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Amarte no es gustarte al 100%

Estar saludable no es solo verse bien sino sentirse bien. Deberíamos comer mejor o hacer más ejercicio porque amamos nuestro cuerpo y no porque lo odiamos.

Hace días publiqué un típico post de “antes” y “después” en mis redes sociales. Es decir, una foto con los kilos que me sumó la cuarentena (vamos a culparla a ella) y otra con los que me quité tras inscribirme en un diplomado de nutrición integral y poner en práctica algunas lecciones.

¿Por qué me apunté en esta onda? Fácil: siempre he sido una militante de la alimentación. Creo que en “la mala” encontramos la causa de la mayor parte de las enfermedades actuales.  En la buena está la prevención y quien quita y también se podría hallar la cura. 

Pero, además, el año pasado, en medio del auge en los casos de covid, tuve un brote de acné rarísimo, que se expandía por toda mi frente y alrededor del rostro. 

Durante meses, me negué a ir al médico. Me imaginaba el protocolo y me daba rabia: no te veo mucho, ni te toco ni te hablo, pero si te pido 400 laboratorios e inicio contigo un interminable ensayo-error con productos de lo más franceses aunque vivamos en el Caribe. 

Aún así, me rendí, fui a una (2, 3, 4) consultas y aquello fue peor de lo que imaginé. Los tratamientos me quemaban el rostro. El sol dolía, el sudor también. Llorar ni hablar.  Gasté un realero para revertir los daños (porque el acné seguía). 

La última dermatóloga fue un poquito más noble. “El problema no es tu rostro sino el exceso de grasa en el cuero cabelludo: ¿Estrés? ¿Qué comes? ¿Qué haces?”, me preguntó. Acto seguido, me recetó un champú bueno, bonito y barato junto a la recomendación más trillada y efectiva del mundo: revisa tus hábitos. 

Mandé todos los récipes médicos al carajo, guarde el montón de productos que me habían secado mi cabello, mi piel y mi bolsillo para seguir mi instinto: 45 minutos de ejercicios en casa o al aire libre y sacar casi todos los alimentos procesados de mi vida. 

Al echar el cuento en mis redes, resalté los logros de mi experimento (a mi juicio): estoy recuperando mi energía (algo vital para una adicta al trabajo como yo), duermo mejor, tengo menos ataques de ansiedad, mi cabello crece y no hay acné.  

Sin embargo, la mayoría de mis seguidoras se enfocaron en un solo tema, la respuesta única: “yo también quiero estar más delgada, amarme”. El error es fácil de detectar: Amarse no puede pasar por el peso. Estar saludable no es solo verse bien sino sentirse bien, uno debería comer mejor o hacer ejercicio porque ama su cuerpo y no porque lo odia. 

Pero allí está el otro “detalle”: amar tu cuerpo no es que te guste al 100%. A ver: tú amas a tu familia, a tu novio, a tus hijos ¿cierto? Pero seguramente hay cosas de ellos que no soportas, no te gustan, sin embargo, las aceptas, respetas y proteges. 

Además, evitas compararlos. Yo nunca he escuchado a una mujer diciendo: “ay, no, yo quisiera que mi hijo fuese el de la vecina y no el mío. Ojalá pudiera intercambiarlo”.

Pero con el cuerpo, en cambio, si lo hacen. A veces olvidamos que este caparazón estará con nosotras toda la vida y está en nuestras manos que esta relación sea satisfactoria o turbulenta. Tu cuerpo se merece que lo aceptes y lo cuides. 

Yo siempre recuerdo que hace un par de años intenté apuntarme en un gimnasio. Al llegar, hice el recorrido por las instalaciones y me presentaron al entrenador que estaba disponible en ese horario. El tipo me dijo: tú tráeme una foto de quien quieres ser y lo logramos. 

O sea que si yo quiero ser Scarlett Johansson pues tú me pones así, le pregunté entre risas. “Sí, claro que sí”, respondió con una seriedad absoluta. Ajá, pero ¿cómo sabes tú que mi estructura ósea, mis procesos bioquímicos o mi capacidad económica son los de mi amiga Scarlett, querido? “Eso no importa, se hace lo que se tenga que hacer”. 

Obviamente: huí de ahí. El primer paso para cualquier gran transformación es la aceptación, pero la que moviliza, no la que sirve de excusa. Es decirse: “mis condiciones y posibilidades son estas, lo que haré entonces será esto”. Listo. 

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