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Junio, el mes del tambor y los sones de negro

La fiesta a San Antonio de Padua es la que abre el mes con su riqueza espiritual y donde se mezcla lo religioso con lo cultural

Junio es el mes de los tambores, donde las celebraciones de San Antonio, San Juan y San Pedro, van al ritmo de los cueros y las procesiones se acompañan con esa sonoridad cadenciosa de los culo e´puya, quitiplás, la curbata, el cruzao y la mina, que ofrecen ese son especial para este desplazamiento conocido como sangueo. Los pueblos de Curiepe y Guatire (Miranda), Naiguatá y Maiquetía (La Guaira), El Tocuyo (Lara), anuncian cada primero de junio la llegada del mes con un repique de tambores, despidiendo a la fiesta de la Cruz de Mayo y dándole la bienvenida a las fiestas de estos santos.

El que abre el mes es San Antonio, cuya celebración es el 13 de junio. El estado Lara es la cuna de esta manifestación cultural religiosa, que se ha convertido en un símbolo representativo de la tradición y el folclore larense a lo largo de los siglos, representado por el Tamunangue o Sones de Negro, ritual que combina música, baile y fervor religioso para pagar la promesa hecha al santo. Los cultores y las cultoras de los Sones de Negro o el Tamunangue en Lara, destacan el valor espiritual y el aporte cultural a la sociedad larense de esta expresión por su versatilidad musical, dancística, artesanal y las relaciones sociales profundas que surgen ante su práctica.

El Tamunangue, manifestación que tiene siete bailes, si bien es una expresión cultural que caracteriza a los larenses, goza de particularidades según las poblaciones que por años lo han difundido en cada uno de los nueve municipios. Presenta un arraigo espiritual en honor a San Antonio de Padua, santo que recibe veneración desde la noche del día 12 de junio y sigue al 13 de junio de cada año.

Tradición familiar

Rafael Enrique Juárez Sira, director de la agrupación Amanecer Larense, recordó que su fundador fue José Isidro Juárez, nacido el 3 de abril de 1933 en el caserío Santo Domingo (antiguo Pueblo Nuevo) en Curarigua, Lara. Dice que la influencia en la música la recibió de sus tíos maternos, conocidos por amenizar bailes familiares y serenatas por los pueblos, y que su primer encuentro con esta expresión cultural fue por las promesas que se pagaban en junio.

De adulto, como cantador de velorio, creó en su propia casa el grupo El Garabatal, en marzo de 1977, y participó en la Agrupación Araguaney y en Cardenales del Golpe. Su ilusión era tener una agrupación propia junto a sus instrumentos, hecho que logró el 27 de abril de 1995, con la participación de varios de sus hijos fundando Amanecer Larense.

Juárez falleció el 16 de febrero de 1996 pero su legado sigue presente, conducido ahora por sus hijos, nietos y bisnietos en el sector El Garabatal, al oeste de Barquisimeto. Actualmente, los 30 integrantes de la agrupación siguen destacándose como músicos, bailadores de velorios, teniendo como marco el Tamunangue o Sones de Negro al estilo curarigüeño y tocuyano.

Sentir larense

José Pastor Yépez Escalona, docente de la Fundación Alma de Lara, considera que el Tamunangue es una manifestación que expresa la esencia del pueblo larense, “lo que es el sentir de cada uno de los que habitan, sus aciertos, desaciertos, las alegrías, tristezas de todos los larenses”, comenta.

Desde los cuatro años heredó el amor por los Sones de Negro o Tamunangue de su papá, curarigüeño y jugador de garrotes, y de su abuelo, tejedor de garrote. Resaltó que la riqueza de la expresión cultural se presentaba por contener música, danza, artesanía y gastronomía.

Explica que la particularidad de los Sones de Negro es que tiene siete sones y La Batalla, y de ese modo se celebra en todo el estado Lara; presenciando solo algunos cambios como, por ejemplo, los sones tienen otros nombres y la secuencia varía según el lugar. Durante las fiestas a San Antonio y cuando no esté involucrado el santo y sus promesas, se hace una muestra de qué es el Tamunangue.

La zona de Buena Vista (municipio Iribarren) practica el Tamunangue viejo, es decir “La Batalla la hacen al final, no al inicio. Sabiamente, ellos han explicado que ninguna fiesta comienza peleando”.

Según sea la localidad, explica el maestro tamunanguero, algunos sones cambian de nombre. Al Yiyivamos le dicen el Pangué; al Poco a Poco le llaman Río Arriba y Río Abajo. En El Tocuyo, los viejos maestros empiezan con La Batalla y así ha quedado de generación en generación. En Sanare se hace más pausado, de campo, tranquilo.

En Quíbor es diferente al de Morán (El Tocuyo) y al de Andrés Eloy Blanco (Sanare); se baila Poco a Poco, La Guabina y se hacen tres teatros: Los Calambres, El Caballito y La Guabina; y en los otros municipios se baila La Guabina y El Caballito, comenta Yépez, quien desde 1976 preside la agrupación Almas de Lara.

Zulma Mujica, tamunanguera de Quíbor, refiere que conoció tres agrupaciones que cantaban los fines de semana los velorios. Es sobrina de Juan de la Rosa Antequera Mujica, conocido como Juan Bello, hoy fallecido, quien dedicó su vida a esta manifestación. “Para mí el Tamunangue es una de las manifestaciones más bellas que tiene el estado Lara, es muy completa, tiene teatro, artesanía, baile, música; es rico”, describió.

Señala que el Tamunangue de Quíbor se diferencia de El Tocuyo y Sanare. “El de aquí (municipio Jiménez) con Poco a Poco se baila la guabina y se hacen tres teatros: Los Calambres, El Caballito y La Guabina; y en los otros municipios se baila La Guabina y El Caballito”, cambio que introdujo su tío Juan Bello, en honor a uno de sus bailadores que era muy pobre, quien al salir con la guabina la gente le lanzaba dinero, el cual usaban para las velas y le daban al bailador.

Otra experiencia encontrada fue la de Altagracia Vargas, quien reúne a adultos mayores en el grupo Canas y Ganas. Fue la última capitana de baile del grupo del cultor Ángel María Pérez y hoy se dedica a los vestuarios y los garrotes hechos a manos.

San Juan entre rojo y blanco y San Pedro de levita y pumpá

El único santo que celebra su cumpleaños es San Juan y es que cada 24 de junio las calles de poblaciones en los estados La Guaira, Miranda, Carabobo, Aragua, Guárico y Yaracuy se llenan de rojo y blanco para cantarle a San Juan su cumpleaños, donde el repique de los tambores comienza desde el amanecer.

La fiesta se celebra en el día más largo de año, el 24 de junio, y sigue hasta el 25 en una mezcla de magia y encanto, noche de tambores y baile.

Los quitiplás, culo e´puya y mina repican desde el primero de junio, y en Curiepe, Chirimena, Caruao y Chuspa se siente la magia de los cueros hasta el día 24 cuando salgan a bailar al santo.

La fiesta de San Pedro que celebran cada 29 de junio en Guatire y Guarenas, en Miranda, es cultural y nació de un milagro en la época colonial, que tiene más de 300 años de antigüedad.

Los promeseros salen vestidos en levita y pumpá, con sus típicas alpargatas, con sus rostros marcados de negro, acompañados de cuatro y maracas. También nació de un milagro a la esclava María Ignacia, promesa que pagan los promeseros desde hace tres siglos.

Ambas manifestaciones culturales de origen africano han sido declaradas Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad por la Unesco. San Juan en el 2021 y San Pedro en el 2013.

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