InicioLas últimas noticias del amorDicha que tarda, con más gusto se aguarda

Dicha que tarda, con más gusto se aguarda

Hace días, vi un hilo de Twitter que se hizo viral, donde un joven llamado Joan contaba la historia de su abuelita, quien dejaba Colombia para irse a vivir a Estados Unidos con el amor de su vida, un hombre al que conoció hace más de 50 años, pero con quien apenas se caso hace dos.

Su abuela fue durante toda su vida la madre soltera de dos niños. Con uno de ellos, se asentó en Bogotá y al otro tuvo que dejarlo al cuidado de una de sus hermanas en Pereira, una región montañosa cafetera en el oeste de Colombia, ya que no podía hacerse cargo de ambos.

El padre de los niños decidió abandonarlos para seguir sumiéndose en uno de sus principales vicios: el alcohol. Ella, para poder mantener a su hijo en Bogotá y mandar dinero a Pereira, tuvo que aceptar varios trabajos.

Una noche, cincuenta años atrás, mientras ella esperaba el autobús, Alfonso le habló y ella presintió que aquel hombre sería el amor de su vida.

Él era fanático del billar e iba todas las noches a uno muy cercano al lugar donde ella trabajaba, así que ya la había visto un par de veces en la parada a la espera del transporte:

“¿Cómo te llamas? Me cargas cautivado”.

Ella respondió con recelo, sin apagar sus alarmas internas. Pero desde ese día, Alfonso la esperaba todas las noches en la parada del bus para hablar un poquito más.

A los meses, empezaron a salir y al tiempo, se mudaron a vivir juntos: ella, él y su hijo, un niño que ya tenía cinco años. Durante dos años, los tres convivieron en santa paz: todos los fines de semana almorzaban afuera, iban al cine, pasean.

Pero Alfonso tenía muchos hermanos y una madre sin trabajo así que entre sus planes siempre había estado irse a vivir a Estados Unidos para conseguir dinero y ayudar a su familia. Un día, partió y la relación llegó a su fin o al menos eso parecía.

Alfonso terminó en el Norte, de ilegal, huyendo de migración durante muchos años hasta que un día hizo lo que hacen tantos: casarse con una ciudadana americana para conseguir la ciudadanía.

En su defensa, él dice que fue “un acuerdo tácito” entre ambos: la gringa quería compañía y él necesitaba legalizar su situación. Nunca se amaron, y por supuesto, durante ese tiempo él aún le enviaba cartas y llamaba constantemente a su amor colombiano.

Ella, por su parte, nunca tuvo otra relación en su vida, era como si con Alfonso le hubiese robado la capacidad de amar a otro hombre.

En 2015, la esposa gringa de Alfonso murió y su deceso fue, por terrible que suene, la oportunidad para que pudieran reencontrarse y retomar lo que habían empezado hace 50 años.

Alfonso volvió a Colombia con el único fin de verla, se quedó algunas semanas en su casa, viajo cada vez con más frecuencia, pero no conseguían que ella quisiera formalizar su estatus, tal vez por la pena, el cliché de la vejez o aquel pensamiento saboteador “ya pa’ qué”.

Hasta que en el año 2020 decidieron por fin casarse. Ella nunca fue tan feliz como ese día, él tampoco. Desde la boda, él se quedó a vivir con ella en Bogotá, pero le prometió crear un plan para recuperar el tiempo perdido.

El plan incluía ir a Estados Unidos, mostrarle el metro de Nueva York, pasear por grandes autopistas, viajar internamente, marcharse luego rumbo a Europa. Al principio, todo parecía un sueño imposible de alcanzar.

Pero el pasado 15 de marzo ambos tomaron un avión con destino a sus sueños. Para ella la emoción era doble: se trató de la primera vez que salía de Colombia y además pudo hacerlo con el amor de su vida. Trabajó toda su vida y hoy sólo tiene que preocuparse por vivir.

Como dice el refrán: “Dicha que tarda, con más gusto se aguarda”.

Dejó Colombia para irse a vivir a EE.UU. con el amor de su vida, un hombre al que conoció hace más de 50 años, pero con quien apenas se casó hace dos.
Ambos por fin paseando por el metro de New York.

Por: Jessica Dos Santos

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