Demasiado tarde

Jesús Urbina reconoce que no tenía una relación perfecta. Sin embargo, cree que eran mejores que decenas de parejas que conoce.

La vio por primera vez en mayo del 2012. Recuerda la fecha como si fuera ayer. Se hicieron novios el 2 de febrero del 2013 tras unos cuantos helados y varias idas al cine.

Estaba totalmente convencido de que ella era “la mujer ideal” para él. Comenzaron a vivir juntos en el 2014. Dos años después, se enteraron que estaban esperando su primer hijo.

El primogénito nació el 10 de mayo del 2017. En Venezuela, escaseaban los pañales, las formulas maternas y los recursos de Jesús. El país estaba repleto de las largas colas para adquirir productos básicos. La desesperación no lo dejaba disfrutar el momento. 

Semanas después, Jesús decidió aceptar una mejor ofertar laboral en Margarita. Eran casi 500 kilómetros de distancia. Sin embargo, su esposa no quiso irse de Caracas. Se trataba de una asustada madre primeriza que se sentía más tranquila en el regazo de sus padres, a pesar de las constantes suplicas de su esposo.

Al tiempo, la lejanía y Jesús hicieron de las suyas. El hombre empezó a salir con otra. Pero como entre la isla y la ciudad no hay nada oculto: su pareja se enteró y el panorama se puso color de hormiga. Las peleas iban y venían. Él finalizó de forma definitiva aquel corto amorío y decidió regresar a la capital para “recuperar su hogar”.

Por contradictorio que suene, su esposa lo aceptó de vuelta, pero jamás pudo perdonar aquella infidelidad. Era algo que solía recordarle casi todos los días. Él asumió los chaparrones y siguió adelante. A esas alturas, solo deseaba que su familia siguiera unida.

En medio de esta cruzada, el covid hizo su entrada triunfal. La pandemia los obligó a confinarse. Para Jesús, nunca antes había resultado tan incomodo vivir con sus suegros. De ñapa, el coronavirus también los obligó a detener la construcción de su casa en El Junquito.  

Además, cuando la pobre lava llueve: el bebé se enfermó a finales de agosto del 2020. La urgencia médica se impuso y los obligó a salir de casa. El niño fue internado durante 15 días en el Hospital J.M. de los Ríos, donde le diagnosticaron un síndrome nefrítico. Desde entonces y tras darle de alta, las diligencias médicas estuvieron a la orden del día.

Jesús llevó a su esposa y a su hijo a cada uno de los exámenes y consultas de rigor. Pero, no podía esperarlos ni devolverlos, pues su trabajo se lo impedía. La emergencia no hizo que sus suegros se ablandaran. Al contrario, la convivencia con ellos iba de mal en peor. Por eso, a inicios del 2021, Jesús decidió pasar un tiempo en casa de sus padres.

A pesar de la “mudanza”, ellos siguieron juntos. Hablaban a diario, se veían siempre, se consideraban marido y mujer. Hasta que poco a poco, ella empezó a cambiar. “No me pasa nada”, “son ideas tuyas”, “no entiendo de que hablas”. Pero el 20 de marzo, la última vez que hicieron el amor, Jesús supo que ella definitivamente “ya no estaba ahí”. Desde entonces, su esposa se dedicó a “sacarle el cuerpo”.

El vértigo que produce la idea de perder a quien amas, lo puso creativo. Por eso, el 19 de abril, quiso aprovechar su día libre y a golpe de las nueve de la mañana le cayó por sorpresa. Pero el sorprendido fue él. Solo encontró a su hijo bajo el cuidado de sus suegros.

¿Dónde estaba su esposa un día feriado, en medio de una semana radical y sola? Jesús decidió quedarse con su hijo y esperar “una explicación”. La mujer regresó a las cuatro de la tarde, “fresquita como un clavel, aunque afuera había tremenda pepa de sol”.

Ella había salido a comprar, pero venía con las manos vacías tras tropezarse con todos los comercios cerrados. Al final, entre una anécdota y la otra, la cosa ya no parecía tan rara. Pero, la mentira tiene piernas cortas… sobre todo cuando le da igual ser descubierta.

En mayo, ella misma presentó en casa a su “nuevo novio”, el hombre con quien inició su lucha por la independencia aquel 19 de abril. Se trataba, nada más y nada menos, que del pediatra-nefrólogo que había atendido a su hijo en el J.M. de Los Ríos.

Jesús se sintió doblemente traicionado. En su cabeza, aquello era absolutamente inconcebible. Él duró casi un año cortejándola y otro la conquistó en apenas unas semanas. Pero, además, sus cálculos no daban: “esto no lleva un día, ni un mes” y para colmo de males, sus suegros aceptaron al tipo con los brazos abiertos.

Ellos ya no vivían juntos, pero lo cierto es que ninguno de los dos había dado por concluida, de forma oficial, aquella larga relación. Cuando Jesús la interpeló, ella le pidió “un tiempo” para poder “sanar sus heridas”. Pero “¿de la mano del doctor?”, se pregunta Jesús.

Pese a eso, nuestro protagonista ha intentado recuperarla. Le envió “ramos y ramitos” de flores, miles de chocolates, las pinturas de uñas que ella tanto quería, su perfume favorito, paquetes a la playa y la Colonia Tovar, se mostró dispuesto a sanar sus errores, le propuso mudarse solos, cambiar sus números de teléfono, alejarse de todos… ¡casarse!

Al perderla, descubrió que “la ama como el primer día”, cree estar dispuesto a perdonarla, desea “resolver las cosas” especialmente por la salud de su hijo, quien adoptó una profunda rebeldía en contra de su madre. Pero la realidad se impone y, contra las cuerdas del cuadrilátero del amor, Jesús cada día asimila más su derrota.

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