado que su país “seguirá trabajando para garantizar el respeto de la soberanía de Guyana”. Era máscara de un retroceso, de abandono.

La conspiración que atenta o atentó contra Nicolás Maduro apunta a Latinoamérica hasta el remoto río de la Plata, se formula en la estrategia del Desacoplamiento europeo, principalmente por Donald Trump, como se verá en los próximos artículos.

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