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El amor de mi vida, el definitivo, el último

Tenía “un amor virtual” fuera del país, la cual le enviaba dinero por sus conversaciones "calientes". Era una supuesta ex 20 años mayor que él.

Sonia siempre fue una romántica empedernida. Cuando Jesús la conoció, ya tenía varias relaciones y dos hijas “a cuestas”. Sin embargo, parecía “no haber aprendido nada”.

Él solo era su amigo. De hecho, la conoció a través de su esposa, y realmente le exasperaba su incapacidad para recibir consejos.

Cada tantos meses, ella le decía lo mismo: “Jesús… encontré al amor de mi vida, el último, el definitivo”.

-Sí, claro -respondía él- como el anterior y el próximo.

-¡Eres muy duro Jesús, no sé ni para que te cuento!, le recriminaba.

La verdad, él tampoco entendía por qué lo hacía, si al final ella siempre hacía “lo que le daba la gana, lo contrario a lo aconsejado, la peor decisión”. 

En esta oportunidad, el “amor de su vida, el último, el definitivo” la convenció de casarse a escondidas. Un grupo grande, incluido Jesús y su esposa, fue excluido. 

Una vez casados, él comenzó a remodelar la casa que con tanto esfuerzo ella había construido. Sonia no sabía de dónde salía el dinero pues, la verdad, nunca lo veía trabajando. Pero tampoco tenía interés en cuestionarle ese detalle. Total, le encantaba ampliar su propiedad y además tenerlo cerca. Hasta que un día, llegaron dos noticias.

La primera, Jesús tenía “un amor virtual” fuera del país, la cual le enviaba dinero por sus conversaciones “calientes”. Era una supuesta ex 20 años mayor que él. 

-Entiende, la cosa está difícil y yo por mi profesión no consigo trabajo y no pensarás que me voy a poner de buhonero, mandadero o cajero en una tienda. Yo no estoy hecho para eso. Además chica yo ni la toco ni ella me toca.

Sonia estaba digiriendo la información con bastante tranquilidad hasta que llegó el segundo anuncio: Jesús viajaría a Perú para visitar a su hija. ¿Hija? Pero ¿cuál hija? Bueno, la que tuvo con esa misma “ex novia” del sexting. 

Cuando el hombre se fue de viaje, Jesús y su esposa volvieron a saber de Sonia. Tras meses de ausencia, ella recuperó algo de cordura y fue a visitarlos. Sin embargo, ellos decidieron actuar como el eslogan de la tienda de ropa para caballeros: “Distancia y categoría” 

Sonia intentó justificar lo que ocurría: yo lo amo, él me ama pero necesita dinero. 

Durante esos meses, para acompañar a Sonia, decidieron hacer un compartir. Jesús llevó a Carlos, un conocido de toda la vida. Nada más al verlo, ella se deslumbró.

-“El amor de mi vida, el último, el definitivo”

Pero tras semanas de amoríos, Sonia dejó a Carlos con los ojos claros y sin vista:

-Por favor, basta, tienes que entender que yo soy una mujer casada.

Al  final, él decidió alejarse. La familia de Sonia se sintió decepcionada. Todos tenían la esperanza de que aquel amante la hiciera terminar con su matrimonio. Pero no fue así. 

Su esposo regresó fresco y solano de Perú, terminó de ampliar la casa y corrió a cualquiera que lo criticara: Esta es MI casa, a quien no les gusta, que se vaya. 

Sonia presenciaba todo en silencio. Un día, tras llenarse de valor, le preguntó por aquel asuntico que carcomía su cabeza: ¿ya terminaste esa relación a distancia?

-No y no lo voy a hacer pues gracias a eso comemos los dos.

Al escuchar este relato, Jesús soltó su último consejo: O terminas ese matrimonio antes de que te quedes sin casa o aceptas el trío y vives del proxenetismo tecnológico. 

Ella aún no se decide

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