InicioLas últimas noticias del amor'Bebé reno' o cómo la realidad siempre supera a la ficción

‘Bebé reno’ o cómo la realidad siempre supera a la ficción

Hace mucho tiempo que una miniserie no calaba tan profundo en mi como ‘Bebé reno’. Al principio, aunque sabía que era una autobiografía del humorista y actor Richard Gadd, pensé que serie una comedia dramática más, la historia de un comediante acosado por una mujer unos cuantos años mayor que él.

Nada más alejado de la realidad. Durante siete impactantes capítulos, Gadd -quien interpreta a “Donny Dunn”- nos adentra en el exorcismo de una vida llena de traumas.

Para lograrlo, Richard Gadd, se vale de la herramienta más terapéutica que existe: hablar.

El camino a una posible sanación siempre empieza en el mismo punto, el más aterrorizante de todos: liberar lo que callamos, desnudar el alma, volver una y otra vez a cada una de las situaciones traumáticas que vivimos con el fin de procesarlas en su justa dimensión.   

Sin embargo, Gadd no hizo esto en un consultorio, ante un grupo de autoayuda o en una vieja libreta, no, el actor se convirtió en el protagonista de su propia narrativa, es decir, no solo revivió esos episodios dolorosos, sino que también los escribió, interpretó y dirigió, con una sinceridad tan cruda que se vuelve brutal y también viral: más de 16 millones de visualizaciones en pocas semanas.

Su vida no solo incluye inseguridades personales o fracasos laborales, sino una violación por parte de un hombre con mucho poder dentro de la industria, un abuso que hizo que perdiese el rumbo de su vida, que lo hundió por largos años, y que ahora decide actuar, como si se tratase de una reconstrucción de los hechos, para determinar qué pasó, por qué, en qué contexto, cómo seguir.

“Sufrí de autoinculpación: ¿Por qué fui allí? ¿Por qué hice eso? He vivido en una prisión de autodesprecio y autocastigo. Pero escribirlo de forma cronológica y procesarlo… me ayudó, aprendí a ser un poco más empático conmigo mismo”, afirma Gadd.

En este sentido, como bien lo reseñó la BBC: “Las consecuencias de estas agresiones rara vez se han mostrado de forma tan cruda y visceral en la televisión. Gadd es valientemente abierto y honesto acerca de la devastadora experiencia, y hábil al traducir las complejidades de la situación para una audiencia televisiva”.

En efecto, su serie es implacable pero a la vez profundamente compasiva.

Gadd, además de ser un tipo diciendo “epa, los hombres también somos abusados” o denunciando un secreto a voces dentro del mundo del arte o el espectáculo, también nos muestra a personajes trascendentales que lo rodearon durante esos años:

Una novia que quiso pero no pudo ayudarlo, una acosadora, un padre rudo que termina develando que fue abusado por un cura, una madre sin herramientas, un pareja trans absolutamente discriminada. Victimas que hieren a otras víctimas.

En el caso de su acosadora, una mujer que le envió 41.071 correos electrónicos; le dedicó 350 horas de mensajes de voz, 744 tweets, 46 mensajes de Facebook y 106 páginas de cartas, se evidencia como el acoso es un problema de salud mental, donde –en ocasiones- algunos victimarios, aunque son profundamente peligrosos, también sufren y necesitan una ayuda que trascienda a la prisión.

A la par, los acosadores, como tantas otras patologías psicológicas, saben encontrar a sus víctimas, las pueden leer. De hecho, en algún punto de la serie, Gadd dice que el abuso que sufrió dejó en él una herida tan profunda que todos los abusadores podían olerla.

Y si, es así. La gente rota, si no sana, cae en las garras de abusadores o terminan lastimando a quienes desean ayudarlos. Es un círculo vicioso.

En la próxima columna, les echaré unos cuentos personales al respecto.

Por: Jessica Dos Santos

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